Adoptaron dos hermanitos de Haití, enfrentaron una situación muy complicada y cuentan su conmovedora historia: "Todo valió la pena" – GENTE Online
 

Adoptaron dos hermanitos de Haití, enfrentaron una situación muy complicada y cuentan su conmovedora historia: "Todo valió la pena"

Zac y Bibi disfrutan de una infancia que parecía lejana hace apenas un año, cuando vivían en medio del caos de Puerto Príncipe. Gabriela y José, sus padres, le explican a GENTE cómo fue el proceso para traerlos a casa y darles una nueva vida en familia.
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En medio del caos, la violencia y el olvido que sufre Haití, dos pequeños hermanos encontraron una nueva oportunidad de vida al otro lado del continente. Zachary (8) y Bibi (5) pasaron sus primeros años en un orfanato de Puerto Príncipe hasta que una pareja argentina decidió cambiarles su vida para siempre. Una historia que se hizo viral en redes sociales y que dejó claro que el amor no conoce fronteras.

Gabriela y José, oriundos de Buenos Aires, tomaron años atrás una decisión que les transformó la existencia: adoptar. Inspirados por un viaje a África que les despertó un fuerte compromiso social, comenzaron un extenso y difícil proceso de adopción internacional que pudieron cumplir con el apoyo de la fundación Hi Haití.

A 8 meses de ese primer abrazo que los unió para siempre a sus hijos como familia, y de una adaptación que no deja de sorprenderlos, ambos reciben al equipo de GENTE en su nuevo hogar. Aquí, entre acentos mezclados, miradas cómplices y risas protagonizarán una emocionante producción de fotos en una tarde soleada.

Cuando el fotógrafo les pregunta qué quieren escuchar para amenizar la jornada, rápidamente los hermanitos se deciden por Eminen, buscan su tema favorito en Spotify y nos regalan sus pasos, como unos bailarines expertos.

Gabriela y José viajaron a África por planes turísticos, sin imaginar cómo les cambiaría la vida que se les despertara allí el deseo de adoptar.

Zachary toma confianza rápido y dice muy seguro: "A mí me gusta la milanesa". Además ambos cuentan con orgullo que son hinchas de Independiente, algo que su papá celebra con un gesto de felicidad. Bibi, por su parte, nos regala desde muecas hasta la sonrisa más espontánea que quedará captada en estas imágenes.

"Veníamos postergando la idea de ser padres por diferentes motivos... la vida, amigos, vacaciones. Y a raíz de un viaje a África que hicimos, que en realidad no fue por nada humanitario, nos cambió totalmente la cabeza, por todo lo que vivimos y vimos allá. Las reales necesidades que existen y miles de cosas. Vinimos acá a Argentina y al año estábamos en el proceso de adopción. Así arrancó todo", comienza diciendo Gabriela en diálogo con GENTE.

La adaptación de los chicos no fue sólo un proceso emocional, también cultural. Sus padres se propusieron mantener viva la identidad de los niños: escuchan música haitiana en casa, celebran fechas de su país natal, siguen hablando creole y mantienen contacto con otras familias haitianas en Argentina. “Queremos que crezcan orgullosos de sus raíces y que no olviden de dónde vienen”, explican.

Zachary y Bibi disfrutan de una nueva vida en Argentina, tras vivir sus primeros años en un orfanato en Puerto Príncipe, Haití, donde los protegían del peligro y la extrema pobreza.

Así comenzó el camino de adopción de Zac y Bibi

-¿Sabían desde un comienzo que iban a ser Zac y Bibi?

-José: En realidad el proceso arranca con trámites que se hacen primero en Argentina, después pasa en Haití y después de 3 años y medio aproximadamente fue que nos asignaron a ellos dos.

-Gabriela: No sabíamos quiénes eran.

-José: Recibimos una foto y luego tuvimos una videollamada que fue donde nos conocimos los cuatro por primera vez. Es algo que que hasta el día de hoy nos acordamos y nos emocionamos, se nos pone la piel de gallina.

-¿Qué es lo que más recuerdan de ese primer contacto?

-José: Fue un momento muy comparable a lo que, entiendo, sienten los padres cuando nace un hijo biológico y uno lo ve por primera vez. Obviamente con la barrera del idioma de por medio, fue una videollamada con un traductor, pero es increíble como siendo chiquitos se quedaron sentados expectantes, tratando de preguntarnos cosas, que nosotros les preguntáramos a ellos y se ponían contentos cuando les preguntábamos qué cosas les gustaban, todo ese tipo de formas de conocerse por primera vez con dos nenes que tenían en ese momento cinco y y siete.

Con 5 y 8 años, los hermanitos se han adaptado muy bien a su nueva vida. Ya van al colegio, hablan español, disfrutan de la gastronomía y cultura argentina y lo más especial, tienen a quien llamar "mamá y papá".

-¿Recuerdan qué sensación les quedó cuando colgaron esa videollamada?

-Gabriela: No lo podíamos creer porque nosotros antes de esa videollamada, nos asignan a los nenes y después los conocimos. No sabíamos ni quiénes eran. Estuvimos casi tres meses sabiendo sólo que eran dos hermanitos, pero no teníamos ni idea quiénes. Entonces, claro, después de esa videollamada imaginate lo que fue. Yo estaba trabajando, me dijeron: "La videollamada es ahora". Él me pasó a buscar, recuerdo que fue un día lluvioso. Fue una montaña rusa de sensaciones. Verles las caritas y pensar. ¡Son ellos! Fue muy irreal hasta que empezamos a asimilar todo, de a poco.

-Las parejas que adoptan suelen decir que siente que los hijos de alguna manera los eligen, ¿les pasó?

-José: ¡Sí, es así! Es así.

-Gabriela: Realmente hoy, después de de 8 meses que están acá en Argentina puedo decir que estoy completamente segura de eso. A veces tienen unas similitudes a él (el papá), a su forma de ser, sus gestos, que digo: ¡Tenían que ser ellos! No puede ser que que sean así, que piensen así, que sientan así, que les gusten las mismas cosas. Creo que uno al estar juntos a veces mimetizas algunas cosas, pero sí, realmente decimos siempre: "Tenían que ser ellos". Es increíble. Todo el tiempo que esperamos valió la pena.

No sólo a ellos les cambió la vida para siempre, Gabriela y José confiesan cómo esta decisión los llevó a ser más agradecidos y empáticos con el otro.

El duro y largo proceso que tuvieron que atravesar antes del encuentro

Aunque la decisión de adoptar era firme, no todo era tan fácil como muchos podrían imaginar. Gabriela y José tuvieron que atravesar un largo proceso, en el que se tuvieron que ir adaptando según la realidad que iba cambiando mes a mes en Haití. Según cuentan, además de las necesidades de la población, el escenario en Puerto Príncipe se comenzó a tornar muy violento, lo que complicó su viaje a Haití.

"Todo fue cambiando y se hizo mucho más complicados de lo que se suponía que iba a ser. Era una angustia mes a mes. Los vuelos se iban cerrando cada vez más, las pandillas iban tomando más control de la ciudad, todo esto a raíz del asesinato del presidente", relata José.

- ¿Cómo era saber todo lo que estaba ocurriendo pero que no podían todavía sacar a sus hijos de ese lugar?

-José: Si bien nosotros creo que llevamos el proceso bastante tranquilos, sin ansiedad, porque sabíamos más o menos cómo era, bueno, estar con nuestros hijos, con los que hablábamos todos los meses por videollamadas, metidos dentro de todo ese contexto y sin saber por momentos cuál iba a ser la salida o cómo podíamos poder llegar nosotros ahí, fue lo más complicado.

El proceso de adopción de la chicos fue largo. Tuvieron que estar unos años a la distancia, conectados a través de videollamadas, hasta que se dio el momento del encuentro.

-¿En algún momento llegaron a sentir miedo de que no fuera posible, teniendo todo el panorama en contra?

-Gabriela: Mirá, nunca bajamos los brazos y nunca pensamos "esto no va a pasar". Sí, era: "¿cuándo va a pasar?". Los nenes seguían creciendo sin la alimentación necesaria, sin la educación básica, sin una vida normal y eso era lo que te nos ponía ansiosos. Pensábamos: "Ya quiero que vengan acá y que tengan una vida como la que tienen que vivir". Comer como se tiene que comer, educarse, vivir, disfrutar, como todos los chicos. Sentíamos que una semana era como un año, estando así a distancia y a la espera.

-José: A medida que pasaba el tiempo, comenzamos a notar en las videollamadas que ellos descreían de lo que nosotros les decíamos. Que íbamos a ir y los íbamos a buscar. Lo sentían y se manifestaban más frustrados porque nosotros no íbamos.

-Gabriela: Cuando cortaban las videollamadas lloraban mucho. Nos dábamos cuenta y mil veces decían que querían estar acá con nosotros, y a través de una pantalla no le podíamos explicar mucho.

-José: Hay cosas que son inexplicables para una persona grande. Imaginate para un nene.

Después de trámites, papeleos y años de espera, Gabriela y José pudieron romper cualquier barrera y viajaron a Puerto Príncipe contra todo pronóstico.

De viajar encubiertos en helicóptero al tan esperado abrazo: "Un oasis en medio del caos"

Por la cancelación de vuelos y el cierre del aeropuerto por fuertes tiroteos a los aviones que entraban y salían del territorio haitiano, nadie volaba sobre Puerto Príncipe. Pero en su desespero por llevar a los chicos a casa, la pareja apostó al último recurso que les quedaba: viajar desde Miami a Cabo Haitiano, una ciudad con menos peligrosidad para ese momento, y desde ese punto pudieron abordar en helicóptero, que aterrizaba en un campo de golf donde no llegaban los disparos. "Nos la jugamos porque realmente era la única posibilidad que había", explica José.

-Cuando llegaron al orfanato, ¿con qué se encontraron? ¿En qué condiciones vivían los chicos?

-Gabriela: Esta ONG maneja un orfanato y dos escuelas, y gracias a Dios es un oasis en medio del caos. Es una casa con poca gente que los cuida, pero responsable. Con mucho amor, mucho amor, y es un lindo lugar estéticamente dentro de todo lo que es Haití. Que debo decir que Haití es un país hermoso, pero lamentablemente está devastado.

-José: Es un hogar atravesado por todas limitaciones, que obviamente tiene una lucha constante para mantenerse en pie. Los chicos desde que entraron al orfanato, en dos años, no podían ni asomarse a la puerta. Ellos nos cuentan que sentían disparos afuera. Acá al principio nos pasaba, que cuando había fuegos artificiales, ellos se asustaban, trataban de esconderse. Y nosotros les explicábamos que acá no se sentían los tiros de esa manera, que los juegos artificiales eran para festejar y no precisamente por lo que ellos lo sentían en Haití.

Según cuentan, en el orfanato los chicos no salían ni se asomaban a la calle, por el riesgo que podían correr.

-Si pudieran describirlo, ¿cómo fue ese encuentro tan esperado?

-Gabriela: ¡Fue una locura! Nos iban a traer a los nenes cuando llegamos en helicóptero, directo al campo de golf donde habíamos aterrizado, y decidimos que no. Queríamos que sea algo especial, llegar al lugar donde ellos estaban y buscarlos. Porque imaginate lo que debe ser para un nene un cambio tan brusco. Tratamos de pensar en todo, en ellos. Entonces, dijimos: "Vayamos nosotros, aunque sea riesgoso". Fuimos a buscar a nuestros hijos y cuando llegamos todo fue emoción.

-José: No sabíamos cómo iban a reaccionar ellos, porque una cosa era lo contentos que se ponían con una videollamada, pero no sabíamos en persona qué iba a pasar. Entramos al orfanato, yo me adelanté y me agaché y les di el espacio para ver si ellos venían hacia mí, y vinieron corriendo con una sonrisa de oreja a oreja los dos. Nos abrazamos y en un momento ellos se alejan y me miran para ver si realmente era yo (risas).

La bienvenida a Argentina y la nueva dinámica familiar

Por lo lento del proceso, muchos de sus familiares y amigos no estaban seguros de que la adopción de Zac y Bibi fuera una realidad. Hasta que los vieron llegar por el aeropuerto de Ezeiza, tomados de la mano como la familia que son, y la felicidad fue total. Lágrimas, risas y abrazos, se hicieron presente en esa bienvenida que quedó registrada en un video que se hizo viral en redes sociales. "Hasta que no llegamos con los nenes parecía como un sueño, algo irreal", confiesan.

-¿Cómo ha sido la adaptación de ellos? Ya me dijeron que aman la milanesa, que son de Independiente, hablan muy bien español y van al colegio.

-Gabriela: ¡Sí! (risas). Tuvimos la suerte de que ellos llegaron el primero de febrero y todavía no era época de escuela, entonces arrancaron de cero con doble escolaridad. La verdad que con el tema de la adaptación en el cole tuvimos mucha suerte, porque los amigos, los papás de los amiguitos que les tocó, las seños, todos los aceptaron con tanto amor, que yo creo que ese amor sobrepasó todo. El amor pudo más que la barrera del idioma, que las costumbres que ellos tenían, la incertidumbre, la verdad que fue excelente.

Aunque la adaptación en Argentina ha sido casi inmediata, los padres no quieren que Zac y Bibi se olviden de sus raíces.

-José: Zac empezó en segundo grado directamente y se adaptaron rápido. La verdad que es increíble en ese sentido, porque para ellos era todo nuevo, no solo el idioma. Desde la forma de comer, qué comer, cómo ducharse, desde las cosas más simples que para nosotros son cotidianas, fue un comenzar de cero. Nosotros vivimos en un piso alto y se quedaban al principio horas mirando por la ventana todo. No nos olvidemos que ellos desde muy chiquitos estaban en el orfanato y no salieron ni a la calle, en un país que también es completamente distinto. Entonces es aprender todo, conocer sus espacios, aprender que cuando se van al colegio vuelven y sus juguetes van a estar esperándolos. Entender que siempre los vamos a buscar al cole.

-Gabriela: Hoy Bibi todavía me sigue preguntando, "¿quién viene a buscarme?", y le digo: Mamá, papá o quien vaya, ¿entendés?. Pero siempre la familia. Y el otro día me preguntó Zac: "¿Vamos a estar juntos para siempre?". Debe ser un mundo la cabeza de ellos.

-José: Ellos tienen la costumbre de orar antes de comer y lo siguen haciendo en creole (su idioma natal), y cuando terminaron de orar un día, dijeron: "Gracias, Dios, por mamá y papá.". Ellos todavía están asimilando esta nueva realidad y entendiendo que es para siempre, que somos su familia y que nos vamos a quedar a su lado.

Los chicos van a un colegio bilingüe, les encanta bailar, también el fútbol. Tienen el ritmo en la sangre y en la producción con GENTE mostraron algunos pasos frente a cámara,

- No les puedo dejar de preguntar por la primera vez que les dijeron mamá y papá, ¿cómo fue ese momento?

-José: Ellos desde el momento cero nos llamaron así. Los nenes que están en el orfanato están todos esperando una familia. Lamentablemente no todos la consiguen, pero ellos tienen muy en claro que si tienen a su mamá y su papá ya van a estar con ellos y van a ser realmente de su familia. Nosotros al principio sentíamos que los estábamos invadiendo, y no queríamos imponerles nada.

-Gabriela: Ahora que pasaron 8 meses y que estamos más compenetrados siento que nos dicen mamá y papá porque realmente lo sienten así. Cuando Bibi se va a dormir y quiere estar conmigo,o Zac quiere hacer gimnasia, se va con el papá. Entonces en esas pequeñas cosas de la vida, ahí siento que sí, soy la mamá o él es el papá. En esos momentos es mágico y me derrite.

Fotos: Chris Beliera.



 
 

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