En una industria obsesionada con la aerodinámica, los SUV deportivos y las pantallas gigantes, hay marcas que prefieren ir exactamente en la dirección contraria. Aznom Automotive, con sede en Monza, pertenece a esa categoría. Especializada en diseño y fabricación de vehículos de ultra-lujo a medida, acaba de presentar un ejercicio conceptual que parece salido de otra era: el Aznom L’Epoque.

El L’Epoque rompe con las proporciones habituales del automóvil contemporáneo y mira directamente a los grandes coupés de las décadas de 1920 y 1930. Aquellos vehículos pensados para ser conducidos por un chofer, donde el protagonista no era quien llevaba el volante, sino quien viajaba detrás.
El vehículo roza los ocho metros de largo y supera el metro ochenta de altura. Las ruedas, de casi un metro de diámetro, refuerzan una silueta que resulta imposible de ignorar. Sus dimensiones obligaron a Aznom a recurrir a una arquitectura clásica, con chasis de largueros y travesaños, una solución más cercana a una limusina tradicional que a un automóvil convencional de producción masiva.
El resultado es un vehículo que desafía cualquier clasificación contemporánea. No es exactamente una berlina, tampoco una limusina clásica y mucho menos un SUV. Es un objeto rodante concebido como pieza única.

En el apartado mecánico, Aznom no renuncia a la contundencia. El L’Epoque incorpora cuatro motores eléctricos, uno por rueda, que entregan en conjunto 1.000 caballos de potencia.
Sin embargo, no se trata de un eléctrico puro. El sistema utiliza un motor V6 que actúa exclusivamente como generador para recargar una batería de 100 kWh bajo un esquema de autonomía extendida. La decisión no es casual: se busca combinar la suavidad y el silencio del impulso eléctrico con la tranquilidad de una autonomía ampliada para viajes largos.
El interior está configurado para seis personas en disposición 2+2+2. Las plazas traseras funcionan como un sofá corrido, mientras que las centrales adoptan el formato de sillones reclinables independientes. Es una configuración pensada para el descanso, la conversación o simplemente la contemplación del paisaje.

No hay protagonismo de pantallas ni despliegue digital evidente. En un momento donde el lujo suele asociarse a tecnología visible, Aznom propone lo contrario: materiales nobles, espacio generoso y comodidad como eje central.
Cuero, maderas seleccionadas y acabados artesanales dominan el habitáculo. El concepto se acerca más al de una suite privada que al de un automóvil tradicional.
Por ahora, el L’Epoque es un ejercicio conceptual. Sin embargo, Aznom no descarta producir una unidad única o una serie extremadamente limitada. Como es habitual en la marca, los interiores podrían definirse junto a cada cliente, en un proceso casi artesanal.

En un mercado donde el ultra-lujo se mide en exclusividad más que en volumen, una producción de una sola unidad no sería un gesto extravagante, sino una estrategia coherente.
Aznom ya ha demostrado en el pasado que su territorio no es la producción masiva, sino la reinterpretación extrema del automóvil como objeto de deseo personalizado.
Si finalmente se concreta su producción, aunque sea en una sola unidad, no será simplemente otro auto exclusivo. Será una declaración rodante sobre cómo el lujo puede reinterpretarse en la era eléctrica sin perder teatralidad ni identidad.
Y en tiempos donde todo parece optimizado para la velocidad, un vehículo que reivindica la pausa resulta, al menos, digno de atención.


