La tarde del lunes avanzaba sin sobresaltos cuando, a las 19:24, ingresó el aviso de emergencia por un accidente en la Cascada Frey, un salto de agua encajonado al que se llega navegando por el brazo Tristeza del Nahuel Huapi. De acuerdo con el parte de las autoridades del Parque, la turista Silvana Garibaldi, de 59 años, había arribado en una embarcación particular junto a otras personas y, en un tramo de la caída, se “deslizó” como si fuera un tobogán. Fue en ese movimiento cuando impactó con violencia la nuca contra una roca, una lesión incompatible con la vida.

Quienes estaban con ella lograron sacarla del agua y le practicaron maniobras de RCP de inmediato, pero no hubo respuesta. El operativo de rescate se activó de forma coordinada: Guardaparques, brigadistas del Departamento de Incendios, Comunicaciones y Emergencias (ICE), un paramédico de la Comisión de Auxilio del Club Andino y Prefectura Naval se desplegaron en la escena, con la Fiscalía de turno supervisando las primeras diligencias.
La recuperación del cuerpo demandó horas por la geografía del lugar y las dificultades de salida: primero se realizó un traslado por tierra desde el entorno de la cascada hasta la orilla del lago y luego, por agua, hasta Bahía López, donde Policía de Río Negro efectuó las pericias antes del envío a la morgue. El procedimiento concluyó cerca de la 1 de la madrugada del martes, cuando quedó formalmente constatado el fallecimiento y se resguardó el área.
La víctima fue identificada como Silvana Garibaldi, de 59 años, consultora en estrategia comercial y marketing, con residencia en Pilar, provincia de Buenos Aires. Medios locales y nacionales precisaron que estaba acompañada por su marido y que el golpe fatal se produjo al intentar descender por las rocas en un sector no habilitado para ese tipo de práctica recreativa. En las primeras horas se habló de una mujer “de unos 50 años”, pero con el correr del día del martes las fuentes confirmaron su identidad y edad exacta.
Tras el hecho, el Parque Nacional Nahuel Huapi difundió un comunicado en el que reiteró que en ese punto “muchos visitantes realizan descensos sobre la cascada como si fuera un tobogán”, una actividad “totalmente prohibida por extremas razones de seguridad”. La advertencia cobró fuerza a partir de esta tragedia, porque el sector, conocido por su belleza y su aislamiento, suele tentar a bañistas que subestiman corrientes, desniveles y superficies resbaladizas bajo el agua.
La investigación judicial en Río Negro apunta a reconstruir con precisión la mecánica del accidente, pero las pericias iniciales no dejaron dudas: el traumatismo en la nuca por el impacto contra una piedra fue determinante. Con el operativo cerrado y la zona nuevamente despejada, las autoridades insistieron en un mensaje que se repite cada verano en la cordillera: los saltos y cascadas de montaña no son áreas de juego, y la combinación de rocas, caudal y altura convierte a cualquier deslizamiento en un riesgo severo, aun para nadadores experimentados.
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