"Soy muy selectiva con la gente… hijos de p*ta de la alfombra roja". Así se describía a sí misma Jasveen Sangha, conocida en ciertos círculos de Los Ángeles como la "reina de la ketamina": una traficante de origen privilegiado que se vendía como distribuidora exclusiva para clientela de primera línea, gente con dinero, nombre y acceso.
El miércoles 9 de abril de 2026, su negoció clandestino que "se aprovechaba de los vulnerables" terminó con una sentencia. La justicia la condenó a 15 años de prisión por haberle vendido a Matthew Perry (1969-2023) la dosis mortal que terminó con su vida. Ese anestésico de rápida acción, conocido como droga ilícita en fiestas, también se suele recetar para tratar la depresión y la ansiedad, que era el uso que le daba Perry.
El 28 de octubre de 2023, Perry fue encontrado flotando boca abajo en el jacuzzi de su casa en Pacific Palisades. La causa oficial: efectos agudos de ketamina y ahogamiento subsiguiente.
La sentencia cierra, al menos en términos judiciales, uno de los capítulos más oscuros de la historia reciente del entretenimiento norteamericano: la muerte del actor que durante diez temporadas le puso cara y voz a Chandler Bing en Friends.

Un negocio de alto volumen: proveer "bienestar químico de Hollywood"
Los fiscales federales describieron en la sentencia lo que Sangha administraba desde su residencia en North Hollywood como "un negocio de tráfico de drogas de alto volumen". Era, según la investigación, una operadora que conocía a sus clientes, filtraba sus contactos y se enorgullecía de la exclusividad de su red. Y que eligió ese camino "no por privación económica, sino por codicia, glamour y acceso".
En marzo de 2024, agentes federales incautaron en su casa –centro de almacenamiento y venta de sustancias controladas– 79 viales de ketamina líquida, metanfetamina, MDMA y pastillas falsas de Xanax. La fiscalía determinó que Sangha vendió al entorno de Matthew Perry 51 viales de ketamina durante octubre de 2023.

La mujer se hacía pasar por facilitadora de tratamientos de bienestar alternativo, aunque no poseía licencias médicas ni autorización para administrar anestésicos. Los registros muestran que utilizaba aplicaciones de mensajería cifradas para coordinar entregas y pagos en efectivo. Su clientela incluía actores, músicos y empresarios de alto perfil en Los Ángeles y Las Vegas. Tras la muerte de Perry, se detectaron mensajes en los que pedía a su intermediario eliminar conversaciones y pruebas digitales.
Las autoridades describieron su negocio como un ejemplo del “nuevo rostro del tráfico en Hollywood”, donde drogas clínicas circulan como bienes de lujo. Para los investigadores, Sangha capitalizó el vacío entre la regulación médica y el consumo recreativo, convirtiendo el bienestar en una mercancía letal. Su caída terminó por exponer a médicos, asistentes y dealers que orbitaban el bienestar químico de Hollywood.
Sangha y otros cuatro (el "facilitador" Erik Fleming; el asistente del actor, Kenneth Iwamasa; el doctor y anestesiólogo Mark Chavez; y el doctor Salvador Plasencia), fueron acusados en agosto de 2024 en relación con la muerte de Perry. Todos llegaron a acuerdos de culpabilidad con la fiscalía. Sangha fue la última en declararse culpable, en agosto de 2025, aceptando cinco cargos penales federales incluyendo haber provisto la ketamina que condujo directamente a la muerte del actor.

La fiscalía solicitó una pena de hasta 65 años de prisión, mientras que su defensa argumentó que Perry era un “consumidor informado”. El juez del caso determinó que su papel fue “determinante y consciente” dentro de la cadena que provocó la sobredosis fatal.
La primera vez que murió un cliente no alcanzó para frenarla
Lo más perturbador del caso de Sangha no es la red que construyó ni los nombres que pasaron por ella. Es lo que hizo después de que uno de sus clientes murió. En 2019, cuatro años antes de la muerte de Perry, falleció Cody McLaury, un aspirante a entrenador personal que no tenía ningún vínculo con el actor. McLaury le había comprado ketamina a Sangha a través de Venmo, según reconstruyó la fiscalía.
Después de que le devolvieran el teléfono de su hermano, Kimberly McLaury encontró el chat con Sangha. Le escribió: "Para que lo sepas, la ketamina que le vendiste a mi hermano figura como su causa de muerte". Nunca recibió respuesta. Sangha no fue acusada por esa muerte, pero los fiscales pidieron al juez que la tuviera en cuenta al dictar sentencia. Y el juez lo hizo.
"Lamentablemente, al igual que la muerte del señor McLaury, la muerte del señor Perry no modificó la conducta ilegal de la acusada", dijeron al anunciarle la condena de 15 años de prisión.

La reacción del abogado defensor de "la reina de la ketamina"
La defensa de Sangha, a cargo del abogado Mark Geragos –uno de los penalistas más conocidos de Los Ángeles, con clientes que van desde Chris Brown hasta Michael Jackson–, argumentó que su clienta había aceptado la responsabilidad de manera genuina, que había aprovechado el tiempo en detención participando en programas de rehabilitación, y que era "conocida como una persona compasiva, desinteresada y confiable".
Después de la audiencia, Geragos no contuvo la frustración: "No hay manera de que Jasveen sea cinco veces más culpable que la persona que le inyectó la droga a Matthew Perry o el médico que consiguió la droga". La referencia era al Dr. Salvador Plasencia, el médico que proveyó ketamina al actor, fue sentenciado en diciembre de 2025 a dos años y medio de prisión y había escrito en un mensaje intercambiado con otro implicado: “Me pregunto cuánto estará dispuesto a pagar este idiota”.
Lo que dijo el padrastro de Perry en la sala del tribunal
Keith Morrison, periodista, padrastro de Matthew Perry y una de las últimas personas en escuchar la voz del actor en vida, llegó al tribunal para hablar.
Describió a Perry como "divertido, brillante, con muchos fantasmas". Dijo que era "generoso, amable, exasperante y fabuloso". Y le dijo a Sangha, mirándola: "Me siento mal por ti. No te odio. La ley es la ley y está muy claro".

Matthew Perry nació en Williamstown, Massachusetts, en 1969, y creció entre escenarios y sets. Detrás del humor y la ironía que lo consagraron, el actor enfrentaba una presión que pocos podían imaginar: ser parte del elenco más visto del planeta mientras lidiaba con una adicción creciente.
Perry comenzó a beber a los 14 años y más tarde desarrolló una dependencia a los analgésicos tras una lesión en un accidente acuático. En 2018, una perforación gastrointestinal lo llevó a estar dos semanas en coma y cinco meses internado, un episodio que describió como “una segunda oportunidad”.
