A tres meses de la desaparición de Juana Inés Morales, su hija Aldana Botha volvió a alzar la voz con un mensaje cargado de dolor, bronca y reclamo. Lo hizo a través de un extenso comunicado en sus redes sociales, donde expresó la angustia de una espera que no tiene respuestas y el impacto que genera convivir con una ausencia que se vuelve cotidiana.
“Se cumplieron tres meses desde que denuncié la desaparición de mi mamá Juana Morales. Tres meses de preguntas sin respuestas, de espera, de angustia y de silencios que duelen”, escribió Aldana en su cuenta de Facebook. En su publicación, dejó en claro que el paso del tiempo no alivió la incertidumbre y que la búsqueda sigue abierta, tanto en el plano judicial como en el emocional.

En su mensaje, la mujer amplió el reclamo más allá del caso de su madre y de Pedro Alberto Kreder, la pareja de Juana que también permanece desaparecida. “No escribo solo por ella o por su pareja Pedro Kreder. Escribo también por Diego Serón, que lleva ocho días desaparecido en nuestra ciudad. Y por Valeria Schwab, asesinada hace apenas dos días”, sostuvo, al vincular su dolor personal con una problemática más amplia.
Aldana fue contundente al denunciar un contexto de violencia e impunidad que, según expresó, se repite sin respuestas claras. “La violencia, las desapariciones, la falta de respuestas y la impunidad no pueden seguir siendo parte de nuestra cotidianeidad. Necesitamos verdad y justicia. Necesitamos que alguien se haga cargo y dé respuestas reales”, afirmó. Y cerró con un pedido que resume la desesperación de estos meses: “Yo espero todos los días noticias de mi mami, que no quede en el olvido, por favor”.

El contexto de la desaparición
Juana Inés Morales, de 69 años, y Pedro Alberto Kreder, de 79, se habían conocido apenas un mes antes de desaparecer. La pareja fue vista por última vez el 11 de octubre en la zona de Cañadones de Visser, a más de 30 kilómetros de Comodoro Rivadavia, en la provincia de Chubut, mientras recorrían el sur del país.
Según la reconstrucción del caso, ambos se habrían encajado con su camioneta en una zona de barro y habrían salido a buscar ayuda. El vehículo fue hallado posteriormente cerrado con llave, sin signos de violencia ni desorden y con dinero en su interior. En el lugar también se encontraron una carpa, una bolsa de dormir, agua y comida, elementos que reforzaron el misterio alrededor de la desaparición.
Durante semanas, las fuerzas de seguridad desplegaron operativos por tierra y por aire, con camionetas 4x4, drones y un helicóptero que sobrevoló zonas de difícil acceso. Incluso el Ministerio de Seguridad extendió los rastrillajes más allá del plazo habitual, pero no surgieron pistas firmes ni resultados concretos.
