La causa que investiga al empresario Marcelo Porcel (51) por presuntos abusos a compañeros de sus hijos en el colegio Palermo Chico puso en evidencia la existencia de múltiples "sedes del horror", lugares donde se habrían desarrollado las supuestas vejaciones, detalles que GENTE dio a conocer en el mediodía del miércoles 7 de enero.
Las maniobras del imputado, quien utilizaba el entorno escolar como "carnada" o "coto de caza" para atraer a los compañeros de sus hijos, se desarrollaron en distintas propiedades bajo su control, involucrando alcohol "para bajar los frenos inhibitorios de las víctimas", dinero, apuestas online, prácticas aberrantes y, según señalaron fuentes del caso en diálogo con GENTE, un registro fotográfico y fílmico de los menores.
Según consta en la causa, las locaciones donde se desarrollaban los encuentros del empresario con los menores –a quienes según fuentes del caso, a menudo terminaba dándole masajes y tocamientos, bajo el consumo de alcohol y la promesa de dinero– eran cuatro.

Uno, el domicilio particular familiar (en Godoy Cruz al 3000), donde residía con su esposa, María Eugenia Llorente –"quien estaba al tanto de la particularidad de los encuentros, aunque se desconoce si estaba en conocimiento de lo que ocurría". El segundo era un departamento heredado que perteneció a la madre de Porcel (en De María al 4500), "donde los llevaba a tomar alcohol, darles dinero para apuestas".
El tercer lugar donde se dieron los hechos fue la oficina laboral del empresario (en Avenida de Libertador al 600), que era punto central de los encuentros que organizaba con los menores, "especialmente los sábados y domingos por la noche". Allí, señalaron las fuentes consultadas, "se daban grandes rondas de alcohol, y les pedía que se desvistieran y corrieran por el lugar". Además, cuando "los chicos ya mostraban los frenos inhibitorios bajos, el mayor a cargo procedía a hacerles masajes".
Las fotos de Campazú, una de las "sedes del horror"
La cuarta sede y escenario de sus "vejaciones" era el Tambo Campazú, en Cañuelas, Provincia de Buenos Aires. "Porcel llevaba a los chicos ahí, donde había una pileta. El tipo se desnudaba frente a los chicos en los vestuarios y se medían los pe...", detallaron las fuentes, entre otros detalles.

Esta última locación ubicada en Provincia de Buenos Aires se trata de una explotación lechera reconocida por su producción, pero que las denuncias señalan como uno de los escenarios clave de los abusos.

Las denuncias y el material probatorio sugieren que este este tambo, reconocido en el ámbito agropecuario, era utilizado para llevar a los menores, lejos de sus entornos habituales, y someterlos a las presuntas vejaciones. La naturaleza del lugar, un espacio amplio y potencialmente aislado, facilitaría el control y la discreción de las acciones.

Las pistas y denuncias: un camino hacia la verdad
Las denuncias, provenientes de múltiples familias, describen un modus operandi consistente. Porcel utilizaba su poder adquisitivo y su red social para ganarse la confianza de los padres y acceder a los menores.
El patrón incluía la captación en el entorno escolar –se supo que la institución anunció que la familia ya no es parte de la misma–, para luego trasladar a los chicos a sus propiedades, donde se consumaban los abusos. Las pistas incluyen testimonios de los menores, pericias psicológicas y, ahora, la evidencia fotográfica y documental relacionada con estas "sedes".

La inducción al consumo de alcohol y las apuestas ilegales con dinero eran el mecanismo para bajar los "frenos inhibitorios" de los menores. "Les compraba alcohol, los inducía a tomar, les daba mucho dinero", insistieron las fuentes. Vale aclarar que los menores eran "obligados a mantener el secreto" y que la moneda de cambio siempre eran "o plata en efectivo o las transferencias en las billeteras virtuales".
El factor del hijo mayor de Marcelo Porcel
La figura del hijo mayor de Porcel es particularmente compleja. Las fuentes consultadas por GENTE indican que el empresario lo obligaba a participar en rituales de abuso, como la "medición de pitos" con él y otros menores. Este joven que fue testigo y "cómplice forzado" de los abusos que el padre camuflaba como "juegos de poder" (incluso les decía a las víctimas que para ser rico "tienen que dejarse tocar por otro adulto mayor") podría ser considerado una víctima por la manipulación paterna.
"Es indudable que este chico naturalizó la conducta de su padre. En las noches de abuso, él y su hermano se daban vuelta en la cama, mirando a la pared, para no ver lo que sucedía", revelaron las fuentes. Actualmente, la Defensoría de Menores asumió la representación legal del hijo mayor de los Porcel: la intervención del Estado es clave ante la posibilidad de que él también haya sido víctima, esperando que "el chico se quiebre y revele" lo que sabe.

Las pruebas en el celular del imputado: de fotos de menores a material pornográfico
El hallazgo más contundente provino del peritaje informático al celular de Marcelo Porcel. Las fuentes confirmaron que, junto a miles de fotos familiares y contenido de aplicaciones como Grindr, se encontraron imágenes directas de los abusos.
"Descubrimos dos fotografías que fueron reconocidas por el propio menor y por los padres de ese menor, como el cuerpo de él, totalmente desnudo, captado con una cámara de filmación oculta, lente directamente colocado al frente de las dos hojas de vidrio traslúcidas del cuadro de ducha", detallaron las fuentes a GENTE.
Además, se halló material donde "un chico muy jovencito… desnudándose en la misma oficina de porcel, bajándose el shortcito. Al lado de la mesa donde los chicos en otras circunstancias corrían desnudos", agregaron, señalando un claro narcisismo visual en la puesta en escena de las grabaciones.
Cómo sigue la causa
La causa avanza con la esperanza de que el hijo mayor de Porcel, quien también habría sido inducido a participar en las prácticas, quiebre el pacto de silencio. Mientras tanto, dos de los ocho chicos afectados ya son adultos y han asumido formalmente su rol de querellantes, son totalmente conscientes de lo ocurrido.
A pesar de contar con pruebas verificadas de abuso contra cinco menores, pericias informáticas, Cámaras Gesell y 19 testigos mayores, el empresario –que tiene una perimetral de 300 metros que le impide acercarse a las víctimas– está imputado pero ha permanecido en libertad sin ser llamado a indagatoria por más de un año y medio. Fuentes del caso en diálogo con GENTE calificaron la situación como un hecho de "gravedad institucional".
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