La casa del barrio Candioti Norte, en la ciudad de Santa Fe, quedó convertida en una escena de horror que golpeó de lleno a dos mundos a la vez: el de la crónica policial y el de la ciencia. Allí, en una vivienda ubicada en Necochea al 4000 fue hallada asesinada Silvina Rosa Drago, investigadora del CONICET, bioquímica y docente con reconocimiento público por su trayectoria.

En el mismo domicilio, la Policía también encontró muerto a su esposo, Héctor Osvaldo Riego (63), con una herida de arma de fuego y una pistola calibre 6.35 secuestrada en el lugar, por lo que la principal hipótesis apunta a un femicidio seguido de suicidio.
El caso se conoció cuando un familiar se acercó al domicilio ante la falta de respuestas a llamados y mensajes. Al ingresar, se topó con los dos cuerpos y también con una escena marcada por la violencia contra los animales de la casa: uno de los perros apareció muerto y otro fue hallado herido, lo que motivó asistencia veterinaria y medidas de resguardo. Según las primeras estimaciones forenses difundidas, las muertes se habrían producido alrededor de 24 horas antes del hallazgo, aunque la secuencia exacta y el horario final dependen de autopsias y peritajes.
De acuerdo con la reconstrucción preliminar, Drago recibió al menos ocho disparos en el dormitorio. Riego, en tanto, fue hallado en el baño con una herida compatible con suicidio, y los peritos incautaron el arma en la escena. La investigación quedó en manos de la fiscalía y del Ministerio Público de la Acusación santafesino; con el fiscal Estanislao Giavedoni al frente de las primeras medidas, con órdenes de pericias, levantamiento de rastros y traslado de los cuerpos a la morgue judicial.
La víctima era una persona reconocida en la comunidad local y regional: Silvina Rosa Drago era una científica con peso propio dentro del sistema científico argentino. Era bioquímica, contaba con doctorados y se desempeñaba en áreas vinculadas a la ciencia y tecnología de los alimentos, con actividad docente en la Universidad Nacional del Litoral. También acumulaba más de 165 publicaciones en revistas científicas y libros, y que en 2023 había sido distinguida como “Santafesina Destacada” por su aporte académico y su proyección internacional. En otra marca de su carrera, en febrero de 2026 había alcanzado el máximo escalafón de la carrera de investigador dentro del CONICET, un dato que amplificó la conmoción en el sector porque habla de una trayectoria en pleno reconocimiento institucional.

Hasta el momento, según las primeras pericias, la figura del principal sospechoso recae en el esposo de la víctima, hallado muerto en el mismo escenario. La Justicia trabaja sobre esa hipótesis porque no habría indicios de ingreso forzado ni de robo que sugieran la participación de terceros, y porque los elementos encontrados encajan —por ahora— en la figura de femicidio seguido de suicidio. Aun así, como en todo caso de esta magnitud, las conclusiones finales dependen del avance pericial: autopsias, balística, barrido de rastros, análisis del contexto previo y testimonios del entorno.
En paralelo, el impacto excedió el expediente. Tras conocerse el crimen, la comunidad académica y científica expresó públicamente su dolor: hubo mensajes de despedida y comunicados institucionales, y se informó que el CONICET Santa Fe decretó un día de duelo por la muerte de una integrante reconocida de su comunidad.
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