La autopsia al cuerpo de Maitena Garófalo, la adolescente de 14 años que había sido intensamente buscada luego de no ingresar a clases en Merlo y aparecer sin vida en General Las Heras, arrojó definiciones clave para la causa. El resultado preliminar indicó que la muerte se produjo por asfixia mecánica por ahorcadura y que no surge intervención de terceros en la mecánica del hecho, un dato que, en términos judiciales, orienta la investigación hacia una hipótesis de suicidio mientras se completan estudios complementarios.
El examen forense se realizó con carácter urgente durante la mañana del viernes, y los peritos ubicaron la data de muerte entre 24 y 36 horas previas a la autopsia, lo que sitúa el fallecimiento entre la noche del miércoles y la madrugada del jueves, aunque los investigadores aclararon que el margen horario puede presentar imprecisiones según el contexto del hecho. En paralelo, se tomaron muestras para pericias toxicológicas y anatomopatológicas, que suelen aportar información sobre condiciones previas y eventuales consumos o patologías, y el cuerpo era trasladado para ser entregado a la familia.
Para entender por qué el expediente quedó rápidamente bajo la lupa pública, hay que volver al inicio de la secuencia: Maitena salió de su casa y llegó hasta la puerta de la escuela secundaria a la que asistía —la EES N°16 de Merlo— junto a su hermana, como hacía habitualmente. Sin embargo, esta vez no entró. La desaparición se advirtió al mediodía, cuando su madre fue a buscar a sus hijas y se encontró con que Maitena nunca había ingresado. La denuncia activó un operativo de búsqueda que, con el correr de las horas, sumó un elemento que estremeció a la familia: en la casa quedaron cartas de despedida, además de otros rastros que abrieron líneas de investigación sobre sus últimas decisiones.
En ese punto, la reconstrucción del recorrido se volvió central. Cámaras de seguridad la registraron caminando sola en la zona de Merlo y, luego, en estaciones vinculadas al trazado del tren Sarmiento, una trama de imágenes y horarios que los investigadores usaron para delimitar el trayecto hasta General Las Heras. La causa quedó partida —por jurisdicción y por etapas— entre la fiscalía de Morón, que intervino inicialmente por la averiguación de paradero, y la fiscalía de Mercedes, que tomó la investigación tras el hallazgo del cuerpo y recibió el informe preliminar de autopsia.
Según trascendió de la investigación, en el expediente aparecen elementos que refuerzan la idea de planificación: además de mensajes de despedida, los investigadores trabajaban sobre dispositivos y comunicaciones vinculadas a la vida digital de la adolescente. En ese terreno, la causa pisa con cuidado: en las primeras horas circularon versiones sobre contactos remotos o números extranjeros, pero fuentes del caso remarcaron que no había indicios de instigación delictiva confirmados y que el análisis del material digital seguía en curso, incluyendo el peritaje de teléfonos y contenidos que podrían aportar contexto sobre el estado emocional y el entorno de vínculos.
La conmoción alrededor del caso también reabrió un debate incómodo pero necesario: qué señales se ven —y cuáles no— cuando una adolescente atraviesa un momento límite, y cómo intervienen la escuela, la familia, los grupos de pertenencia y las pantallas. En Argentina existen líneas gratuitas y confidenciales para pedir ayuda: el Centro de Asistencia al Suicida ofrece la Línea 135 (gratuita en CABA y GBA) y también los números (011) 5275-1135 y 0800 345 1435 desde todo el país; y para niñas, niños y adolescentes funciona la Línea 102, de alcance nacional, como espacio de escucha y orientación.
Mirá También

"Yo no maté a mi hijo": el gélido testimonio de la mamá de Ángel que estremece a Comodoro Rivadavia
Mirá También



