Mauro Szeta, conductor de Lape Club Social en reemplazo de Sergio Lapegüe durante sus vacaciones, relató al aire una historia que sacudió a uno de los barrios más exclusivos del país: la del llamado estafador de Nordelta, un personaje que durante años se movió con total impunidad entre empresarios, profesionales y vecinos de buen pasar.
“Vamos a meternos en una historia increíble, de esas que pasan donde todo parece color de rosa, pero no lo es”, explicó Szeta al presentar el caso. El protagonista es Francisco Walter Iannópollo, un hombre acusado de montar una estafa financiera que, según el periodista, recuerda de manera inquietante al mecanismo utilizado por Yiya Murano, aunque sin el final criminal.
“Iannópollo ofrecía una promesa imposible: caminar la plata en la timba financiera con un 30% de rendimiento semanal, un 120% mensual”, detalló Szeta. Y agregó: “No había que ser un genio para darse cuenta de que olía a estafa piramidal”.

Sin embargo, la fórmula funcionó. Iannópollo se presentaba como un bon vivant, vestía bien, hablaba como empresario exitoso, alquilaba una casa en Nordelta y se movía con naturalidad en la zona norte. Ese perfil le permitió ganarse la confianza de personas muy distintas entre sí. “Captaba desde una maestra hasta un empresario o el gerente de un banco. Nadie desconfiaba porque daba la imagen de alguien de buen vivir”, explicó el conductor.
El método, según Szeta, era diferente al de Yiya Murano. “Ella te pagaba una vez y después te tentaba a poner más. Cuando querías recuperar todo, ya era tarde; pero él no”, señaló.

Con el paso del tiempo, las promesas incumplidas se acumularon y los reclamos comenzaron a crecer. Las víctimas, cansadas de no obtener respuestas, decidieron enfrentarlo directamente. “Se hartaron de que los estuviera timando, estafando —o dicho más brutalmente, cagando— y fueron a buscarlo”, relató Szeta.
El episodio terminó de la peor manera: Iannópollo fue golpeado brutalmente en las inmediaciones del restaurante Kansas, su punto habitual de encuentro en zona norte. “Ese era su point, ahí cerraba muchos de los contactos, y ahí mismo terminó recibiendo una paliza”, agregó el periodista.
El caso del estafador de Nordelta expone que ni el dinero ni el entorno exclusivo garantizan estar a salvo de engaños sofisticados. Una historia que, como advirtió Szeta, demuestra que detrás de las promesas de ganancias mágicas, casi siempre hay una trampa esperando a la próxima víctima.
