Los mails de Epstein, entre la "trampa de Trump" y los mensajes sin escrúpulos: "Todas las chicas que recibieron dinero devolvieron el favor" – GENTE Online
 

Los mails de Epstein, entre la "trampa de Trump" y los mensajes sin escrúpulos: "Todas las chicas que recibieron dinero devolvieron el favor"

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GENTE se sumerge en el correo privado del magnate y delincuente sexual. Frases que intentan justificar el abuso, ironías y menciones directas al presidente norteamericano en un entramado de poder, silencio y complicidades. La correspondencia deja al descubierto el cinismo con el que se movía en la cima de la élite política y financiera.
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No es novedad que revisar los correos electrónicos de Jeffrey Epstein (1953-2019) deja al descubierto a un abusador con perfil narcisista y un financista sin escrúpulos. Tampoco sorprende comprobar cómo intentaba camuflar, bajo un tono sarcástico, algunas de sus verdades más oscuras. Lo que sí resulta inquietante es la cantidad de rastros que dejó sobre algo aún más profundo: su impunidad parecía tener garantes poderosos.

La magnitud del escándalo, el horror que salió a la luz y los millones de documentos desclasificados continúan alimentando la búsqueda de información sobre quienes formaban parte de su entorno. No sólo como testigos de una conducta aberrante, sino -según sostienen legisladores e investigadores- como posibles cómplices y conocedores de una red que, durante años, funcionó a la vista de todos.

GENTE se sumerge en la correspondencia que podría comprometer a Trump -revisando los mails filtrados por el Departamento de Justicia- y devela mensajes inéditos que -al menos hasta hoy- no fueron motor de titulares.

En diciembre del año pasado, el Departamento de Justicia de Estados Unidos liberó nuevos documentos en una primera publicación masiva de los Archivos Epstein. Si bien no hubo indicios que confirmara la comisión de delitos, la especulación sobre el contenido aún reservado continúa creciendo.

El mail explosivo con el que apuntó a Donald Trump

El 30 de mayo de 2019, semanas antes de su última detención, Epstein le envió un correo al periodista Michael Wolff. Colaborador de medios como Vanity Fair, New York Magazine y The Guardian, entre otros, y autor de libros como Furia y fuego, en las entrañas de la Casa Blanca de Trump, Wolff tiene en su poder 100 horas de conversaciones del magnate -fechadas entre 2017 y 2019- que dejan en evidencia el vínculo entre el financista y el primer mandatario.

Donald Trump acusó a Michael Wolff de ser un "periodista de tercera categoría" y de desperdigar fake news.

El mail en cuestión era tan desafiante como revelador. Allí, con total confianza y en un tono casi amenazante, Epstein compartió con el reportero la cantidad de pedidos de notas que había recibido y algunas de las preguntas más repetidas. Entre ellas: "¿Pienso que Donald Trump me tendió una trampa?", ¿"Qué sé acerca de sus negocios?".

Aseguró que "jamás antes se había procesado a mujeres por realizar masajes eróticos pagos en casas privadas". Con frialdad insistió en que “cada una de las chicas recibió dinero”, una formulación que intentaba presentar como consensuadas conductas que la Justicia calificó como tráfico sexual. Además, de "público conocimiento" dejaba asentado: "La mayoría de las chicas que entrevistó la policía tenían 21 años".

En el mail con el periodista Michael Wolff Epstein recalcaba que la prensa le consultaba sobre qué sabía de los negociados de Trump. En ese mismo correo, el financista también se definió a sí mismo como un “caballo de Troya” dentro del sistema de poder.

El tono del mail alternaba entre la paranoia y la burla. Epstein preguntaba si realmente debía usar corbata para declarar ante el Congreso. La mención, casi trivial, revelaba algo más profundo: desprecio por el protocolo institucional y la convicción de que aún conservaba margen de maniobra.

El caso de Jeffrey Epstein se inició en 2005 tras la denuncia de los padres de una adolescente de 14 años. Aquella investigación destapó un sistema de captación y abuso de menores que terminó de quedar al descubierto en 2019, cuando el magnate fue arrestado por segunda vez.

Ese correo es una pieza clave para entender el estado mental y la impunidad del financista en sus últimos meses: se sentía observado, traicionado y, al mismo tiempo, protegido por secretos compartidos.

El “perro que no ha ladrado”: un mensaje para Ghislaine Maxwell

Los correos electrónicos y mensajes del patrimonio de Epstein divulgados por el gobierno de Estados Unidos desde noviembre pasado afirman que Trump -mencionado más de 2.000 veces en la bandeja de entrada del magnate- estaba al tanto de la presencia de jóvenes en su casa.

Años antes, en abril de 2011, Epstein había enviado otro mensaje inquietante a su entonces colaboradora y socia, Ghislaine Maxwell (64) -hoy condenada a 20 años de prisión-. En ese correo utilizó la metáfora del “perro que no ha ladrado” para referirse a Trump. Allí afirmó que una chica "pasó horas en mi casa con él (Trump)" y que el mencionado "ni siquiera había sido mencionado una sola vez".

"Ese perro que aún no ha ladrado es Trump. La VÍCTIMA -se refería a Virginia Giuffre, quien se suicidó el año pasado- pasó horas en mi casa con él", le escribió Epstein a Maxwell.

Además, en otros intercambios fechados entre enero y febrero de 2019, Epstein sostuvo que "Trump lo sabía" y que "vino a mi casa muchas veces durante ese período". Sin embargo, declaró que el primer mandatario "nunca recibió un masaje". Dicho que contradijo supuestas implicaciones sobre una participación directa.

Ghislaine Maxwell, mano derecha de Epstein, junto a Melania y Donald Trump años atrás.

Como es sabido, Trump declaró públicamente que desconocía los abusos ocurridos en la casa del magnate y delincuente sexual, negó cualquier conducta indebida y sostuvo que había cortado relación con Epstein mucho antes de sus condenas. Sin embargo, la reiteración de su nombre en los intercambios privados del financista, las fechas de los correos y las especulaciones acerca de la existencia de videos inéditos volvió a situarlo en el centro de la discusión política.

Una inquietante alusión a Donald Trump incluida en el archivo privado de Epstein: preservativos personalizados con packaging pop y una leyenda: "Soy enorme".

Para más, en la última declaración de Maxwell ante el Congreso de Estados Unidos, se supo que la madama se ofrecía a colaborar a cambio de un indulto. "Ella debe permanecer en silencio porque tiene actualmente pendiente una petición de hábeas corpus que demuestra que su condena se basa en un juicio fundamentalmente injusto", dio a conocer el 8 de febrero pasado su abogado, David Markus.

El silencio de la reclutadora de menores vino acompañado de una propuesta desafiante. Su defensa lanzó una "bomba" mediática al asegurar que su cliente está dispuesta a declarar sobre los vínculos de figuras como Donald Trump y Bill Clinton con Epstein, pero solo si se le garantiza inmunidad penal.

La madama de la red Lolita Express –todo un sistema piramidal de trata de menores– en su audiencia por zoom ante el Congreso de Estados Unidos el pasado 9 de febrero.

Por si quedaban dudas acerca de la estrategia de Maxwell, su abogado remató en un mensaje en Twitter: "Tanto el presidente Trump como el presidente Clinton son inocentes de cualquier delito. Solo la Sra. Maxwell puede explicar por qué, y el público tiene derecho a esa explicación".

“¿Querés una foto de Donald y chicas en bikini en mi cocina?”

El doble filo de sus comentarios también quedó expuesto el 8 de diciembre de 2015 cuando, en un intercambio con otro periodista (Landon Thomas, del New York Times), Epstein lanzó con sarcasmo: "¿Te gustarían fotos de Donald y las chicas en bikini en mi cocina?".

El mensaje, en apariencia sarcástico, surgió después de que Thomas le señalara que muchos creían que tenía información comprometedora sobre el político. Epstein jugaba con esa idea. Alimentaba el misterio. Dejaba entrever que podía disponer de material sensible.

El intercambio de Epstein con el periodista Landon Thomas.

En esos mismos años Trump hablaba públicamente de su vínculo con Epstein en términos amistosos. En una entrevista radial de 2002 lo había calificado como “un tipo estupendo” y había comentado que ambos compartían el gusto por las mujeres bellas, “muchas del lado más joven”.

Los correos de 2015 muestran que la camaradería no era un recuerdo lejano. Al menos en privado, el trato parecía distendido. Para los investigadores, el detalle de los cumplidos públicos -Trump hablando en presencia de terceros sobre su relación con Epstein- forma parte del clima de época en el que el financista se movía con soltura entre millonarios, políticos y celebridades.

Los archivos privados de Epstein: las cenas en las que aparecen Bill Clinton y Mick Jagger, líder de Rolling Stones.

De profesor despedido a gestor de fortunas millonarias

Antes de convertirse en una figura omnipresente en Palm Beach y Manhattan, Epstein había tenido un comienzo más discreto. En 1974 ingresó como profesor de matemáticas en la Escuela Dalton de Nueva York. Fue despedido dos años después.

Sin título universitario completo, logró sin embargo ingresar al banco de inversión Bear Stearns gracias a contactos construidos en ese breve paso por el ámbito educativo. Desde allí inició un ascenso meteórico en el mundo financiero.

Entre sus clientes figuró el empresario Les Wexner, dueño de Victoria’s Secret, cuyas finanzas personales administró durante más de una década. También asesoró al cofundador de Apollo Global Management, Leon Black, quien años después admitiría pagos millonarios por servicios de planificación patrimonial.

Les Wexner, fundador de Victoria's Secret y dueño de L Brands, tuvo una relación cercana con Jeffrey Epstein, quien fue su asesor financiero en los años 90 y principios de 2000.

Su red incluyó inversiones en fondos vinculados al empresario tecnológico Peter Thiel y relaciones bancarias con gigantes como JPMorgan Chase y Deutsche Bank, que posteriormente enfrentarían investigaciones y acuerdos económicos por su vínculo con el financista.

El dinero era su carta de presentación. La promesa de ingeniería financiera sofisticada le abrió las puertas de la élite global y con sus asesorías de negocios construyó un patrimonio inmobiliario tan ostentoso como polémico.

A sus mansiones y a sus islas privadas en el Caribe llegaban invitados VIP en su jet privado apodado por la prensa “Lolita Express”. Los registros de vuelo mencionan, entre otros, al expresidente Bill Clinton y al empresario tecnológico Bill Gates, aunque la presencia en vuelos o eventos sociales no implica, por sí misma, comisión de delitos.

Bill Clinton nadando junto a Ghislaine Maxwell en una de las residencias de Epstein.

Una bandeja de entrada como mapa del poder

Los correos revelan algo más que frases provocadoras o teorías conspirativas: dibujan el retrato de un hombre que se sentía parte indispensable de un entramado de poder y que creía disponer de información suficiente para protegerse. El “caballo de Troya”, el “perro que no ha ladrado”, las fotos en bikini en la cocina: cada metáfora encapsula una estrategia. Minimizar, ironizar, insinuar que todos sabían algo y que aunque lo cazaran, otros quedarían salpicados.

Hoy, esa bandeja de entrada y los más de tres millones de documentos desclasificados exponen la omnipotencia con la que se manejaba entre la comisión de delitos y el entramado de vínculos, silencios y contradicciones de una élite que durante años convivió con el "monstruo" pulcro y de sonrisa dentífrica sin siquiera cuestionarlo.

Las voces de al menos 32 mujeres -la mayoría al momento de los hechos era menor de edad- fueron clave para reconstruir, pieza por pieza, el engranaje de una red de explotación sexual diseñada para el goce de hombres poderosos e influyentes.

Fotos: Departamento de Justicia de Estados Unidos



 
 

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