Para entender el mundo de Ailín Pérez hay que desterrar prejuicios. Lo suyo no es el boxeo tradicional, y ella no combate entre cuerdas ni dentro de un ring. Es que en las Artes Marciales Mixtas (MMA), los combates se libran dentro de un imponente octágono -una jaula de ocho lados- donde valen los puños, las patadas, los rodillazos y las llaves de sumisión. Es un deporte implacable que no perdona errores. Sin embargo, del otro lado del Zoom, la mujer que está a horas de meterse en una jaula para representar a la Argentina en el UFC Fight Night México (que se va a poder ver por Paramount+) irradia una calidez y un desparpajo que desarman a cualquiera.
Lejos de ser un manojo de nervios, Ailín, rompe el molde: risueña, nos saluda mientras toma mate a través de una bombilla de las Islas Malvinas. Es que ella está en México, pero continúa aferrada a sus raíces y no sólo lo demuestra representando a nuestra bandera...

El alto precio del sueño
–Ailín, llegar a la UFC desde Argentina parece una locura casi inalcanzable. ¿Qué tuviste que dejar atrás para estar hoy donde estás?
–Uf, un montón de cosas. Me fui hace cinco años más o menos. Empecé a viajar a Brasil desde que tenía 21 años, iba y venía. Pero hubo un momento en el que decidí dejar todo en Argentina, hasta incluso un poco de lado a mi familia y a mi hijo, para apostar de lleno por el sueño de poder llegar y hacer carrera. Y de ahí por suerte me fui a Estados Unidos, porque me salieron los papeles gracias a la UFC. Hoy soy una bendecida total porque puedo estar laburando orgullosamente de lo que amo.
–Ese desapego inicial con tu hijo debió haber sido la pelea más brava que te tocó dar...
–Totalmente. Por suerte a Ades, mi nene de 8 años, ya me lo traje hace tres y medio y está viviendo conmigo en Miami.
–Vos te encontrás ahora en México: ¿Con quién está él ahora?
–Con mi mamá, que lo cuida, y lo lleva al colegio. Pero termina la pelea de esta noche y me voy corriendo a verlo, ¡cien por ciento!

La banca latina y la "pica" con las gringas
–Veo a través de la cámara que estás acompañada. ¿Vivís con peleadores de otros países?
–Sí. De hecho en este momento tengo atrás a mi compañero dominicano, que se llama Arturo y peleó hace poco en Argentina. Lo ves descansando en el sillón. ¡Es que entre los latinos tenemos la mejor!
–¿Y con los estadounidenses?
–(Levanta las cejas con picardía) Pica con las gringas siempre hay. Yo ya peleé con una y hoy a la noche le voy a ganar a otra, así que hay que tenerlas de hijas (sonríe divertida). Igual, mis rivales, hayan sido latinas, americanas o europeas, yo sé que no se olvidan de mí porque dejé marca.

Veinte años de pasión y una profesión escondida en el festejo
–¿De dónde nació tu pasión por las artes marciales?
–Fue por mi papá. Él me llevó con 11 años a ver una clase de kung fu, ese mismo día entré a entrenar y al toque empecé a crecer, a aprender, me cambió la vida... Aprendí mucho. Cuando conocí a la peleadora Ronda Rousey, quise subirme a la jaula y ser como ella. Y acá estoy... ¡siendo mejor que ella! (risas).
–¿Tenías algún "Plan B" por si no funcionaba lo de las MMA?
–Mirá, yo hice de todo en mi vida para poder darle de comer a mi hijo, y lo volvería a hacer porque mi hijo es todo. Entonces te puedo decir que eso me llevó a trabajar de un montón de cosas. Pero si no hubiese elegido el deporte en sí, yo hubiese sido una gran bailarina.
–¡Me gusta! ¿De qué estilo?
–De estilos urbanos más que nada. Bailé muchos años salsa y bachata cuando era adolescente en competición, y también reggaetón y free style. Por eso mis festejos tienen twerking. Yo me manifiesto de esa forma.
–Hiciste de tu festejo un sello. ¿Lo pensaste mucho?
–La verdad es que sí. Porque el ganar la pelea es disfrutar.

De la nobleza a una "low kick" por un chicle
–En este ambiente los apodos pesan mucho, y a vos te dicen "La Princesa Fiona", ¿de dónde salió?
–¡Yo soy la Princesa Fiona porque tengo muchas cualidades! El apodo me lo puso mi primer coach de MMA en Concordia. Él me dice Princesa Fiona porque en el pesaje soy una y en la pelea soy otra. Porque Fiona tiene una transformación del día a la noche: pasa de ser muy bonita, princesa y femenina, a transformarse, y yo el día del combate me transformo. Primero porque vuelvo a todas las libras que perdí para dar el peso, y después porque me transformo en modo "¡ah!" (Pone los puños hacia el frente y tensa todos los músculos de su cuerpo como si su Hulk se activase). Y también me puso así por las cualidades de su personalidad: ella es madre, tiene un corazón muy noble -yo me considero muy noble-, y hace también artes marciales... Entonces Fiona me identifica.
–Viendo la fiera en la que te transformás hoy, es imposible no preguntarse… ¿Cómo éras en el colegio? ¿Te agarrabas a las piñas?
–(Estalla) ¡Qué buena pregunta! (se pone seria de repente) Pasa que yo tengo una personalidad difícil. Las peleadoras somos de personalidades fuertes, emocionales. Tenemos nuestro ego también. Y eso es algo que venimos trabajando desde chicas. En la escuela le tuve que pegar a una chica porque me faltó el respeto... y le fisuré el tobillo a un compañero porque quería llamar mi atención, y como no se la daba, me pegó un chicle en la cabeza. Entonces esperé a que saliera, le tiré una low kick al tobillo y se lo fisuré... Andaba con una bota, pobrecito, pero no me molestó más.
–¿Y qué te dijeron los preceptores en ese momento?
–Nada, lo usé como defensa propia. Obviamente a la chica le dejé lastimada la cara porque le di tres golpes; no uno, tres. Es que me faltó el respeto, y yo le dije a la profesora "¿Ustedes qué saben qué daño cerebral me hace a mí lo que ella me dice?", o sea, a veces duele más lo que te dicen a lo que hacés. Entonces, está bien, yo me fui a las manos, pero me cansó.
–En tu profesión tu fuerza es tu diferencial, y veo que desde chica tenés presente que tu cuerpo puede ser una herramienta...
–O sea, yo no molesto a nadie, ¡pero que no me busquen! (levanta ambos brazos dejando expuestos dos tatuajes que recorren la cara interior de sus biceps)
–¿Quiénes son Olga y Gabo?
–(Muestra sus tatuajes) Mi madre y mi padre. También lo tengo tatuado a mi hijo, mi número favorito, un par de mariposas... Y el sol, porque me identifico mucho con el sol también: no por lo caliente, sino por lo amarillo, que es un color de locos, ¡y como yo me considero re loca!, es mi color.

"Yo soy una mamá luchona"
–Esta noche, al presentarte, van a decir que sos una luchadora. ¿Te sentís una luchadora?
–¡Sí, yo soy una mamá luchona! Re. Siempre luché y hoy en día también sigo batallando con mi vida, así que re luchadora en ese sentido, y también soy luchadora por hacer los tipos de lances de la lucha en las peleas.
–¿Te gustaría que más mujeres vean este deporte?
–Sí, claro, obvio. A mí después de ser peleadora me gustaría pasar por los cines y también me gustaría entrenar un grupo de mujeres.
–Momento. ¿Pasar por los cines?, ¿querés ser actriz?
–(Ríe) Sí. Quiero usar el baile que no pude usar en mi adolescencia por estar acá detrás de los guantes.
–¿Qué le dirías al argentino que por ahí no es tan fan de las MMA para que hoy prenda la tele y te haga el aguante?
–Les diría que nos miren porque, además de ver a una compatriota, van a ver a personas normales que estamos batallando por nuestros sueños, por el futuro, por formar una familia el día de mañana, por seguir avanzando... Y también sería bueno que apoyen el deporte por toda la generación que viene.
–¿Te bajás contenta del ring?
–Siempre me subo contenta y me bajo contenta, y sin pensar el resultado porque yo tengo dos derrotas y de esas dos derrotas aprendí un montón. Entonces me bajo feliz por poder volver a intentarlo. Hoy no se pierdan mi pelea mi sexta victoria consecutiva por Paramount+ (presenta espontánea, como si fuera una locutora).
-Es interesante que ya estás vendiendo que es tu sexta victoria y todavía ni peleaste.
–Es que me rompí toda entrenando, ¡mirá si no voy a ganar! Hoy voy a dejar la vida.

Fotos: Gentileza equipo de UFC
Agradecemos a Paramount+, Julieta Di Nápoli y Pulpo Latam


