La madrugada de terror en Batán ha dejado una marca imborrable en una familia que hoy intenta procesar la pérdida de quien era su principal sostén. Lucas Nahuel Larroque, el hombre de 30 años que falleció tras ser brutalmente agredido frente a un boliche marplatense, no solo era un vecino trabajador; era la figura central de un hogar ensamblado que hoy lo despide con mensajes cargados de angustia. La hija de su pareja, a quien Lucas intentó proteger durante el altercado, fue una de las primeras en volcar su dolor en las redes sociales.
En una publicación de Facebook acompañada por una fotografía de ambos, la joven resumió el rol fundamental que el hombre ocupaba en su vida: “Gracias por tantos años siendo el mejor padrastro. Por siempre, Lukitas”. Larroque, oriundo de Santa Fe y ferviente hincha del Club Argentino de Rosario, se había instalado en Batán para trabajar como albañil. Allí había logrado combinar su oficio con su pasión por las motos y la crianza de sus hijos e hijastros, quienes hoy enfrentan un escenario de absoluta orfandad.

Un vacío en la comunidad y el barrio
El impacto de su partida trascendió el círculo familiar y golpeó con fuerza a sus conocidos. Un amigo de la infancia y vecino de Lucas también utilizó las plataformas digitales para expresar su impotencia ante la violencia del crimen: “Hoy fue un día triste. Nos dejaste, Lucas, por un malviviente que solo hace maldad hasta quitarle la vida a una persona, a un amigo, a un vecino. Para mí como persona fue excelente. Que Dios te guarde allá en los cielos”.
El hecho, que comenzó como una intervención de Larroque para separar una pelea entre jóvenes, terminó de la peor manera cuando Lautaro Galván Vieytes, de 18 años, lo golpeó y le propinó dos patadas letales en la cabeza. Su esposa, Rocío, recordó la ferocidad del ataque y la soledad que sintieron en ese momento crítico: “Lo mataron como si no fuera nadie y le pegaron como a un pedazo de carne”. Entre lágrimas, la mujer detalló la crueldad del agresor: “Cuando lo miro, ya estaba en el piso. Empecé a correrlo y este tipo volvió y le dio la última patada”.

La búsqueda de justicia
La familia también denunció la falta de empatía de los testigos que presenciaron el ataque. “Yo pedía ayuda y nadie hizo nada. Todos filmaban cómo Lucas se estaba muriendo, nada más”, sentenció Rocío. Su pedido ante los medios fue contundente respecto al futuro del detenido: “Espero que no salga más. Yo tengo a mi marido y al papá de mi hijo en un cajón. No hacía falta hacer semejante crueldad de patearle la cabeza cuando ya estaba inconsciente”.
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