En el caso que conmociona a Comodoro Rivadavia, cada testimonio abre una puerta nueva —y también suma presión sobre una investigación que todavía espera definiciones forenses. En las últimas horas, Caterina, madrina de Ángel, el nene de 4 años fallecido en circunstancias que la Justicia investiga, rompió el silencio en TN y dejó frases que, por su contenido, podrían complicar a la mamá biológica del chico en el plano público y en el expediente: habló de episodios que, según su relato, observó cuando Ángel era bebé y describió una dinámica familiar marcada por conflictos y reacciones del niño que, dice, eran distintas con su papá que con su mamá.
La declaración más fuerte fue directa y quedó resonando por su crudeza: “Lo zamarreaba cuando era bebé”, recordó Caterina al referirse a la madre biológica, a quien señaló por un supuesto trato “violento” y por imponer “límites muy exagerados”, siempre según su testimonio. La madrina explicó que conoció a Ángel cuando tenía cinco meses y que incluso compartieron vivienda durante los primeros meses, algo que —en su versión— la ubicó en un lugar de observación privilegiado de la intimidad familiar en esa etapa inicial.
Más allá de esa acusación puntual, Caterina insistió en el clima de “discordia” permanente entre los padres cuando el niño era pequeño. “La pareja estaba en discordia todo el tiempo”, sostuvo, y remarcó que su foco —como madrina— siempre fue el bienestar del nene. A esto sumó un detalle que resuena por las particularidades de la intimidad familiar: la madre biológica habría dejado al niño al cuidado del padre cuando tenía tan solo 5 meses y mudado a Córdoba. “Cuando ella estuvo acá fue problemática con Ángel -detalló la madrina sobre el vínculo de Mariela con Ángel-, él era un bebé de cinco o seis meses. No vi ejercerle violencia a golpes, pero si zamarreadas y sacudidas, para mí, eso ya es violencia”.
En esa misma línea, la madrina aportó un dato que —por su carga emocional y por cómo se lee en este caso— alimenta las sospechas y el debate público: dijo que el nene “se sentía más seguro con el papá” y que su conducta cambiaba según con quién estuviera. “Veíamos que el nene se tranquilizaba con el papá, mientras que con la mamá hacía berrinches. Con el padre se reía y con la madre se alteraba”, aseguró. Es una frase fuerte porque pone en primer plano el comportamiento del chico como indicador, aunque, desde lo judicial, ese tipo de apreciaciones suelen requerir respaldo pericial para convertirse en evidencia concluyente.
El impacto de estas declaraciones se potencia por el momento en que aparecen: la Justicia de Chubut investiga la muerte de Ángel y espera el informe final de la autopsia y peritajes complementarios. Hasta ahora, lo que se conoció públicamente es que, aunque en la primera evaluación médica no se habrían detectado signos externos de violencia, las pericias preliminares indicaron lesiones internas en la cabeza, un hallazgo que cambió el tono del caso y abrió interrogantes sobre cómo se produjeron esas lesiones y en qué contexto.
En paralelo, el expediente está atravesado por la historia familiar previa: el niño estaba en el centro de una disputa y había habido un proceso de revinculación con la madre biológica decidido meses antes. Esa trama —que en otros casos queda como telón de fondo— acá se volvió parte del núcleo del debate social: quién cuidaba a Ángel, bajo qué condiciones, qué se evaluó en sede de familia y qué controles existieron. En ese marco, los relatos de personas cercanas, como la madrina, ganan volumen porque buscan completar el rompecabezas de “lo que pasaba” antes del desenlace.
La mamá biológica, Mariela Altamirano, por su parte, ya habló públicamente para defenderse. Negó haber matado a su hijo y dio su versión de la mañana en que Ángel se descompensó: dijo que lo levantaron para ir al baño, notaron que no respiraba, intentó hacerle RCP y llamó a la ambulancia. También aseguró que quiere saber qué ocurrió y negó haber golpeado al niño. Esas declaraciones forman parte del contrapunto público de una causa que, por ahora, se apoya en pericias y medidas de prueba que todavía no fueron concluidas.
Mientras tanto, la investigación avanzó con medidas como allanamientos y secuestro de elementos de interés (como celulares), y algunos medios informaron que la madre biológica y su pareja, Maicol González, fueron imputados en la causa, en un expediente que se sigue moviendo al ritmo de los resultados técnicos que deben llegar. La calificación y el rumbo procesal definitivo dependen, en gran parte, de lo que determinen los forenses sobre la causa de muerte y sobre la mecánica de las lesiones detectadas.




