Las imágenes parecían sacadas de una película apocalíptica, pero eran desgarradoramente reales. Durante las primeras semanas de este 2026, la Patagonia volvió a arder. Con temperaturas récord y vientos implacables, verdaderas "tormentas de fuego" arrasaron más de 230 mil hectáreas entre Chubut y Río Negro, devorando bosques nativos, forzando la evacuación de miles de vecinos y amenazando tesoros nacionales como "El Abuelo" (el emblemático alerce milenario que tiene 2.600 años).
Y frente al desastre ecológico en localidades críticas como Epuyén y Cholila, la respuesta estatal fue más lenta que el avance del fuego. ¿Quiénes le pusieron el cuerpo a las llamas? Las brigadas comunitarias. Vecinos autoconvocados que, a puro baldazo, motosierra y coraje, salieron a defender su tierra. Faltaban recursos, sobraba desesperación, y los pedidos de auxilio inundaron las redes sociales.

En medio de ese escenario desolador, hubo una voz que logró romper el algoritmo: la de Marianela Saavedra (47). Ella es profesora, escritora y activista por los derechos humanos, pero antes que nada, es una vecina que hace nueve años eligió la Comarca Andina como su lugar en el mundo. Ver su tierra invadida por el fuego la desbordó. Así que una tarde, al volver de llevar provisiones a los voluntarios, la impotencia le ganó. Llegó a su casa y, en un acto de pura desesperación, agarró su celular. Grabó un descargo desgarrador pidiendo auxilio para su comunidad que no tardó en viralizarse: se compartió una, cien, miles de veces.
Y de la nada, apareció la ayuda menos pensada
Esa misma noche, su bandeja de entrada de Instagram le avisó que tenía un mensaje nuevo. No era un seguidor más solidarizándose en los comentarios, sino un mensaje directo de una cuenta verificada con 18 millones de followers. Se trataba de Cazzu.
Del otro lado de la pantalla, la "Jefa" de la escena urbana no dudó un segundo. En medio de uno de los picos más altos de su carrera -viene de un enero histórico cantando folclore en Cosquín y Jesús María, sumó nominaciones a los Premios Lo Nuestro y prepara una gira agotada por Estados Unidos-, vio el video de Marianela y decidió involucrarse a fondo.

"Me escribió directo desde su cuenta de Instagram", recuerda la docente , todavía asombrada, en exclusiva para GENTE. La intención de la artista era clara: no quería derivar el tema a fundaciones intermediarias ni sacarse una foto para la prensa. "Quería contactarse con alguna persona que viviera en la Patagonia para poder acercar su ayuda y que llegara directamente a quienes la necesitan", nos cuenta.
A la mañana siguiente pasaron del chat a una videollamada. Entonces Marianela le contó que las brigadas se sostienen a puro pulmón gracias a los vecinos: "Hay gente que se organiza para cocinar, para hacer traslados, para ir a curar a los brigadistas y hasta para llevar nafta", le detalló. Sin embargo, toda esa voluntad humana tenía un límite: necesitaban equipamiento técnico costoso y no estaban ni cerca de conseguirlo.

El "Girl Power" al rescate
El primer objetivo que se planteó Cazzu fue el de conseguir diez motobombas con sus respectivos accesorios, con la idea de equipar a las brigadas comunitarias. Para conseguirlas, levantó el teléfono y activó a su círculo íntimo.
La respuesta no tardó en llegar. En cuestión de horas, La Joaqui y Emilia Mernes se unieron a la cruzada y entre las tres reunieron 11 millones de pesos, dato que la jujeña le comentó a la activista a través de WhatsApp: "Para que sepas, amor, las motobombas fueron entre Joaqui, Emi y yo", le dijo.
Sin burocracia ni fundaciones de por medio, la logística se resolvió con un nivel de confianza absoluto. "El dinero me lo enviaron ellas directamente de sus cuentas a mi cuenta de Mercado Pago, y ese mismo día fui a comprarlas y las repartimos".



Lo que no se supo (y con lujo de detalles)
El compromiso de la jujeña no se apagó con esa primera transferencia. Al día siguiente, Julieta Cazzuchelli (tal el nombre de nacimiento de Cazzu) redobló la apuesta. Cuenta Marianela Saavedra: "Me llamó y me dijo 'Bueno, vamos a establecer un segundo objetivo: comprar insumos para equipar a 20 brigadistas'", recuerda la referente patagónica.
Esta vez, en la convocatoria sumó a sus colegas varones. En un nuevo mensaje, la cantante detalló quiénes se habían puesto la camiseta: "Lo hice con la plata que me dio Khea y Luck Ra, y unos amigos más: Nico Cotton (mi productor), Facu Ballve (director de videos 'de los pibes') y la gente de Picheo (una fiesta a la que van siempre) también hicieron un pequeño aporte".

Sin embargo en esta etapa la logística cambió por completo. "La compra la hizo directamente Cazzu en un local de Buenos Aires que vende insumos para bomberos. Hicimos una videollamada y equipó a 20 brigadistas con trajes ignífugos, mochilas de agua, rastrillos, antiparras, guantes y mascarillas", relata la activista, destacando el nivel de involucramiento de la estrella.

"Por lo que conozco de estar comprando estos materiales, estimo que ahí se gastaron aproximadamente otros 10 millones. Por lo tanto, el total de la donación debe rondar entre los 21 y 22 millones de pesos", calcula la profesora. Además, subraya un detalle fundamental que demuestra el compromiso real detrás de la pantalla: Cazzu también se hizo cargo económicamente del costoso envío y del seguimiento de todas las cajas hasta el sur del país.
A los pocos días, esa inmensa compra logística aterrizó en el sur. "Tuvimos que ir a retirar las bolsas con un grupo de vecinas", cuenta Marianela sobre el operativo final que transformó su living en un centro de distribución.


Conmovida por la escena, tomó el celular y le mandó una foto a la artista: "Mi casa chiquita llena de amor... gracias. En un rato ya empiezo a repartir", le escribió. Del otro lado, la respuesta de la "Jefa" fue pura euforia: "Qué hermosoooo. VAMOOOOSSS", escribió.
Hoy, con la satisfacción del deber cumplido, la docente confirma que ese equipamiento está combatiendo el fuego: "Las fuimos repartiendo y todo está siendo usad en el terreno".

Algo muy importante: la urgencia continúa
Esta cruzada solidaria récord logró ayudar a decenas de voluntarios, pero el escenario actual en el sur sigue siendo preocupante.
Si bien algunas lluvias recientes trajeron un alivio temporal, el peligro es constante. "Al ser incendios forestales de una dimensión tan grande, el fuego se aplaca, pero una vez que las lluvias paran y vuelve a levantar la temperatura, muchos focos se reactivan", advierte Marianela. Por eso, las cuadrillas continúan trabajando a destajo con tareas de enfriamiento del terreno. "Tienen que talar árboles, hacer huecos en la tierra y echar agua para terminar de enfriar las raíces", explica.
Entretanto, las tareas de limpieza exponen la escala real de la destrucción. "Toca levantar muchas cosas de las que se han quemado: cuerpos de animales... y en algunos casos, tendidos eléctricos y casas enteras", se lamenta la docente con un dejo de tristeza.

El futuro inmediato de la región es un enorme signo de pregunta. "Hay cosas que no se pueden recuperar, como por ejemplo el pasto. Ésta es una zona ganadera, y eso significa que muchísimos animales se van a quedar sin alimento", alerta. El próximo desafío vecinal es gestionar fondos para traer fardos desde otras provincias y evitar una mortandad masiva.
A la tragedia ambiental y económica se le suma el trabajo más pesado de todos: reconstruir el tejido social y la vida de quienes lo perdieron todo. "Al día de hoy todavía se siguen reconstruyendo casas de los incendios del 2022, 2023, 2024 y 2025", apunta la activista.
Un baño de realidad cruda que deja un mensaje ineludible: la Patagonia necesita que la empatía se mantenga encendida aun cuando el humo desaparezca.
Agradecemos muy especialmente a @marianela_poesiagorda
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