En Guatraché, una localidad de poco más de 5000 habitantes en el sudeste de La Pampa, el nombre de María Unger Reimer empezó a repetirse con fuerza en los últimos días. Su historia, atravesada por la violencia y el desarraigo, volvió a quedar expuesta tras un brutal ataque que sufrió el domingo 8 por la noche en la comunidad menonita Nueva Esperanza.
María tiene 34 años y hace siete que tomó una decisión que le cambió para siempre la vida: escapar. En 2019 dejó atrás la colonia donde había vivido bajo un sistema que, según denunció, estaba marcado por el sometimiento y el control. También dejó a sus dos hijas. Sin embargo, hace días regresó por un motivo familiar y volvió a ser atacada.
“Salir de la comunidad cuesta la vida, pero quedarse también”, aseguró en diálogo con Diario Textual después del ataque.

Según contó María ante varios medios locales, en 2019 ella escapó en colectivo, sin dinero, rumbo a Tucumán. Allí consiguió trabajo, formó una nueva pareja y tuvo otra hija, hoy de 5 años. Empezó de cero. Lejos de la colonia, lejos de las reglas que —según relató— no le permitían decidir sobre su propia vida.
“Me retiré de la comunidad hace siete años, dejé de ser menonita porque nunca estuve cómoda ahí, nunca te dan libertad de poder elegir, no podés tomar decisiones. Tenés que casarte, si sufrís violencia de género no podés separarte: yo no tuve opción”, explicó en una entrevista con el canal de la Cooperativa Popular de Electricidad de Santa Rosa.

Tiempo después María volvió a buscar a sus hijas. Logró llevarlas a Tucumán. La mayor, hoy de 15 años, vivió tres años en el norte: terminó la primaria e incluso comenzó la secundaria. Pero luego regresó a Guatraché.
El fin de semana pasado, María manejó desde Tucumán hasta Santa Rosa para visitar a su madre, internada en el Hospital Favaloro. Después accedió al pedido de su hija de 12 años, que quería ver a su padre en la colonia. Fue entonces cuando, según denunció, volvió el infierno.
Cerca de las 20 horas del domingo 8, su exmarido la habría golpeado brutalmente y, según trascendió, incluso amenazó con matar a las chicas.

La historia de María no es nueva. Es la de una mujer que intentó escapar de un entramado que describe como opresivo y que, aun después de reconstruir su vida, sigue persiguiéndola. Por estas horas, su caso expone una realidad que en Guatraché dejó de ser un rumor para convertirse en un debate urgente sobre violencia, autonomía y derechos.
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