Desde este lunes, la ciudad de San Cristóbal, en Santa Fe, vive bajo un silencio que todavía lastima por el tiroteo en la Escuela Normal Superior N° 40 “Mariano Moreno” que terminó con la vida de Ian Cabrera y dejó un saldo de varios alumnos heridos.
Sin embargo, la conmoción por el asesinato de Ian, un adolescente de apenas 13 años, escaló a niveles mayores al conocerse el vínculo visceral que entrelazaba a la familia de la víctima con la del agresor.
Karina, tía directa de Ian por ser hermana de Mirian, la mamá del nene asesinado, trabajó durante veinte años en la casa de Mabel, la madre del atacante, y fue prácticamente quien "lo crió" y lo vio crecer desde que era un bebé.
Esta paradoja atroz, donde la mujer que brindó afecto y cuidado al victimario hoy atraviesa el duelo más desgarrador por su propio sobrino, dejó a los 15 mil habitantes de la zona en un estado de estupor absoluto.

Cómo fue el tiroteo en la Escuela Superior “Mariano Moreno”
El ritual sagrado del izamiento de la bandera en la Escuela Normal Superior N° 40 “Mariano Moreno” se convirtió en una escena de pesadilla cuando un alumno de 15 años, ingresó al establecimiento con una escopeta de doble caño oculta en una funda de guitarra.
Tras cargar el arma en el baño, el joven salió al patio y abrió fuego de manera indiscriminada, alcanzando a Ian por la espalda.
Qué se sabe de la familia de Ian Cabrera
La víctima fatal, que recién cursaba su primer año de secundaria, había elegido esa escuela con entusiasmo este mismo año porque "algo le gustó de ahí", dijo Mónica, otra de las tías del niño, quien lo recordó con una ternura que hoy suena a despedida: "Un chico normal de 13 años, alegre, que le gustaba jugar al fútbol y juntarse con sus amigos".
Detrás del estrépito de los disparos, emergió una historia de intimidad cruzada que nadie pudo prever. "Mi hermana (por Karina) trabaja en la casa de ella (por Mabel). Ella lo crió al chico ese", reveló Mónica en un testimonio exclusivo que expuso la profundidad del lazo.

Karina, la tía de Ian, pasó dos décadas compartiendo la cotidianeidad con la familia del agresor, cuidándolo mientras su madre, Mabel, debía trabajar y viajar.
El destino quiso que ese joven que Karina vio crecer terminara con la vida de su sobrino, a quien Mónica describió como un ser "muy bonito" y sumamente "sociable".
El entorno del agresor también quedó devastado por la magnitud de los hechos. Mabel, la madre del atacante, se encuentra "absolutamente destrozada" y, en un gesto de desesperación y culpa, llamó por teléfono a su empleada de años y tía de la víctima para pedirle disculpas entre lágrimas.

Según trascendió, el adolescente atravesaba un "conflicto intrafamiliar muy complejo" y se encontraba bajo tratamiento psicológico tras episodios de autolesiones e ideas suicidas que, lamentablemente, nadie supo leer a tiempo como señales de una tragedia inminente.
Mientras la Justicia de menores interviene en el caso —dada la inimputabilidad del agresor por su edad—, la familia de Ian intenta encontrar respuestas que no existen.
Mónica lanzó una pregunta que resuena en cada rincón de San Cristóbal: "¿Por qué lo hizo? Si él no le hacía mal a nadie...". La tía además reconoció que, ante el dolor, la bronca la sobrepasa: "Yo como tía y madre, si lo llego a ver, soy capaz de cualquier cosa".
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