El sábado pasado, un brutal accidente conmocionó a la familia de Juan Cruz Zanaboni, un buzo profesional de 36 años oriundo de Temperley y formado en Puerto Madryn, Chubut, con más de una década de trayectoria.
Es que el joven deportista sufrió un cuadro de casi ahogamiento mientras practicaba apnea en una pileta de Bahamas. La situación fue crítica desde el primer momento: lo encontraron desvanecido en el agua y, de inmediato, comenzó una carrera desesperada por salvarle la vida.

Según relató su pareja, Cecilia Bacella, Juan Cruz fue hallado inconsciente y con las pulsaciones muy bajas. En el lugar le practicaron maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) que permitieron estabilizarlo. Luego, fue trasladado de urgencia a un hospital de Freeport, la ciudad principal de Grand Bahama. Allí permaneció intubado, con los pulmones llenos de agua y en estado crítico.
Los días siguientes fueron de incertidumbre. La familia, que en todo momento acompañó a la distancia y gestionó cada detalle, comenzó a buscar alternativas para trasladarlo. “Fue un esfuerzo enorme, pero logramos sacarlo de Bahamas y llevarlo a México, donde puede recibir una atención más adecuada”, confirmaron sus allegados a revista GENTE.
Es que, para su recuperación Juan Cruz necesita una máquina médica de soporte vital avanzado, llamada ECMO, la cual no disponían en Bahamas. Es por eso que para su recuperación y estabilidad era necesario sacarlo de ese país de forma urgente.

El traslado de Juan Cruz a México
Este martes, finalmente, se concretó el viaje en avión sanitario hacia Cancún. La noticia trajo alivio, pero también abrió un nuevo desafío económico. Luca Cristino, sobrino de Zanaboni, explicó a revista GENTE: “El traslado finalmente se consiguió pero ahí no termina la colecta. Los costos médicos son muy altos y corren por cuenta nuestra”.
La novia del joven buzo, por su parte, comentó en sus redes que el costo diario del hospital donde fue derivado Juan Cruz es de US$10.000. Por eso, familiares y amigos siguen impulsando la campaña solidaria para cubrir los gastos hospitalarios y de recuperación.

La colecta solidaria por Juan se transformó en el motor que sostiene la esperanza de sus seres queridos después de este dramático episodio. Zanaboni llevaba más de 12 años trabajando como buzo. Sus colegas lo describen como un apasionado del mar, comprometido y siempre dispuesto a enseñar. Hoy, es esa misma comunidad la que se une para darle fuerzas en la batalla más difícil de su vida.
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