Dos allanamientos simultáneos, ordenados por la Justicia en el marco de la investigación por la muerte del anestesista Alejandro Salazar, pusieron el foco en domicilios vinculados a Chantal “Tati” Leclercq. Los procedimientos se concretaron en la Ciudad de Buenos Aires y en Tigre, como parte de una batería de medidas orientadas a profundizar el análisis del caso.
Según pudo reconstruirse, los operativos se realizaron en un departamento sobre la avenida Santa Fe al 5300 y en una vivienda ubicada en el country Santa Bárbara. En ambos lugares, los investigadores secuestraron un teléfono celular y una iPad, que ahora serán sometidos a peritajes para determinar si contienen información relevante.
A diferencia de otros procedimientos vinculados a esta trama, en estos allanamientos no se encontraron ampollas ni medicamentos de uso hospitalario, un dato que también quedó asentado en el expediente y llamó la atención.

Por qué se ordenaron los operativos
Las medidas se inscriben en la causa que investiga la muerte de Salazar, caratulada como averiguación de muerte dudosa. El anestesista fue hallado sin vida el 20 de febrero en su departamento de Palermo, donde se encontraron insumos médicos y sustancias cuya procedencia aún se intenta establecer.
Ese expediente avanzó en paralelo a otra investigación —independiente— que apunta a la presunta sustracción de anestésicos del Hospital Italiano. Con el correr de las semanas, ambos casos comenzaron a vincularse a partir de los nombres que aparecieron en uno y otro.

Cómo aparece Chantal "Tati" Leclercq en la causa
La médica, residente de tercer año en anestesiología en el Hospital Rivadavia (mismo nosocomio donde se desempeñaba Salazar), no está imputada en la causa por administración fraudulenta que investiga el robo de drogas hospitalarias en el Italiano.
Sin embargo, su nombre quedó incorporado formalmente a partir de una ampliación de denuncia presentada por la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires.
En ese documento, Leclercq relató episodios de consumo de sustancias —tanto recreativas como de uso quirúrgico— en encuentros separados con Salazar y con Delfina “Fini” Lanusse.

Según dejó asentado la joven en su declaración ante la mencionada asociación, nunca existieron reuniones en las que coincidieran los tres, un punto que quedó incorporado como dato relevante dentro del expediente.
El Caso Propofol: de la muerte de Alejandro Salazar a la imputación de Lanusse y Boveri
El caso conocido como “Propofol” tuvo su punto de partida el 20 de febrero de 2026, cuando Alejandro Salazar, un anestesista de 29 años del Rivadavia, fue encontrado muerto en su departamento de Palermo.
En el lugar se hallaron ampollas de propofol y fentanilo —medicamentos de uso exclusivo hospitalario— junto a una bomba de infusión, lo que encendió las primeras alarmas dentro del sistema de salud.
A partir de ese hecho, el Hospital Italiano presentó una denuncia por el faltante de estos fármacos, lo que dio inicio a una investigación judicial centrada en determinar cómo estas sustancias habrían salido del circuito interno.
En ese contexto, fueron imputados Hernán Boveri, anestesiólogo de planta, y Delfina “Fini” Lanusse, residente de la misma especialidad, bajo la figura de administración fraudulenta.
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