La investigación judicial que tiene como acusado al empresario Marcelo Porcel (51) sumó en las últimas horas uno de los testimonios más escalofriantes del expediente. Fue la declaración de uno de los últimos adolescentes que habló en Cámara Gesell y que reconstruyó una escena que, por su nivel de detalle y crudeza, volvió a poner el foco en el núcleo más oscuro de la causa.
Según trascendió, el chico contó que se encontraba junto a otros menores en uno de los dormitorios del departamento principal de Porcel, ubicado en la calle Godoy Cruz. Era de noche y estaban por irse a dormir. Vestían apenas calzoncillos. En ese contexto, siempre de acuerdo al testimonio, el empresario ingresó a la habitación, apagó la luz y comenzó a hacerle masajes a otro de los chicos.

La secuencia, sin embargo, tuvo un desenlace que marcó un antes y un después en el expediente. De acuerdo a una fuente del caso citada por Infobae, cuando Porcel se retiró del cuarto, el menor que había recibido los masajes se acercó a uno de los hijos del empresario y lanzó una frase que quedó grabada en la causa: “Che, tu viejo me tocó”.
Ese comentario, dicho entre chicos, se transformó en uno de los ejes más inquietantes de la investigación. No solo por la escena en sí, sino porque, para los investigadores, encajó con un patrón de conductas que ya había sido descripto por otras presuntas víctimas.
El contexto de una causa que no deja de crecer
Porcel fue denunciado en julio de 2024. Las acusaciones señalaron que llevaba a los compañeros de sus hijos —todos alumnos del colegio Palermo Chico— tanto a su domicilio de Godoy Cruz como a su oficina de Avenida del Libertador, en el barrio porteño de Retiro. Allí, según los testimonios, organizaba “reuniones y fiestas” en las que se quedaba a solas con los menores.
Un entramado que comenzó a salir a la luz
Desde la denuncia de los padres, la causa no dejó de crecer. Los adolescentes, todos compañeros de escuela de sus hijos en el colegio Palermo Chico, aseguraron que el empresario se aprovechaba de su influencia, de su poder económico y del vínculo de confianza construido a partir de la amistad con sus hijos para acercarse a los menores y quedarse a solas con ellos.
La investigación está a cargo del fiscal Pablo Turano, de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°1, y del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°50, a cargo de Carlos Bruniard. Con el avance del expediente, el número de presuntas víctimas ascendió a 11, pertenecientes a 9 familias querellantes, ya que dos de los chicos son hermanos.
Las 9 familias están representadas por el abogado Pablo Hawlena Gianotti, mientras que la defensa del empresario quedó en manos de Roberto Rallin.

Alcohol, dinero y desafíos
De acuerdo a las pruebas incorporadas a la causa, en esos encuentros Porcel les proveía alcohol a los adolescentes, organizaba juegos, desafíos y apuestas online, y ofrecía dinero como recompensa. Los pagos, según los testimonios, se realizaban tanto en efectivo como mediante transferencias a billeteras electrónicas.
Para los investigadores, ese combo —alcohol, dinero y entretenimiento— funcionaba como un mecanismo para generar dependencia y romper límites. Los chicos coincidieron en que el empresario lograba así crear un clima de confianza que luego derivaba en situaciones de intimidad no consentidas.
Hasta el momento, diez menores ya declararon en Cámara Gesell. La Justicia aguarda los informes psicológicos para definir un eventual llamado a indagatoria, mientras el expediente seguía sumando elementos de peso.
“A mí me gustan los pibes que tienen códigos”
La semana previa a esta última declaración, la causa ya había provocado conmoción pública por la difusión de una frase que, según varios testimonios, Porcel les habría repetido a los menores en distintas oportunidades: “A mí me gustan los pibes que tienen códigos, los que saben cuándo callarse”.
Entre los hechos denunciados, los adolescentes describieron “tocamientos” durante supuestos “masajes” con “aceites especiales” que, de acuerdo a sus relatos, comenzaban como una excusa para aliviar dolencias físicas y terminaban con manoseos en los genitales.
A ese cuadro se sumaron mensajes encontrados en el teléfono celular del empresario, entre ellos expresiones como “Me tenés abandonado”, que quedaron bajo análisis judicial por su contenido y contexto. También se incorporaron relatos sobre incentivos para realizar apuestas online, para las cuales el acusado habría facilitado dinero.
En ese marco, el testimonio que incluyó la frase “Che, tu viejo me tocó” volvió a colocar en primer plano la dimensión más íntima del horror denunciado. No se trató de un episodio aislado, sino de una escena que dialogó con otros relatos y que reforzó, para la Justicia, la existencia de un mismo patrón de abuso.
