Después de cuatro décadas de incertidumbre, la Justicia tomó una decisión que reaviva el debate sobre los límites de la ley y el paso del tiempo. Es que el juez Alejandro Litvack, a cargo del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N° 56, dispuso el sobreseimiento de Cristian Norberto Graf, quien estaba acusado de encubrir el homicidio de Diego Fernández Lima, el joven de 16 años desaparecido en 1984 y cuyos restos fueron hallados en mayo de este año enterrados en el jardín de una vivienda de Coghlan, a pocos metros de donde vivió Gustavo Cerati.
El magistrado fundamentó su decisión en dos ejes: que la acción penal se encuentra prescripta y que las conductas atribuidas no constituyen delito. Según el fallo, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) confirmó que los restos correspondían a Diego y que su muerte fue violenta, producto de heridas punzantes, con posterior intento de desmembramiento y ocultamiento.
Sin embargo, al haberse cumplido con creces el plazo máximo de prescripción —entre 12 y 15 años, según la figura penal—, la Justicia no puede perseguir penalmente ni a los autores materiales ni a presuntos encubridores.

En su resolución, Litvack explicó que los supuestos actos de Graf, como “dar versiones confusas o mostrarse evasivo”, no tuvieron impacto judicial alguno, ya que ocurrieron cuando el lugar del hallazgo ya estaba asegurado y bajo control de las autoridades. Tampoco existió, según el juez, una “obligación legal de colaboración activa” por parte del vecino: “La carga de investigar y perseguir delitos de acción pública recae en el Estado, no en los particulares”, puntualizó.
Tras conocerse el fallo, su abogada, Érica Nyczypor, confirmó a TN que su cliente fue sobreseído “por inexistencia de delito”. “Esta defensa demostró que Cristian Graf no cometió ninguno de los hechos por los que fue investigado”, destacó.
Pese a la medida, la querella y el fiscal Martín López Perrando adelantaron que apelarán la decisión ante la Cámara Nacional de Apelaciones, en busca de revertir el cierre de una causa que, cuarenta años después, sigue sin responsables.

Durante su declaración indagatoria, Graf —de 59 años— negó conocer a la víctima, pese a que habían asistido a la misma escuela.
“No recuerdo a esta persona. Me enteré del caso cuando estaba trabajando, mi hermana me llamó y fuimos a declarar. Cuando llegué, la Policía ya estaba en el lugar”, relató.
También rechazó haber sido el autor de las frases que circularon sobre supuestas explicaciones (“una iglesia, un camión con tierra, un establo”), asegurando que se trataba de comentarios surgidos entre los obreros que trabajaban en el predio.
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