Durante años el ritmo de los habitantes del ex Zoo de Luján estuvo marcado por el ruido seco de los cerrojos y el frío implacable del concreto. Pero la madrugada de este lunes trajo un sonido distinto: el de la esperanza golpeando a la puerta de sus jaulas.
Cuando comenzó el operativo, el reloj marcaba las 6 de la mañana y la oscuridad y la bruma aún envolvían el predio bonaerense. En ese contexto, un cuidador se arrodilló sobre la tierra, sosteniendo un racimo de uvas frescas, e invitó con infinita paciencia a uno de los ejemplares a dar el paso más importante de su vida.

No hicieron falta anestesias ni sedaciones. Tras semanas de entrenamientos, la tigresa Flora y los osos pardos Gordo y Florencia ingresaron a sus cajas de transporte con total calma...
Y después la calma se convirtió en acción.





Volando hacia su libertad
Mientras leés estas líneas, a miles de metros de altura, la tigresa Flora y los osos Gordo y Florencia cruzan el océano a bordo de un imponente avión de Lufthansa Cargo.

Este despegue histórico es la primera gran victoria de una misión de emergencia que viene a iluminar tantos años de sombra. Y tal rescate materializa la promesa firmada en julio de 2025: garantizar que sea, finalmente, la última generación de animales exóticos que sufra el cautiverio en Argentina.
Pero, ¿quiénes fueron los tres elegidos?, ¿por qué los llevaron a ellos a oler la pureza del bosque antes que a los demás? A continuación, las historias de Flora, Gordo y Florencia.
Flora, la tigresa que "creció como un bonsái"
De todas las vidas que este acuerdo busca salvar, ningún relato nos estrujó tanto el corazón como el de Flora. Desde el primer día que contamos su caso en GENTE supimos que esta tigresa de diez años era el símbolo perfecto de una crueldad silenciosa. Es que "para cuidarla" de ejemplares más grandes la confinaron desde cachorra a un espacio tan minúsculo que su cuerpo no pudo desarrollarse. Creció "como un bonsái de tigre", atrofiada y acurrucada, rodeada por los rugidos intimidantes de sus vecinos de jaula y sin un solo rincón donde esconderse.

Esa falta absoluta de espacio físico le cobró un precio altísimo. Al no tener metros para caminar ni moverse, sus uñas nunca sufrieron el desgaste natural. Como consecuencia, crecieron hacia dentro de forma reiterada hasta incrustarse en el hueso de sus patitas, provocándole un dolor constante y atroz que hacía casi imposible que se pusiera de pie.
"Vivía en un dolor constante y atroz", aseguraron a GENTE desde el equipo de Four Paws. Afortunadamente, su alivio llegó en noviembre de 2025 cuando el Dr. Amir Khalil, líder de la misión de emergencia en Luján, le realizó una cirugía para extraerle los fragmentos infectados de su pata y corregir quirúrgicamente el lecho ungueal para permitir un crecimiento adecuado a futuro.

Tras la cirugía, Flora tuvo tiempo de recuperarse entre cuidados y atenciones... Hoy ella viaja hacia el FELIDA Big Cat Sanctuary de los Países Bajos, donde expertos en felinos traumatizados la esperan para que sus garras nunca más sean una condena.
Gordo y Florencia: El adiós definitivo a los barrotes
Flora no cruza el océano sola.: en la misma travesía de sanación, aunque con un destino final diferente, vuelan los dos osos pardos del ex zoo. Y para ellos -los únicos osos que habitaban el predio de Luján-, el anhelo de inmensidad tiene otro nombre propio: el BEAR SANCTUARY Belitsa de Bulgaria.
En este refugio de doce hectáreas de bosque natural, gestionado junto a la Fondation Brigitte Bardot, Gordo y Florencia van a poder hacer lo que la naturaleza siempre les dictó: pisar la tierra, explorar y, por primera vez, hibernar.
Para ganarse ese derecho, tuvieron que resistir lo inimaginable. Gordo, de 16 años, estaba severamente obeso, alcanzando los 350 kilos de peso tras permanecer años confinado en una jaula diminuta, sin acceso a su área exterior por temor a que escapara. Esa frustración lo llevó a lastimarse los dientes mordiendo los barrotes.

Y Florencia, de 17 años, corría una suerte similar, viviendo en un pequeño recinto de concreto con una pileta poco profunda en la que apenas lograba mojar su pelaje.

A pesar del maltrato de toda una vida, la capacidad de resiliencia de ambos dejó sin palabras al equipo de rescate que presenció cómo los animales avanzaron por cuenta propia hacia el interior de sus cajas de traslado.
El desafío de los 60: Una promesa frente a un pasado de muerte
La emoción de verlos partir, sin embargo, choca de frente con una realidad desoladora. Este primer rescate -coordinado a partir del Memorando de Entendimiento entre Luciana D’Abramo, directora de Programas de FOUR PAWS, y Daniel Scioli, secretario de Turismo, Ambiente y Deportes- no marca el final del trabajo, sino el comienzo de una seguidilla de viajes.

Es que la misión, la más grande de su tipo en América Latina, apenas está comenzando. En el ex zoo, entre tigres y leones, quedan 60 ejemplares que permanecen a la espera, en la misma jaula donde fueron exhibidos, tocados y abandonados.
Aún no se sabe adónde irán ni cuándo, pero cuando la suerte golpee a sus jaulas, ellos, quizá también lentamente y con confianza, partirán acaso intuyendo que el futuro les regalará algo mejor: la libertad.
Fotos: Gentileza Four Paws International
Agradecemos a Eva Kovacs


