La confundieron con la novia de un narco y amenazan a su familia: “No soy una muñeca de la mafia” – GENTE Online
 

La confundieron con la novia de un narco y amenazan a su familia: “No soy una muñeca de la mafia”

Micaela Morales, chaqueña de 28 años que vive en Barcelona, fue expuesta por error en un informe de TV de Ecuador sobre “narcocultura” y desde entonces recibe amenazas contra ella y su familia.
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El nombre de Micaela Morales se volvió un blanco por una confusión que cruzó fronteras y pantallas: un informe de la TV ecuatoriana la mostró como la pareja de un narcotraficante asesinado, y desde entonces ella y su familia viven bajo amenazas. La joven es chaqueña, tiene 28 años y está radicada en Barcelona desde hace más de un año y medio, un dato básico que no alcanzó para frenar la ola de hostigamiento que le atribuyó un rol que niega de manera tajante.

Micaela Morales, la joven chaqueña que vive en Barcelona y es amenazada de muerte por una confusión en la televisión de Ecuador.

El error nació a partir del crimen de Stalin Olivero Vargas, alias “El Marino”, ejecutado en una urbanización privada de Samborondón, área exclusiva del Gran Guayaquil, a comienzos de enero. Tras ese asesinato, Ecuavisa emitió el 21 de enero un reportaje sobre “narcocultura” y “Muñecas de la Mafia” en el que, por una falla en la graficación, utilizó fotos tomadas del Instagram de Micaela, confundiéndola con una homónima vinculada al entorno del criminal. Desde ese momento, su perfil quedó asociado a un relato criminal que no le pertenece.

La confusión se potenció por un dato que hoy Micaela repite como un mantra: “lo único que tenemos en común es el nombre y que ambas somos argentinas”. La mujer buscada en Ecuador —señalada en medios locales como pareja de “El Marino”— es dos años mayor y posee doble nacionalidad argentino‑ecuatoriana, mientras que Micaela, la chaqueña, jamás estuvo en ese país.

Micaela, la joven argentina de 28 años que recibe amenazas tras haber sido vinculada a un narcotraficante de Ecuador.

Lo que siguió fue una espiral de violencia digital. Empezaron los mensajes con insultos y acusaciones: “me decían que mis viajes estaban manchados con sangre. La intimidación escaló hasta incluir a su entorno más íntimo: “me decían que iban a matar a mi papá”, contó la joven, todavía conmovida. El miedo se volvió rutina en Barcelona: evitó salir, dejó de publicar en redes y entró en pánico al escuchar acentos que la remitían a sus acosadores.

En un intento por cortar la desinformación, Micaela grabó un video y lo subió a sus redes: “No soy la mujer que está vinculada a la persona que asesinaron en Ecuador… Jamás visité Ecuador”. Pero la exposición televisiva le quitó el piso. Según relató, al enterarse de que su imagen había salido en el noticiero nacional, lo primero fue llamar a su padre y buscar, sin éxito, una respuesta del canal; incluso, asegura que un periodista la bloqueó.

Los impactantes mensajes que recibe Micaela Morales por ser vinculada a un narcotraficante asesinado en Ecuador.

Al día siguiente, 22 de enero, se presentó en el Consulado argentino en Barcelona, donde la orientaron para documentar el hostigamiento y avanzar con asesoramiento legal. El caso recién tomó dimensión pública en Ecuador cuando los periodistas Anderson Boscán y Mónica Velázquez hicieron visible su historia; recién entonces Ecuavisa publicó una rectificación. El canal admitió el error en una disculpa difundida en redes: “por una falla en la graficación se utilizó el perfil de Instagram de la ciudadana argentina Micaela Morales”.

La “fe de erratas” no la tranquilizó. “No me quedó claro a qué Micaela Morales se referían”, dijo en su video, al leer comentarios de usuarios que seguían sin distinguir entre la homónima ecuatoriana y ella. En paralelo, medios argentinos reconstruyeron el hilo del equívoco y consignaron que la mujer vinculada a “El Marino” habría cerrado sus redes tras el asesinato, lo que habría empujado al equipo de TV a buscar imágenes de otra Micaela.

Hoy, con el acoso atenuado pero latente, Micaela evalúa acciones judiciales desde Barcelona para exigir una nueva rectificación y una compensación por el daño causado. “Se equivocaron de una manera horrible. Me pusieron en un lugar que nunca me correspondió”, insiste, agradeciendo a quienes la acompañaron a distancia y pidiendo que la historia quede atrás. “No soy una muñeca de la mafia; necesito volver a la tranquilidad de mi vida normal”, remata, con una claridad que contrasta con el ruido que desató una pieza periodística mal verificada.



 
 

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