El relato de Christopher Anderson, el fotógrafo encargado de capturar la imagen de Jeffrey Epstein (1953-2019) para un artículo de Michael Wolff en New York Magazine en 2015, es un testimonio escalofriante sobre el modus operandi del condenado depredador, fallecido en prisión den 2019.
Lejos de ser una simple sesión de fotos, el encuentro se convirtió en una tensa negociación que terminó en intimidación y censura. El fotógrafo, que en ese momento luchaba por mantener a su joven familia, fue abordado por el propio Epstein antes de que se disparara el obturador.
"No sabía mucho sobre él, aparte del hecho de que tenía fuertes conexiones con hombres poderosos. Quería reunirse conmigo antes de la sesión para negociar la compra de las fotos después de la publicación", reveló el fotógrafo en un explosivo e inesperado posteo de Instagram.

El financiero, con una perspicacia calculada, no solo preguntó por el valor de las imágenes, sino que ofreció de inmediato 20 mil dólares para asegurar la exclusividad y comprar el material tras su publicación, un acuerdo que la revista permitió.
El cheque y las amenazas, en primera persona
"Cuando Epstein llegó, sus ojos me midieron como alguien que siempre buscaba los ángulos", lo describió Anderson. "Él escribió un cheque personal por 20 mil y me lo entregó. La revista ya me había dado permiso para hacer tal arreglo, y dejamos claro que no vería ninguna de las fotos hasta después de su publicación", continuó el profesional de prensa.

Anderson aceptó el cheque personal creyendo haber asegurado un respiro económico ya que "básicamente vivía mes a mes". Sin embargo, la calma duró poco. Días después, Epstein, aparentemente insatisfecho o temiendo la exposición, se retiró de la historia y comenzó una campaña de presión.
"Varios días después, empezó a llamarme para exigir las fotos. Reiteré que las fotos no eran suyas hasta después de su publicación. Entonces comenzaron las amenazas", narró Anderson.

La situación escaló rápidamente: el financiero envió a su guardaespaldas y conductor, Merwin –descrito como un hombre corpulento vestido con un largo abrigo negro y guantes de cuero–, a intimidar al fotógrafo en su propio estudio.
Este acto de fuerza funcionó: la revista New York Magazine tomó la decisión de matar la historia por completo. Merwin regresó posteriormente para confiscar el disco duro original, asegurándose de que no quedara rastro físico de las imágenes recién tomadas.
El tesoro perdido: un disco duro rescatado que revela abusos y complicidades
Horas atrás y en medio del escándalo por la desclasificación de los Archivos Epstein, Anderson fue protagonista de un hallazgo inesperado y potencialmente explosivo: encontró una copia de aquellas fotos en un viejo disco duro. Este rescate póstumo del material fotográfico no solo confirma la existencia de las imágenes, sino que revela contenidos mucho más sensibles que retratos en sí.
En una de las tomas del escritorio, se puede distinguir claramente un documento impreso: un intercambio de correos electrónicos fechado en 2011 y relacionado específicamente con el pago o la gestión de asuntos concernientes "a un duque y una duquesa".

Sin vueltas, el escrito quedó naturalmente relacionado con el príncipe Andrés, también llamado Duque de York, y quien fuera su mujer, Sarah Ferguson, quienes aparecen mencionados "en copia" en el mail simplemente como "El Duque" y "Sarah". El mail estaba dirigido a Amanda Thirks, la antigua secretaria de Andrés Mountbatten-Windsor y Sarah Ferguson.

Eso explicaría la "desesperación" de Epstein quien, probablemente, se percató del detalle olvidado en el escritorio y no estaba dispuesto a dejar rastros de un negociado con un ente tan sensible como la corona británica.
El mail de Epstein con Andrés y Sarah, nuevo escándalo que otra vez deja mal parada a la corona británica
A continuación, transcribimos el mail encontrado en el que Epstein se refiere no sólo a "acuerdos financieros pactados directamente con el Duque y la Duquesa" si no también claramente a una deuda "en concepto de salarios".
"Estimada Amanda,
Les he expresado mi preocupación de que, a pesar de todos nuestros esfuerzos concertados, sigo sin recibir el pago. Los acuerdos financieros fueron pactados directamente entre el Duque, la Duquesa y yo durante unos 2 meses. Sin embargo, por lo que entiendo, no existe ningún plan establecido para pagarme los $59,933 que ahora se me deben claramente. Acepté reducir la cantidad que me deben la Duquesa en concepto de salarios de $72,596 a $59,933 para llegar a un acuerdo con el Duque y la Duquesa. Posteriormente, la Duquesa me envió un correo electrónico, dos veces, indicando que mi oferta era aceptable tanto para ella como para el Duque. No renuncio a mi derecho a recibir este dinero a la ligera, dados los compromisos económicos en los que incurrí como resultado de este impago y la sostenida lucha que he soportado para intentar mantenerme y pagar mi curso de MBA en Columbia".

En el correo, Epstein afirma que la supuesta deuda de los entonces duques de York le impedía afrontar algunos pagos, entre ellos el MBA de la Columbia Business School de Nueva York, un máster en administración de empresas.
Este detalle, encontrado en un entorno de presunto abuso, suma una sospechosa capa de implicancia política y monárquica al imperio de Epstein que ya había salido a la luz, pero no con supuestos pagos. Hasta ahora, sí era conocida la amistad entre la Casa Windsor con Epstein y Maxwell Ghislaine: la por entonces pareja había compartido algunos veranos en una casa de huéspedes de la reina Isabel II y, como ya es sabido, el príncipe Andrés era casi un íntimo suyo.
El otro vínculo revelado recientemente a partir de los Archivos Epstein fue con la princesa Sofia de Suecia, quien figura en los archivos como uno de los nombres invitados a la infame isla de Epstein bastante antes de ser royal.
Los detalles inquietantes fotografiados por Anderson y la revelación de cómo Epstein compraba el silencio de los medios
Más allá del correo electrónico, las imágenes registran la atmósfera opresiva del entorno de Epstein. El fotógrafo logró capturar un retrato del financiero, pero también documentó su entorno de trabajo.
En una de las oficinas se observa un tigre disecado, un detalle que se dio a conocer hace poco entre los miles de documentos que forman parte de los Archivos Epstein, revela vestigios de su compleja psique.

El relato de Anderson subraya la facilidad con la que Epstein podía operar bajo el radar, utilizando su dinero para comprar el silencio de los medios y la complicidad de quienes trabajaban para él, como su secretaria privada, Lesley Groff, quien lo asistió durante la visita del fotógrafo.
Pero, además, la historia revelada por Anderson funciona como un recordatorio contundente: incluso cuando una investigación parece haber sido “matada”, la verdad siempre termina encontrando la forma de salir a la luz.
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