"Dura entre 2 y 5 minutos": qué efectos generan el propofol y el fentanilo, por qué son letales fuera del quirófano y cómo funcionaban las "propofest" clandestinas – GENTE Online
 

"Dura entre 2 y 5 minutos": qué efectos generan el propofol y el fentanilo, por qué son letales fuera del quirófano y cómo funcionaban las "propofest" clandestinas

efectos del fentanilo y el propofol
La muerte del anestesista Alejandro Zalazar destapó una trama que sacude al sistema de salud: grupos de WhatsApp, robo sistemático de medicación hospitalaria y fiestas donde se administraban anestésicos potentes con un Ambú como único "seguro de vida". Todo lo que hay que saber sobre las dos sustancias que están en el centro de la investigación judicial y la voz de especialistas.
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El anestesiólogo residente del Hospital Rivadavia Alejandro Zalazar fue hallado sin vida en su departamento con una vía colocada en el pie –para que no queden marcas visibles– y varias sustancias a su alrededor. Los primeros resultados forenses revelaron congestión, edema pulmonar y edema meningoencefálico. La hipótesis que maneja la investigación es la sobredosis, aunque los análisis toxicológicos definitivos todavía no están disponibles.

Un detalle encendió una nueva línea de interrogantes: el líquido que se estaba administrando era transparente, y el propofol uno de los fármacos bajo la lupa es de color blanco. Sin embargo, lo que sí quedó confirmado es que la medicación provenía del Hospital Italiano.

La ruta de las Propo fest-viajes controlados con propofol y fentanilo-escándalo en el Hospital Italiano
La muerte de Alejandro Zalazar, residente del Hospital Rivadavia, destapó el escándalo de las Propo Fests, "viajes controlados" con anestésicos de uso exclusivamente intrahospitalario que terminaron en el ámbito privado para usos recreativos.

Ese dato fue la primera grieta de lo que después resultó ser una trama mucho más amplia: robo de anestésicos, grupos clandestinos en plataformas de mensajería y encuentros conocidos como "viajes controlados", donde se suministraban propofol y fentanilo por fuera de cualquier marco legal o supervisión médica real.

Propofol: del quirófano a la fiesta clandestina

El propofol es un anestésico de uso hospitalario estricto. Se utiliza para inducir y mantener la anestesia general en cirugías, o para sedar pacientes en procedimientos de terapia intensiva con asistencia respiratoria. Su administración es exclusivamente intravenosa y debe estar a cargo de profesionales capacitados con monitoreo constante. No es un detalle menor: actúa directamente sobre el sistema nervioso central y modifica la actividad cerebral para inducir un estado de inconsciencia o sedación profunda.

Sus efectos más frecuentes incluyen somnolencia extrema, disminución del estado de alerta y dolor en el sitio de aplicación. Pero el riesgo real aparece cuando se usa sin control: puede provocar dificultad respiratoria, alteraciones cardíacas e incluso paro. El margen entre "sedación" y muerte se vuelve mínimo cuando no hay equipamiento adecuado.

En el contexto de las llamadas "propofest", el uso del fármaco para inducir estados cercanos a la apnea –la suspensión temporal de la respiración– implicaba un peligro extremo que los organizadores intentaban "gestionar" con un recurso tan precario como un respirador manual tipo Ambú. Un dato más que importante ya que, como indica la doctora Mariana Lestelle en diálogo con GENTE, "los enfermeros y los profesionales de la salud saben muy bien que la Naloxona es la droga antagonista en estos casos, ya que es el medicamento que puede revertir los efectos cardiorespiratorios y termina salvando vidas".

En diálogo con Urbana Play, Martín Candalaft explicó que el efecto de la droga no dura más de cinco minutos. "Es un viaje muy cortito. Parece que es una sensación de placer que te duerme muy profundamente", agregó el periodista de policiales. Y sumó: "Así me explicaron toxicólogos; por eso me pregunto qué le tiene que pasar a un profesional de la salud para robarse los medicamentos e inyectárselos por dos o cuatro minutos por un placer extremo".

Lestelle dijo que "hay que tener cuidado con hablar acerca de los efectos placenteros para no promover el consumo" y sumó una lectura en relación al creciente consumo problemático entre el personal de la salud: "El burnout y los trastornos de ansiedad aumentaron muchísimo". La médica apunta a la cadena de responsabilidades y explica que no hay que demonizar a los anestesistas.

"Entiendo que sean apartados pero es un tema que está mal manejado; un tema es el robo de sustancias, que eso podría ser condenable, pero por su adicción no los podés condenar", agregó. Y basada en el humanismo médico, enfatizó: "Vos los apartás y qué alternativas les ofrecés? También podés ponerles una suspensión sin paga y mandarlos a rehabilitación".

Como reflexión, destacó: "¿Quién cuida a los que nos cuidan? Quienes somos responsables de otras personas tenemos que mejorar los controles. Y el principal responsable es el Estado, que garantiza la trazabilidad de estos fármacos a partir del Ministerio de Salud y nunca dio respuesta en relación a la causa del fentanilo adulterado".

Los viajes controlados quedaron en el centro de la polémica, relacionados a supuestas fiestas clandestinas.

Fentanilo: 50 veces más potente que la heroína

El otro protagonista del escándalo es el fentanilo, un opioide sintético que puede ser hasta 50 veces más potente que la heroína y es protagonista de la crisis de opioides en la que está inmerso Estados Unidos desde hace diez años. En medicina se utiliza para tratar dolores intensos en cirugías o enfermedades graves como el cáncer. Su mecanismo es preciso: bloquea las señales de dolor que llegan al cerebro. Pero ese mismo efecto puede derivar en consecuencias devastadoras cuando se usa de forma indebida.

El fentanilo puede generar euforia, somnolencia y náuseas, pero su complicación más grave es la depresión respiratoria. Incluso en dosis mínimas –del tamaño de unos pocos granos de sal– puede ser mortal.

El fentanilo es un fármaco para el tratamiento del dolor. Se trata de un opioide sintético fabricado en laboratorio; no como la morfina (que proviene de una planta) o la heroína (que es semi sintética).

Uno de sus rasgos más peligrosos es que muchas personas no saben que lo están consumiendo: suele aparecer mezclado con otras sustancias. Además es altamente adictivo, el cuerpo desarrolla tolerancia con rapidez y eso empuja a aumentar las dosis. Los signos de intoxicación son elocuentes: respiración lenta o inexistente, pérdida de conciencia, coloración azulada en labios o uñas.

Cómo funcionaban los "viajes controlados"

La investigación judicial reconstruyó el mecanismo: grupos de WhatsApp y Telegram donde anestesistas de distintos establecimientos ofrecían encuentros exclusivos. Bajo la promesa de "viajes controlados", administraban propofol y fentanilo mediante bombas de infusión mientras un "controlador" asistía a los participantes con un Ambú de uso ambulatorio para evitar que el estado de apnea derivara en algo irreversible. La lógica del sistema era tan precaria como reveladora: el único protocolo de seguridad era una persona con un respirador manual.

El hallazgo de que las drogas provenían del Hospital Italiano –sin denuncias previas de faltantes registradas; recordemos que cada ampolla tiene un número de lote que asegura su trazabilidad– abrió otra línea de la investigación: el posible robo sistemático de medicación y la eventual falsificación de documentación para retirarla sin ser detectados. O, incluso, como sospecha Lestelle, el abastecimiento de "un mercado paralelo" con "drogas que vienen de un mismo laboratorio".

La Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires reconoció que sí había iniciado averiguaciones por "sustracciones ilegales" y que llevaba adelante, junto al hospital, una investigación interna por problemas de consumo.

El expediente sumó denuncias de abuso sexual en esos encuentros. El anestesista Hernán Boveri (50) y Delfina Lanusse (residente de tercer año de Anestesiología en el Hospital Italiano desde septiembre de 2023) fueron citados e imputados, aunque negaron su participación.

La causa avanza sobre un circuito clandestino con ramificaciones en distintos centros de salud, incluyendo el Hospital Rivadavia. Lo que empezó como la muerte de un residente se convirtió en una investigación que todavía no terminó de mostrar su dimensión real.



 
 

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