El empresario Marcelo Porcel (51), padre de alumnos del Colegio Palermo Chico, está en el centro de una compleja causa penal donde se investigan graves hechos de abuso sexual y corrupción de menores.
Las maniobras del imputado, quien utilizaba el entorno escolar como "carnada" o "coto de caza" para atraer a los compañeros de sus hijos, se desarrollaron en múltiples propiedades bajo su control, e involucraron alcohol "para bajar los frenos inhibitorios de las víctimas", dinero, apuestas online, prácticas aberrantes y, según señalaron fuentes del caso en diálogo con GENTE, un registro fotográfico y fílmico de los menores.
A continuación, detalles inéditos de una grave y poco comentada causa que explotó el 17 de diciembre, pero lleva un año y medio, y tiene 7 querellantes, entre quienes se encuentran las víctimas –al momento de los hechos menores de edad– y sus familias.
El modus operandi: el colegio como señuelo, la red de seducción y las sedes de los aberrantes encuentros
Según las denuncias, Porcel generaba un vínculo "casi de pares" con los compañeros de sus hijos –utilizando a estos para tales fines–, y atrayéndolos a su círculo íntimo. El "patrón delictivo sistemático" se basaba en captar la voluntad de los menores mediante conductas que él mimetizaba, con la gran diferencia de que él era el padre, era el adulto responsable a cargo del grupo –era quien tenía la guarda fáctica de los menores al momento de los encuentros– y disponía de recursos económicos.
La investigación identificó al menos cuatro locaciones clave donde se desarrollaban los encuentros, a menudo bajo el consumo de alcohol y la promesa de dinero. Uno, el domicilio particular familiar (en Godoy Cruz al 3000), donde residía con su esposa, María Eugenia Llorente –"quien estaba al tanto de la particularidad de los encuentros, aunque se desconoce si estaba en conocimiento de lo que ocurría".

El segundo era un departamento heredado que perteneció a la madre de Porcel (en De María al 4500), "donde los llevaba a tomar alcohol, darles dinero para apuestas".
El tercer lugar donde se dieron los hechos fue la oficina laboral (en Avenida de Libertador al 600), que era punto central de los encuentros que organizaba con los menores, "especialmente los sábados y domingos por la noche". Allí, señalaron las fuentes consultadas, "se daban grandes rondas de alcohol, y les pedía que se desvistieran y corrieran por el lugar". Además, cuando "los chicos ya mostraban los frenos inhibitorios bajos, el mayor a cargo procedía a hacerles masajes".
La cuarta sede y escenario de sus "vejaciones" era el Tambo Campazú, en Cañuelas. "Porcel llevaba a los chicos ahí, donde había una pileta. El tipo se desnudaba frente a los chicos en los vestuarios y se medían los pe...", detallaron las fuentes, entre otros detalles.

El dinero, el alcohol y la corrupción agravada
La inducción al consumo de alcohol y las apuestas ilegales con dinero eran el mecanismo para bajar los "frenos inhibitorios" de los menores. "Les compraba alcohol, los inducía a tomar, les daba mucho dinero", insistieron las fuentes. Vale aclarar que los menores eran "obligados a mantener el secreto" y que la moneda de cambio siempre eran "el dinero en efectivo o las transferencias en las billeteras virtuales".
La conducta de uno de los hijos de Porcel es preocupante un foco de atención. "Es indudable que este chico naturalizó la conducta de su padre. En las noches de abuso, él y su hermano se daban vuelta en la cama, mirando a la pared, para no ver lo que sucedía", revelaron las fuentes. Actualmente, la Defensoría de Menores asumió la representación legal del hijo mayor: la intervención del Estado es clave ante la posibilidad de que él también haya sido víctima o haya sido forzado a la participación, esperando que "el chico se quiebre y revele" lo que sabe.

En cuanto a la imputación legal, la defensa de los querellantes, a manos de los abogados Pablo Hawlena Gianotti, y Rodolfo Orozco busca que prospere la figura de corrupción de menores agravada (art. 125), además del abuso sexual simple agravado. Las fuentes enfatizaron que, si bien no se pudo probar un acceso carnal en todos los casos, el acto corruptor existió por la entidad del golpe infligido a la psique de los menores.
Incluso, se citó una declaración impactante: a uno de los chicos Porcel le habría dicho que para ser rico "tienen que dejarse tocar por otro adulto mayor". Otro de los dichos del empresario hacia los menores en esos encuentros hasta altas horas de la madrugada habría sido: "Tienen que estar abiertos a amar a un hombre".
El material fotográfico: pruebas en el celular del imputado
El hallazgo más contundente provino del peritaje informático al celular de Marcelo Porcel. Las fuentes confirmaron que, junto a miles de fotos familiares y contenido de aplicaciones como Grindr, se encontraron imágenes relacionadas con los abusos.
"Descubrimos dos fotografías que fueron reconocidas por el propio menor y por los padres de ese menor, como el cuerpo de él, totalmente desnudo, captado con una cámara de filmación oculta, lente directamente colocado al frente de las dos hojas de vidrio traslúcidas del cuadro de ducha", detallaron las fuentes a GENTE.
Además, se halló material donde "un chico muy jovencito… desnudándose en la misma oficina de Porcel, bajándose el shortcito. Al lado de la mesa donde los chicos en otras circunstancias corrían desnudos", agregaron, señalando un claro narcisismo visual en la puesta en escena de las grabaciones.

"La pista de las cremas mentoladas" que fue omitida en los allanamientos
Uno de los puntos ciegos de la investigación inicial fue la falta de secuestro de elementos clave. Según las denuncias, las víctimas mencionaron unas cremas con olor mentolado que Porcel usaba al hacerles masajes.
"Creemos que esas cremas podrían haber sido opiáceos o sustancias sedativas. Lamentablemente, la orden de allanamiento no incluyó el secuestro de esas cremas, un error exclusivo del fiscal y del juez", explicaron las fuentes.
Los menores también percibían el mismo olor a menta en el baño donde se duchaban. Esta omisión impidió obtener una prueba fundamental sobre la posible inducción química a la vulnerabilidad de las víctimas.
El perfil del 'depredador': "Era un par de los chicos que se ponía hasta en la fila para tomar la comunión"
Porcel, descrito como un "psicópata y depredador", no solo captaba a sus presas en el colegio. Según las fuentes consultadas por GENTE, el empresario buscaba activamente ser visto como "uno más" o como "el distinto".
"Antes de las cautelares, en ceremonias religiosas exclusivas para los chicos del colegio, Porcel se ponía en la fila para tomar la comunión con ellos, cuando ningún otro padre lo hacía. Es una conducta que busca que los chicos lo vean como un par y que, frente a los otros adultos, él sea el único que se anima", detallaron las fuentes, subrayando la manipulación psicológica y el goce que obtenía al atacar a los hijos de sus amigos más cercanos, gente de importante capacidad económica.
La posición de la esposa de Porcel: "Él usaba el celular de ella para escribir al grupo de chat de las madres"
Las fuentes también señalaron la posible participación omisiva de la esposa, María Eugenia Llorente, proveniente de una familia conservadora de Salta. "Ella entraba, salía de la habitación donde se reunían, veía que tomaban alcohol… Siempre él utilizó el celular de ella para mandar mensajes a las madres: 'quédense tranquilas chicas, que los chicos están bien'", revelaron.
La causa avanza con la esperanza de que el hijo mayor de Porcel, quien también habría sido inducido a participar en las prácticas, quiebre el pacto de silencio. Mientras tanto, dos de los ocho chicos afectados ya son adultos y han asumido formalmente su rol de querellantes, son totalmente conscientes de lo ocurrido.
A pesar de contar con pruebas verificadas de abuso contra cinco menores, pericias informáticas, Cámaras Gesell y 19 testigos mayores, el empresario –que tiene una perimetral de 300 metros que le impide acercarse a las víctimas– ha permanecido en libertad sin ser llamado a indagatoria por más de un año y medio. Fuentes del caso en diálogo con GENTE calificaron la situación como un hecho de "gravedad institucional".
Por la mañana de este miércoles, los Porcel-Llorente habrían decidido refugiarse en un campo familiar en Necochea, provincia de Buenos Aires.


