Cuando la hermana de Alejandro Zalazar llegó al edificio de Juncal al 4600, en Palermo, el 20 de febrero pasado, encontró a varias personas esperando en el hall; una de ellas era Delfina "Fini" Lanusse. La otra era Chantal "Tati" Leclercq. Subieron juntos. Encontraron al anestesiólogo inconsciente e intentaron reanimarlo. Cuando comprobaron que no tenía signos vitales, recién entonces llamaron al 911.
Ese lapso –lo que ocurrió adentro del departamento antes de que llegaran los efectivos– es ahora uno de los focos más calientes de la investigación.
Julieta Zalazar, la hermana del médico fallecido, declaró en la causa: "Cuando llegué al domicilio de Alejandro, me encontré con Chantal Leclercq en el hall del edificio, que además entró al departamento y en un momento dado manipuló el teléfono celular de Alejandro". La justicia cree que Leclercq borró mensajes, fotos o contactos de WhatsApp que podrían comprometer a otros médicos o revelar la red de suministro de fentanilo y propofol.
Esa declaración fue determinante. El 9 de abril, el juez Santiago Bignone imputó formalmente a Leclercq por alterar pruebas. La causa tramitada en el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°60 dio un giro que nadie en el entorno de las médicas involucradas esperaba tan rápido.

Además, según reconstruyó lo sucedido Mauro Szeta –y siempre según los dichos de la hermana de Zalazar, volcados en la causa–, "Fini Leclercq se habría llevado una tablet del departamento de Salazar". Vale aclarar que cuando la allanaron previamente, ese dispositivo no apareció.
La confesión que lo vincula todo
Ante el Ministerio Público Fiscal, Leclercq admitió haber consumido propofol con Zalazar y haber compartido encuentros con Delfina Lanusse donde utilizaban fármacos de uso quirúrgico con fines recreativos. Las sustancias que reconoció haber consumido fuera del ámbito hospitalario incluían propofol, ketamina, fentanilo y midazolam.
Respecto al origen de esos fármacos, Leclercq admitió haber sustraído medicamentos del Hospital Bernardino Rivadavia, donde cursa el tercer año de la residencia en anestesiología. También aclaró que los episodios de consumo con Zalazar y con Lanusse se produjeron por separado, en momentos distintos, y que nunca coincidieron los tres en un mismo encuentro.

Leclercq es la figura que conecta los hechos que salieron a la luz tras la muerte del anestesista: conoció a Zalazar durante la residencia compartida en el Rivadavia y a Lanusse durante sus años en la Universidad Austral, donde las dos se formaron y mantuvieron un vínculo cercano que continuó en los espacios laborales.
La reconstrucción de los hechos: cómo fue la última noche de Alejandro Salazar
Según pudo reconstruir la justicia, la última persona en hablar con el anestesista fue Chantal Leclercq.
Las imágenes de seguridad del edificio de Juncal al 4600 fueron uno de los elementos de prueba que más presionaron sobre las dos residentes. Las grabaciones registraron que Leclercq había entrado y salido del departamento el mismo día de la muerte de Zalazar. También captaron a Lanusse ingresando al edificio junto a otras dos personas que aún no fueron individualizadas –una de ellas vestía un ambo médico–.
Al retirarse del lugar, Lanusse llevaba un objeto en la mano que, por su tamaño y forma, los investigadores consideraron compatible con una tablet con funda negra que, según indicios incorporados al expediente, no tenía consigo al ingresar.

Leclercq fue la última de las presentes en abandonar el lugar. Ese detalle, sumado al testimonio de la hermana de Zalazar sobre la manipulación del teléfono, cerró el cuadro que llevó al juez Bignone a ordenar la imputación.
El escándalo que destapó el flagelo del consumo de opioides
El término "Propofest" resume cómo fármacos diseñados para inducir anestesia general, administrados fuera de quirófano, sin monitoreo médico, en un contexto de consumo –ya sea en las famosas fiestas clandestinas o en encuentros privados– pueden ser causales de un altísimo riesgo de muerte.
En relación al creciente consumo problemático entre el personal sanitario, la médica clínica Mariana Lestelle fue más allá de los anécdotico y profundizó: "El burnout y los trastornos de ansiedad aumentaron muchísimo". En su análisis ante GENTE, la profesional de la salud apuntó a la cadena de responsabilidades y explicó que no hay que demonizar a los anestesistas. "La adicción está en todos los ámbitos", puntualizó.
Por su parte, en esa misma línea, una fuente del caso que prefirió el anonimato se explayó acerca del consumo de propofol y fentanilo por parte del personal médico. "Una cosa son los efectos de la medicación y sus efectos añadidos, y otra cosa son las características de las personas que la usan. Estas personas tienen una tendencia a ser adictos pero no todos los anestesistas se pegan el palo con eso", explicó.
Además, puntualizó que "la medicina es una manera de acceder a ciertas sustancias a las que no accede la población en general, pero eso no significa que todos seamos ni abusivos ni adictos".


