A sus 26 años, Agustina Loos Matrella logró algo que nunca antes había sucedido en su ciudad: convertirse en la primera mujer de Olavarría en dirigir partidos de primera división y en llegar al ámbito de la AFA. En un ambiente históricamente dominado por hombres, la joven árbitra fue construyendo su camino paso a paso, con esfuerzo, formación y convicción.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, Agustina repasa con revista GENTE cómo fue su inesperado desembarco en el mundo del fútbol, habla de los desafíos de arbitrar en un deporte atravesado por la pasión y los insultos desde la tribuna, y deja un mensaje para las chicas que sueñan con seguir el mismo camino.

El fútbol: una pasión que surgió en la adolescencia
Aunque hoy el fútbol es parte central de su vida, Agustina reconoce que no fue un amor a primera vista ni un deporte que la acompañó en el inicio de su vida. Con sinceridad, revela: “La verdad que desde chica yo era cero en deportes. En mi familia nadie es deportista. Lo conocí más de grande, tipo a mis 17 años... Es algo que fui descubriendo por mi entorno”.
Su primer acercamiento fue desde el juego: comenzó a participar en un equipo de fútbol femenino de su ciudad. Sin embargo, pronto sintió que ese lugar no terminaba de convencerla. “Por diferentes cuestiones no me gustó y dejé. Un amigo me invitó a dirigir un partido. Era algo nuevo para mí. No tenía mucha idea, pero me animé”, relata sobre el punto de inflexión que la llevó hasta el lugar en el que se encuentra hoy.

Esa experiencia que no había sido planificada ni meditada cambió todo: “Me encontré con algo que me gustó un montón y a los meses comencé en la liga oficial de mi ciudad, Olavarría. Ahí, en 2018, empezó mi carrera”.
Agustina Loos Matrella: la primera mujer de su ciudad en dirigir en primera división
Cuando empezó a involucrarse en el arbitraje, Agustina todavía no dimensionaba hasta dónde podía llegar ni tampoco tenía una meta clara para seguir. “Comencé sin tener dimensiones de lo que podía ocupar en mi vida. Probé, me gustó, empecé a entrar en el ambiente y dirigir”, explica sin rodeos.

Fue en ese proceso cuando descubrió que su camino también podía abrir puertas para otras mujeres. “Me fui enterando de que en mi ciudad nunca una mujer había dirigido en primera división. También fui la primera de mi ciudad en entrar en la tabla de méritos y de entrar en la AFA”, dice hoy con total orgullo. Esos hitos marcaron un punto de inflexión en su carrera: “Ahí empecé a marcar un camino y me empecé a entusiasmar”.
El camino de formación para convertirse en árbitra profesional
Consultada sobre cómo es la profesionalización de esta carrera, cuenta: “Yo comencé haciendo un curso local en mi ciudad. A medida que estábamos preparados nos iban largando en la cancha”.
Con el paso del tiempo, la exigencia fue creciendo y ella decidió apostar más alto: "Después fue cada vez más en serio y empecé a hacer curso a nivel provincial y luego nacional. Cuando terminé fue cuando me contrató AFA”.
Sobre cómo logró dar ese salto, explica que fue el propio ambiente del arbitraje el que fue reconociendo su trabajo. “En el curso nacional ya me estaban conociendo más en el ambiente. Ya tenía algo de trayectoria, me fueron conociendo algunos instructores. Yo estimo que me recomendaron, me vieron con condiciones y proyección”, detalla.

“Fue uno de mis sueños. En su momento, cuando empecé, me parecía algo súper lejano”, dice sobre la posibilidad de ser parte de la AFA que hoy es parte de su realidad profesional.
Desde este presente próspero, analiza: "Haber llegado a ese lugar en el que muy pocos tenemos el privilegio de hacerlo, es algo que agradezco”.
Pero Agustina no se conforma con lo conseguido y ya planea sus próximas metas laborales: “Me gustaría tener insignia FIFA porque sería algo internacional. Ahí ya me habilita a competencias internacionales y, obviamente, la aspiración máxima es ser árbitra en un Mundial”.
El desafío de arbitrar en un ambiente históricamente masculino
El fútbol sigue siendo, en muchos aspectos, un espacio predominantemente masculino. Sin embargo, Agustina asegura que su experiencia personal fue positiva. “En lo personal no sufrí diferencias. Fui muy afortunada. Siempre me dieron las mismas posibilidades... No sentí prejuicio en mi camino personal”, dice al ser consultada sobre posibles contrastes en el trato.

De todos modos reconoce que los desde las tribunas son parte habitual del rol arbitral y, en su caso, no siente que sean por el simple hecho de ser mujer: “Hay de todo... Mayormente por el rol tenemos las puteadas aseguradas". Su familia, en cambio, todavía no logra acostumbrarse a esa parte del trabajo. “Les cuesta ir a la cancha porque a nosotros nos agreden bastante verbalmente. Nosotros estamos acostumbrados, pero el entorno no”.
Aun así, destaca el apoyo incondicional que recibe de sus seres queridos: “Mi familia y amigos siempre apoyaron y bancaron las decisiones. Soy muy afortunada de tener un entorno que me apoye tanto”.
El crecimiento del fútbol femenino
En los últimos años, el fútbol femenino ganó visibilidad y estructura en tanto en Argentina como en el resto del mundo. Desde su experiencia dentro del ambiente, Agustina percibe ese cambio con claridad y asegura que aún hay mucho por avanzar en ese territorio.
“Yo creo que creció muchísimo desde que entré en el ambiente del fútbol. Creció abismalmente y creo que falta un montón más. Hay un camino largo por recorrer”, reflexiona.

Para ella, el avance depende de muchos factores que deben trabajar en conjunto. “Creo que es un poco de todo. Trabajando entre todo el entorno del fútbol creo que va a seguir creciendo”.
El consejo para las mujeres que quieren ser árbitras
Consultada sobre si se considera referente y si recibe consultas de jóvenes aspirantes a árbitras, dice: “Yo tengo mis redes sociales abiertas para eso. Trato de estar siempre pendiente de cuando una chica me manda para preguntarme algo poder estar”.

Con sinceridad, explica que esa actitud tiene que ver con su propia experiencia: "Yo también estuve en su lado. De cara dura le mandaba mensajes a gente que no conocía y que hoy son mis colegas. Estar hoy de este lado para mí es un honor”.
A todas las que dudan si animarse o no, les deja un mensaje claro: “Yo creo que es todo trabajo y convicción. Es una profesión muy sacrificada. Una tiene que dejar mucho y estar muy segura de lo que hace”. Pero también asegura que el esfuerzo vale la pena. “Vale la pena cada segundo porque te deja personas increíbles, conoces lugares muy lindos... Entrar a la cancha y hacer lo que a una le gusta no tiene precio”.
Fotos: Diego García.
Make up y peinado: Nahuel Puentes para Sebastian Correa Estudio.
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