Saque profundo. Drive. Volea. Punto. Gana Williams 40-15. Saque y fleje. Segundo servicio. Devolución de revés paralelo. Punto. Pierde Williams 40-30. Saque. Ace. Set para Williams. La pelota va y viene como un rayo entre una morena de sonrisa ancha y franca con una raqueta en la mano y un indestructible apetito de gloria, y otra morena,
de franca y ancha sonrisa, con una raqueta en la mano y la gloria como presa mayor. Venus (21) y Serena (19) Williams, un juego de espejos, una espléndida simetría. Match point. Punto.
Perdió Williams. Ganó Williams.
La historia del tenis, o mejor, la historia del deporte, lo registrará de esta manera:
"El sábado 8 de septiembre del año 2001, por primera vez en la era moderna, la final del Abierto de los Estados Unidos, uno de los torneos más importantes del mundo, fue protagonizada por dos hermanas, las morenas Venus y Serena
Williams". El dato de que Venus, la mayor de las hermanas, se consagró campeona, termina de completar esta exquisita rareza.
Pero ¿quiénes son estas dos arrolladoras big players que concentraron las miradas televisivas de
23 millones de personas sólo en los Estados Unidos? Veamos.
Decir que las Williams son un producto de Richard es un dato escandalosamente obvio: Richard es su padre. Sin embargo, hay algo más que el mandato de la procreación entre el señor Williams y sus hijas Venus y Serena. La historia cuenta que al promediar los '70, en su humilde casa de
Compton, un violento y pobre suburbio de Los Angeles, Richard -por entonces empleado en una agencia de seguridad- vio como la tenista rumana Virginia Ruzici recibía un cheque por 35 mil dólares tras ganar un torneo.
"Mis próximos hijos -ya tenía tres- serán tenistas", se juró rabiosamente. No tardó más de lo que lleva ir de la cocina al dormitorio para encontrar su primer gran escollo: Oracene, su segunda mujer, que le comunicó su firme intención de no tener más descendencia.
Pero Richard era un hombre pertinaz. Repentinamente comenzó a cortejar a su esposa con cenas románticas a la vez que escondía las píldoras anticonceptivas. El resultado de estas maniobras se llaman Venus y Serena, y está cambiando la historia del tenis femenino.
Hoy, ya convertidas en las dos figuras más atractivas del circuito, Venus y Serena (número 4 y número 10 en el ránking hasta antes del Abierto de los Estados Unidos)
pertenecen a los Testigos de Jehová (como todos los Williams, excepto su padre) y desde muy chicas fueron instruidas con rigor.
"Serena, debes aprender a escuchar" o "Venus, cuando tú fracasas, fracasas
sola", decían (dicen aún) los carteles que papá Williams colgó en las paredes de su casa, en Palm Beach Gardens, Florida.
Claro que el éxito deportivo y económico (entre ambas ganaron 17,5 millones de dólares en el año
2000) no resulta tan sencillo y unánime todo el tiempo. Su rivalidad con las mujeres blancas del circuito, y con la suiza Martina Hingins como enemiga preferida, les provocaron críticas y enfrentamientos.
"Ser negras sólo las ayuda", declaró la rencorosa Hingins. "Muchas veces ellas obtienen sponsors porque son negras. Y tuvieron un montón de ventajas porque siempre pueden decir 'Eso es racismo'.
Ellas siempre pueden acusar: 'Nos pasan estas cosas porque somos negras'". Venus, la mayor de las hermanas, se defiende con la misma firmeza que lo hace en la cancha.
"La gente critica mi arrogancia quizá porque soy un poco más lista que el resto de las
tenistas", dijo durante un reciente torneo en New Heaven.
La personalidad de las hermanas sirve para acumular anécdotas casi increíbles. Hace un año, después de haber ganado el mismo torneo en el que acaba de consagrarse frente a su hermana, Venus atendió un llamado de felicitaciones del entonces presidente Bill Clinton. Después de escuchar las amables palabras del primer mandatario norteamericano,
Venus le respondió pidiendo una rebaja de impuestos, además de quejarse porque la caravana que la trasladaba al entonces presidente le impidió llegar temprano al estadio y, de paso, le arrojó a la cara su enojo por ver cómo Clinton se retiraba antes de terminado el match.
Lo cierto es que la combinación parece ser explosiva. La presencia de un padre extravagante (en el Abierto de los Estados Unidos lució una remera con su propia cara estampada en el frente), el talento deportivo
(entre las dos ganaron 29 torneos y 4 de Grand Slam) y la piel negra (algo similar ocurre con Tiger Woods en el golf), han revolucionando al mundo deportivo despertando el interés de millones de personas de la televisión y de las grandes empresas. Mientras tanto, Richard Williams, ya lejos de la violencia y la pobreza de Compton, sonríe orgulloso. Su alucinado plan parece haberse cumplido a la perfección.

Serena y Venus en una producción fotográfica hecha semanas antes del US Open.

Serena tiñó su cabellera de rubio. Entre las dos, llevaron 1.275.000 dólares la cuenta bancaria familiar.