Ansiedad, depresión y trastornos alimentarios, el costo invisible de las redes: Candela Yatche explica cómo gestionar las emociones para cuidar la salud mental en internet – GENTE Online
 

Ansiedad, depresión y trastornos alimentarios, el costo invisible de las redes: Candela Yatche explica cómo gestionar las emociones para cuidar la salud mental en internet

REVISTA GENTE BELLAMENTE -CANDELA YATCHE
"El problema no es la conexión digital, sino cuando dejamos que una pantalla nos diga cuánto valemos o cómo deberíamos ser”, asegura en diálogo con GENTE la licenciada en psicología y fundadora de Bellamente, un proyecto que trabaja en la prevención y se enfoca en promoción de la diversidad corporal, sexual y de género.
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Por momentos, las redes sociales parecen un espejo infinito donde todos buscan verse reflejados, ser vistos, pertenecer. Pero detrás de esa hiperconexión se esconde un costo emocional que pocas veces se nombra –o si se lo hace, no en toda su complejidad– con claridad: ansiedad, comparación, hostigamiento, pérdida de tiempo y, sobre todo, una desconexión profunda con lo que ocurre fuera de las pantallas.

Candela Yatche, psicóloga y fundadora de Bellamente, lleva años trabajando por la promoción de la diversidad corporal, sexual y de género, y la prevención de los trastornos alimentarios. En diálogo con GENTE, reflexiona sobre cómo el uso cotidiano de las redes está afectando la salud mental y qué podemos hacer, desde el lugar de cada usuario, para volver a tener una relación más humana con lo digital.

Además, la autora de los libros Bellamente y Consumidas detalla cómo la búsqueda constante de nuestra atención por parte de las plataformas está generando un impacto real en nuestros niveles de ansiedad, depresión y en la percepción de nuestro propio cuerpo, y ofrece estrategias claras para establecer límites y fomentar un "amor propio real".

Candela Yatche fundó Bellamente en 2018 a partir de sus vivencias en el último año de secundaria, momento en que la "carrera" por el "cuerpo perfecto" era una obsesión. Licenciada en Psicología en la UBA y activista por la diversidad, se dedicó especialmente a abordar trastornos alimenticios.

–Venís trabajando hace años con temas de autoaceptación y salud mental. ¿Qué te pasa cuando ves cómo las redes, que nacieron para conectar, terminan siendo espacios donde muchas personas se sienten cada vez más solas o heridas?

–Existe una gran contradicción respecto a las redes sociales. Si bien nacieron con el propósito de conectar a personas alrededor del mundo, hay una realidad ineludible: desde un principio, hubo y sigue habiendo un incentivo muy grande por captar la atención de las personas. Candela Yatche explica que si las plataformas logran capturar la atención en las pantallas, ese es tiempo que la persona no está dedicando a otras actividades, como mirar a alguien a los ojos, tomar un café o participar en juegos grupales. 

La especialista señala que el esfuerzo constante por capturar nuestra atención ha provocado que le restemos atención a cosas a las que antes sí prestábamos foco, y la pongamos en las pantallas, "saltando constantemente de una red social a otra". Si bien las redes tienen aspectos muy positivos, expandiendo la posibilidad de encuentros, es crucial cuestionar la calidad humana de estos. 

La psicóloga alerta que hoy en día "se están registrando récords en ansiedad, depresión, y trastornos alimentarios, muchas de estas cuestiones relacionadas a la salud mental están ligadas al uso de la tecnología y el impacto que esta tiene". 

Desde su expertise en la Universidad de Stanford –institución en la que fue becada para hacer una maestría y donde hoy trabaja–, también analiza la repercusión en las personas que recurren al ChatGPT para tratarse psicológicamente, práctica que es "uso número uno dentro de la IA" –según un informe publicado por Harvard. Aunque hay chatbots diseñados para acompañar procesos que son útiles en lugares con poco acceso a profesionales, comenta, “no todos los modelos están preparados para contener emocionalmente”. 

Consumidas, su segundo libro, "nace de ver la cantidad de exigencias estéticas que tenemos y su impacto en nuestras vidas y del costo que demanda a nivel tiempo, energía, dinero y salud física, mental y emocional".

La puerta abierta al odio: ¿por qué la violencia digital es tan fácil?

En el pasado, la comunicación de los medios (radio, televisión, diarios) era mayormente unidireccional. En la actualidad, la bidireccionalidad es constante: todo lo publicado en redes puede recibir comentarios, lo cual abre la puerta a la opinión (no solicitada) del otro ininterrumpidamente. 

Hoy parece normal entrar a una publicación y ver cientos de comentarios violentos. ¿Qué hay detrás de ese odio tan fácil? ¿Por qué tanta gente descarga su enojo en otras personas desde una pantalla? 

Yatche confiesa que, aunque no termina de entender por qué existe tanto enojo, es fundamental analizar la dinámica de estas reacciones, el objetivo que tienen, y el hecho de que generalmente no hay consecuencias negativas para quienes ejercen violencia digital o discursos de odio. 

Detrás de este comportamiento violento existe la creencia de que a la otra persona, especialmente si tiene muchos seguidores, "no le va a afectar" o "se la tiene que bancar" porque cobra dinero por su trabajo en redes. Otra dinámica tóxica es asumir que, si una persona sube una determinada foto o video, está habilitando la crítica, el derecho a juzgar lo que es visto o simplemente expresiones de odio por odio mismo. 

Aunque la tecnología haya transformado nuestro modo de vincularnos, "el bienestar debe ser nuestra prioridad", subraya Yatche.

Hostigamiento y el costo de ser visible

La violencia digital, incluyendo aquella relacionada con discursos de odio y cuestiones de género, es muy dañina. La psicóloga menciona que se observa un foco desmedido en el cuerpo de las mujeres que son referentes o periodistas, opinando sobre su apariencia física más que sobre sus ideas, sus proyectos o lo que están diciendo. Si bien este tipo de comentarios existían antes de manera privada ("en la casa"), ahora están ahí, explícitos, y –como si el costo de la exposición fuera recibir cualquier respuesta, como un putching ball– se ejercen en manada y de manera indiscriminada. 

Mucho de ese odio se organiza en ataques masivos en redes. Yatche explica qué consecuencias puede tener en la salud mental de quien percibe ese nivel de hostigamiento. Entre ellas, destaca: 

Ansiedad social: La persona comienza a pensar mucho más lo que comparte.

Miedo a la transgresión: Existe el temor de que esos comentarios negativos se traspasen a la presencialidad, a la "vida real".

Aislamiento.

Insatisfacción corporal: Si los ataques están relacionados con el cuerpo, pueden fomentar una profunda insatisfacción.

La fundadora de Bellamente es enfática en señalar que, aunque haya personas que usan perfiles públicos o las redes para trabajar, eso no justifica que sean hostigadas constantemente. 

Actualmente, además de organizar a distancia la agenda de su equipo en Bellamente, la terapeuta y activista por la diversidad investiga sobre salud mental e inteligencia artificial en la Universidad de Stanford. Allí colabora específicamente en el Laboratorio para la Innovación en Salud Mental.

La violencia estética en la era de los filtros, el doble filo de las IA y las consultas sobre delgadez

¿Cómo influyen los ideales de belleza que circulan en redes en la autoestima y en la ansiedad, sobre todo en adolescentes, que están organizando valores, sentimientos y el "quién soy" incluso en medio de la presión por armar una identidad digital en la que "todos debemos encajar"?

La violencia estética está operando más fuerte que nunca. Esta opera no sólo en la cotidianidad (falta de talles de ropa, bullying, comentarios familiares), sino también de manera intensa en la era digital. Candela Yatche "destaca la facilidad con la que hoy se puede cambiar cualquier parte del cuerpo gracias a filtros y herramientas de edición" y lo popularizada que está la alteración digital. Observa cómo las plataformas constantemente ofrecen cosas para modificar la imagen y dictar "cómo deberíamos ser". 

A esto se suma la publicidad relacionada con la industria estética, que puede ser perversa: utiliza mecanismos que apuntan a una inseguridad de la persona, diciéndole que su cuerpo "no está bien" y ofreciéndole una solución para que "esté bien". Tales mecanismos afectan gravemente la salud mental. El impacto es tal, asegura, “que las chicas menores de edad ya usan cremas antiarrugas”. 

Yatche tiene claro su propósito: el de ayudar a las futuras generaciones a crecer libres de mandatos sociales. "Por eso investigo y desarrollo estrategias para prevenir la insatisfacción corporal y promover la salud física, mental y emocional", resume.

La adolescencia enfrenta un desafío enorme: no sólo deben aceptar sus cambios corporales: deben "habitar las redes sociales y exponerse en esa vidriera virtual". Esta exposición constante y editada genera una distorsión entre la imagen que se muestra en las redes y la imagen que el espejo devuelve. La presión de no querer decepcionar la mirada ajena es tan fuerte que "durante la pandemia muchas personas evitaban volver a las clases presenciales porque su cuerpo era muy distinto al que mostraban en línea". 

Además, hay otro tema preocupante que Yatche investiga desde hace tiempo: "Cómo se relaciona ChatGPT con los trastornos de conducta alimentaria". Cuenta como ejemplo el caso de "un padre uruguayo que descubrió que su hija de 14 años estaba recibiendo consejos del chat para ocultar su trastorno con la comida". "En pleno regreso de la glorificación de la delgadez extrema", la especialista enfatiza en cómo esta costumbre de "preguntarle todo a los chatbots" puede ser una "tendencia que nos pone en riesgo".

Y ahí, Cande va al grano, trayendo a colación "un estudio comparativo que incluyó los 6 chats más populares", que demostraron que "en casos de crisis como psicosis, violencia doméstica o suicidio, las plataformas no reconocieron el riesgo inminente y fallaron en brindar orientación práctica".

Amor propio sin filtros: un proceso en construcción 

–Desde Bellamente promueven la idea de amor propio real. ¿Cómo se hace para sostener la autoestima cuando todo a nuestro alrededor parece pedirnos ser otra persona y donde a la vez cada vez es más fácil construir apariencias y “marca personal”?

–Esto del amor propio real es muy interesante porque hoy en día está esta idea de que “amo toda parte de mi cuerpo”; los gurúes del amor propio que, más allá de ayudarnos parecen exigirnos más. Yo trabajo de esto hace ocho años, soy psicóloga y aún así sigo teniendo días con bajones. El proceso de la deconstrucción y de llevarse bien con el cuerpo de una misma es un proceso con subes y bajas. También hay que entender que somos seres sociales y que el entorno nos influye, pero que podemos elegir por quienes nos rodeamos y qué contenido consumimos para generar espacios más amables con el cuerpo. 

–¿Cómo afecta lo que nos decimos? 

–Hay estudios que muestran que las conversaciones que tenemos día a día impactan en nuestra imagen corporal. Entonces, claramente, no es lo mismo si estamos en un grupo de amigas/os donde constantemente se habla del cuerpo o si tenemos una familia que critica cómo nos vemos, que si estamos en espacios en donde la apariencia física no es tema central de conversación. Lo ideal es hablar sobre proyectos, hobbies y personalidades –lo mismo con el contenido que consumimos en redes– pero no está mal si vimos algo que nos hizo sentir mal. No somos de piedra, por así decirlo. 

"El amor propio real no es sentirse bien todos los días, sino aprender a tratarnos con amabilidad incluso cuando no podemos hacerlo perfecto", sostiene la psicóloga.

Límites no negociables, resaca emocional, responsabilidad compartida y recursos

¿De quién es la responsabilidad del impacto emocional que generan las redes? ¿De las empresas o de los usuarios? “De ambos”, responde Yatche sin dudar. “Las plataformas tienen que seguir tomando medidas contra los discursos de odio y el contenido nocivo, pero nosotros también debemos aprender a cuidar nuestro espacio digital”.

Yatche recomienda usar las herramientas disponibles: poner límites de tiempo, activar filtros para bloquear palabras ofensivas, mutear cuentas que nos hacen mal, o hacer privados los perfiles si es necesario.

Hay que salir del piloto automático. Pasamos de una red a otra sin pensar, y después nos damos cuenta de que tenemos una especie de ‘resaca emocional’ del contenido que consumimos”, explica. Su consejo es simple: “Si algo te hace mal, no lo consumas. No es debilidad, es autocuidado”.

Para usar las redes a nuestro favor, la estrategia principal es, destaca: limitar el contenido que nos hace mal y potenciar lo que nos hace bien. Así como existe contenido muy malo, también hay cosas que inspiran y dan tranquilidad, expresa. “Eso que logra desconectarnos cuando terminamos de trabajar”, agrega la terapeuta. 

Cuidar la mente sin desconectarse del mundo

Renunciar a las redes no parece una opción realista. Pero sí es posible usarlas con mayor conciencia. “Así como hay contenido que daña, también hay otro que inspira. En TikTok, por ejemplo, existen cuentas de libros, de arte, de salud mental que generan calma. Lo importante es potenciar lo que nos hace bien y limitar lo que nos hiere”, plantea Yatche.

También sugiere una práctica que parece obvia, pero que cuesta sostener: “Si estamos con alguien en persona, soltar el teléfono”. Es, en definitiva, una forma de recuperar presencia, una de las habilidades más erosionadas por la hiperconexión.

"Cuidar la salud mental no es desconectarse del mundo, sino aprender a poner límites en el digital", explica Yatche.

Y otra recomendación: “No sentirnos obligados a mostrar todo. Cada uno puede decidir qué compartir. En mi caso, muestro mi trabajo, pero no mi vida personal, aunque me lo pidan. Es un límite que me hace bien”. Para Yatche, el punto de partida siempre es el mismo: preguntarse si estamos viviendo la vida que realmente queremos vivir, o si sólo la estamos mostrando.

Tabúes pendientes y el desafío de acompañar

La conversación también abre espacio a otro tema clave: los tabúes en torno a la salud mental. “Hay que hablar más de cómo acompañar a alguien que está en tratamiento –por depresión, ansiedad o un trastorno alimentario– sin juzgar ni invadir”, propone Candela.

Muchas veces, sostiene, el problema no es la falta de empatía, sino el desconocimiento. “No sabemos qué decir, qué planes proponer, cómo acompañar a alguien que, por ejemplo, dejó de tomar alcohol porque está con una medicación psiquiátrica. Hablar de eso con naturalidad sería un gran paso cultural”.

–Por último, si pudieras cambiar algo en la manera en que usamos las redes (una regla, una costumbre, una mirada), ¿qué sería lo primero que transformarías para que sean un lugar más amable?

–Si pudiera cambiar una cosa una sola cosa limitaría a una hora de red social por día a todos los usuarios del mundo para ser más conscientes y elegir mejor qué contenido consumir. Ese sería mi cambio. Y agrego que no se pueda tener más de una cuenta; máximo dos perfiles. Si desde el vamos tenés menos tiempo conectado, ya ganás espacio para hacer otra cosas: practicar deporte, juntarte con gente a tomar mate, comer algo rico, prendarte a un hobbie, escuchar música, lo que sea. Las redes están consumiendo demasiado nuestro tiempo y atención.

Fotos: Diego García
Arte digital: Darío Alvarellos



 
 

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