La historia de Agostina Páez suma un nuevo capítulo que, por su timing y por su carga simbólica, vuelve a encender la polémica en redes sociales. En las últimas horas comenzó a circular un video que le adjudican a Mariano Páez, en el que se lo ve realizando gestos como imitando a un mono y que fueron leídos públicamente como un acto racista. El impacto del clip no se explica solo por el contenido, sino por el contexto: la escena aparece apenas después del regreso de su hija a la Argentina tras pasar más de dos meses en Brasil por una causa de injuria racial ligada a un episodio similar.
El video del padre se habría registrado en un bar bailable del centro de Santiago del Estero y habría empezado a circular primero a partir de una publicación local, antes de replicarse en otras plataformas. En esas imágenes, además de los gestos, también se lo escucha hacer declaraciones altisonantes sobre el Estado y sobre el dinero de la caución con la que su hija pudo volver al país. La combinación de frases y gestos —en un clima de festejo por el regreso— hizo que el clip explotara en redes con críticas, repudios y un renovado debate sobre cómo se tramitan socialmente y judicialmente conductas asociadas al racismo.

Del otro lado de la historia está el caso que ya era noticia desde el verano. Agostina Páez, abogada e influencer de 29 años, estaba de vacaciones en Río de Janeiro cuando, el 14 de enero, tuvo una discusión con empleados de un bar por un presunto error en la cuenta, y fue filmada retirándose mientras realizaba gestos y sonidos asociados a la imitación de un mono. A partir de esa grabación viral, quedó acusada por injuria racial en la Justicia de Río, un delito que, según la cobertura periodística del caso, prevé penas de dos a cinco años de prisión. Con el correr de las semanas, su situación escaló: permaneció retenida en Brasil y bajo monitoreo, mientras la causa avanzaba.
El 31 de marzo, la Justicia de Río de Janeiro le concedió un habeas corpus que habilitó su regreso a la Argentina, condicionado al pago de una caución equivalente a 60 salarios mínimos (cerca de US$20.000) y a mantener domicilio y datos de contacto para continuar el proceso. Así fue que Páez regresó al país tras abonar esa fianza y quedó a la espera del fallo final desde Santiago del Estero, con plazos estimados de resolución que podrían ubicarse entre 15 y 20 días. Es en ese marco —con el expediente todavía abierto— que el video atribuido a su padre cae como una bomba: por asociación inmediata, por repetición del gesto y por la exposición pública acumulada.
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Asimismo, el video instala una pregunta incómoda: cuánto pesa el entorno cuando una figura intenta reconstruirse tras un episodio que cruzó fronteras y se convirtió en tema de agenda. Para Agostina Páez, que ya regresó al país pero todavía espera la resolución de la Justicia brasileña, el desafío parece doble: resolver su situación legal y, al mismo tiempo, despegar su nombre de imágenes que —por parentesco o por asociación— vuelven a ponerla en el centro de una polémica que no afloja.
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