Lo que prometían ser unas vacaciones soñadas en las playas de Ipanema terminaron por convertirse en un caso penal que tiene en vilo a dos países. La situación de Agostina Páez, la abogada argentina de 29 años detenida en Brasil por hacer gestos racistas contra los empleados de un bar, acaba de sufrir el revés más duro desde que comenzó el escándalo: la Justicia brasileña confirmó que irá a juicio.

Esta decisión de las últimas horas marca un antes y un después en la causa. Ya no se trata de una simple demora policial ni de una investigación preliminar. Al formalizarse la imputación, Páez pasa de ser una "sospechosa" a estar formalmente en el banquillo de los acusados, enfrentando la rigidez de un sistema judicial que no tolera la discriminación.
El salto al juicio: por qué la Justicia no la perdonó
Desde el inicio del escándalo, cuando se viralizó el video donde se la ve llamando "mono" y "negro de mierda" a los trabajadores del local gastronómico, la defensa de Páez intentó distintas maniobras para evitar esta instancia.
Sus abogados argumentaron que ella actuó motivada por el enojo (tras una supuesta estafa con la cuenta del bar) y bajo un "desconocimiento cultural" de la severidad de las leyes en Brasil. Sin embargo, el tribunal desestimó de lleno estos argumentos para elevar la causa a juicio por tres motivos clave:
- Las pruebas son irrefutables: Más allá del video viral grabado por los propios empleados, la Justicia cuenta con los registros de las cámaras de seguridad de la zona, que confirman que la abogada sostuvo los insultos e imitó a un primate en reiteradas oportunidades.
- Advertencias ignoradas: En el expediente consta que, durante el altercado, las propias amigas de Agostina intentaron frenarla y le advirtieron sobre la gravedad de lo que estaba haciendo, pero ella decidió continuar.
- Conocimiento de la ley: El hecho de que Páez sea abogada de profesión fue un agravante para los fiscales, quienes consideraron inadmisible la excusa de "ignorar" que sus actos constituían un delito.

Acorralada en Río: sin pasaporte y con tobillera
Mientras espera la fecha del juicio, la cotidianidad de la influencer y abogada santiagueña está muy lejos del turismo. Tras su fugaz paso por una comisaría (y el temor latente de ser trasladada al temido penal de Bangu, que aloja a la población femenina), actualmente se encuentra bajo estrictas medidas cautelares.
Páez tiene el pasaporte retenido —lo que le prohíbe terminantemente abandonar el país—, debe presentarse ante el juzgado una vez por mes y porta una tobillera electrónica para monitorear sus movimientos. A través de sus redes sociales (que luego debió cerrar por la ola de agresiones), ella misma confesó estar "desesperada y muerta de miedo" por la situación económica y legal que atraviesa al estar varada y sin poder trabajar.
¿A qué pena se enfrenta la abogada argentina?
El escenario para el juicio es, cuanto menos, desalentador para la defensa. En enero de 2023, bajo la presidencia de Lula da Silva, Brasil modificó su Código Penal y endureció las leyes: lo que antes se consideraba una simple "injuria racial" pasó a estar equiparado constitucionalmente al delito de racismo.

Esto significa que, al ir a juicio, Agostina Páez no enfrenta una simple contravención que se soluciona con una multa. El delito prevé penas de 2 a 5 años de prisión efectiva y, al tratarse de un acto de racismo, la ley brasileña determina que es un crimen que no contempla el beneficio de excarcelación bajo fianza.
Sola, a miles de kilómetros de su casa y a la espera de que el consulado argentino logre al menos garantizar sus condiciones de proceso, la joven abogada se prepara para enfrentar a un tribunal que busca usar su caso como un mensaje claro: en Brasil, el racismo se paga con la cárcel.
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