La tragedia que golpeó a San Cristóbal sumó en las últimas horas un relato tan desgarrador como imposible de olvidar: el de la mamá de Ian Cabrera, el adolescente de 13 años que fue asesinado por un joven de 15 en el interior de su escuela. Una historia atravesada por la desesperación, la incertidumbre y un dolor que conmueve a toda una comunidad.
Todo comenzó con una sensación difícil de explicar. Algo no estaba bien. Ian no respondía los mensajes, no atendía el celular y el silencio empezó a volverse inquietante. Fue entonces cuando su mamá, Mirian Gabriela Núñez, tomó una decisión que cambiaría su vida para siempre: acercarse al establecimiento educativo en busca de respuestas.
Lo que encontró fue un escenario caótico. Según relataron testigos a medios locales, la mujer llegó sin saber lo que ya había ocurrido dentro del colegio. Mientras en el interior se vivían escenas de pánico tras los disparos, ella esperaba en la puerta, preguntaba, buscaba entender. “Fue una mamá desesperada en la puerta, pidiendo que le dijeran qué pasaba”, reconstruyeron quienes presenciaron ese momento.

El trágico hecho en el que murió Ian de 13 años
Pero no había forma de anticipar la dimensión de la tragedia. Minutos antes, un adolescente de 15 años había ingresado armado con una escopeta que llevaba escondida en un estuche de guitarra y abrió fuego contra sus compañeros en pleno inicio de la jornada escolar. El ataque fue tan repentino como brutal.
Ian tenía 13 años, era hijo único y llevaba una vida marcada por la rutina escolar, el deporte y su familia. Jugaba al fútbol como arquero en un club local y era fanático de River Plate. Su historia, como la de tantos chicos de su edad, quedó truncada en cuestión de segundos. El dolor también alcanza a su papá, Hugo Leandro Cabrera, y a todo su entorno cercano.
Mientras tanto, la investigación avanza para determinar cómo el agresor consiguió el arma y logró ingresar al colegio sin ser detectado. Las primeras hipótesis hablan de un ataque premeditado, aunque aún no se establecieron con claridad los motivos detrás del hecho.
En la ciudad, el impacto es total. La escuela permanece cerrada, se decretó duelo y vecinos, familiares y compañeros intentan procesar una tragedia que dejó una marca imborrable. El caso reabre además el debate sobre la seguridad en las instituciones educativas y la necesidad de prevenir hechos de violencia extrema entre adolescentes.


