El 23 de octubre de 2002, una mujer que se identificaba como Melania le escribió a alguien cuyo nombre aparecía como "G" en el encabezado del correo. El mensaje era breve, cálido y muy preciso en sus referencias. "Querida G, ¿cómo estás? Qué linda nota sobre JE en New York Mag. Te ves muy bien en la foto. Sé que estás muy ocupada viajando por todo el mundo. ¿Cómo estuvo Palm Beach? No puedo esperar para ir. Llamame cuando vuelvas a Nueva York. ¡Que lo pases genial! Love, Melania".
El mail estaba dirigido a Ghislaine Maxwell. Las iniciales "JE" correspondían a Jeffrey Epstein. Y "Palm Beach" era –y sigue siendo– el lugar donde está emplazado Mar-a-Lago, la residencia de Donald Trump.
El correo, fechado el 23 de octubre de 2002, fue parte del volcado masivo de archivos del caso Epstein que el Departamento de Justicia de Estados Unidos liberó a comienzos de 2026 en cumplimiento de la Ley de Transparencia de los Archivos Epstein. En ese momento, Melania Trump tenía 32 años y era conocida como Melania Knauss, modelo que llevaba aproximadamente cuatro años de relación con Trump.

Maxwell respondió el 1 de enero de 2003, llamando a la primera dama "sweet pea" –algo así como "cariñito"– y explicando que sus planes habían cambiado y no podría verla, aunque prometía intentar llamarla. Lógicamente el intercambio no confirma ningún crimen pero sí un ineludible vínculo que, incluso, evidencian sus fotografías de la época.
La declaración que la "hundió" más
A raíz de ese viejo mail reflotado del que muchos medios estaban hablando y para acallar las especulaciones, la primera dama norteamericana apareció ante las cámaras en el Grand Foyer de la Casa Blanca y leyó una declaración de aproximadamente cinco minutos. No aceptó preguntas y se retiró con el mismo gesto adusto con el que entró.
El comunicado oficial publicado en el sitio de la Casa Blanca comenzaba así: "Las mentiras que me vinculan con el repugnante Jeffrey Epstein deben terminar hoy". Y avanzaba punto por punto: que nunca fue amiga de Epstein, que nunca estuvo en su avión ni en su isla privada, que nunca fue su víctima, que Epstein no la presentó con Donald Trump.
Sobre el correo, dijo: "Mi respuesta al email de Maxwell no puede ser catalogada como otra cosa que correspondencia casual. Mi educada respuesta no equivale a más que una nota trivial".

Pero hubo un problema con esa formulación. El email de Melania no parecía una respuesta: no existe evidencia de que Maxwell le haya escrito primero. Melania fue quien inició el contacto.
El análisis del descargo de Melania
Los analistas coinciden en que el correo tiene varias capas de lectura que la declaración de Melania no neutralizó sino que, en muchos casos, subrayó. Además de usar un apodo íntimo, el "Love, Melania", las menciones de "volver a llamarla" o "bajar" (que se refiere a volar hacia su destino), el mail hacía referencia explícita a Palm Beach en un tono que sugería acceso e interés compartido en ese circuito.
Ese mismo mes, en octubre de 2002, New York Magazine publicó un perfil de Epstein en el que Donald Trump era citado diciendo que era "un tipo formidable" y que "le gustan las mujeres hermosas tanto como a mí, y muchas son de la parte joven". La nota que Melania elogiaba en el correo era la misma en la que su novio hacía esos comentarios.
Pero hubo algo más que la habría dejado aún más bajo la lupa. En el momento en que Melania escribió ese mail, Epstein ya había sido investigado en Palm Beach. Las primeras denuncias formales llegarían en 2005, pero el perfil de New York Magazine de 2002 ya mostraba a un hombre influyente que se rodeaba de mujeres jóvenes.

Por qué habló ahora: lo que dicen sus asesores
El tema Epstein había quedado desplazado de la agenda pública por la guerra con Irán. Hablar ahora lo devolvía al primer plano. Dentro de la propia Casa Blanca hubo desacuerdo sobre la conveniencia de la declaración: algunos asesores cercanos a Melania creían que el tema había perdido volumen y que intervenir solo lo reactivaría.
El presidente Trump, según dijo públicamente a los medios después del discurso de su esposa, aseguró no haber sabido nada del contenido de la declaración de antemano. Un portavoz de la primera dama dijo que el Ala Oeste sí tenía conocimiento de que Melania iba a hablar, pero delegó en la Oficina de Prensa cualquier consulta sobre si conocían el contenido.

El efecto opuesto y la respuesta de las víctimas
El asesor externo de la primera dama, Marc Beckman, le dijo al New York Post que Melania habló "porque basta. Las mentiras deben parar". La hipótesis más extendida entre analistas políticos en Washington es que Melania intentó hacer desaparecer el tema de una vez. El efecto fue el opuesto: su declaración reactivó el debate, generó nuevas coberturas y produjo una cadena de consecuencias que su equipo no anticipó del todo.
El movimiento más audaz –y el más riesgoso– de la declaración de Melania fue el cierre. La primera dama llamó al Congreso a convocar audiencias públicas centradas en las sobrevivientes de Epstein, con testimonios bajo juramento y con el poder de la declaración juramentada. "Cada mujer debe tener su día para contar su historia en público, si lo desea", dijo.

Un grupo de sobrevivientes y familiares de Virginia Giuffre –una de las víctimas más conocidas de Epstein, fallecida en 2025– respondió con un comunicado que decía que la primera dama "está desplazando la carga hacia las sobrevivientes bajo condiciones politizadas que protegen a quienes tienen poder: el Departamento de Justicia, las fuerzas del orden, los fiscales y la administración Trump, que aún no ha cumplido plenamente con la Ley de Transparencia de los Archivos Epstein".
"La primera dama también se ha tendido una trampa política: los demócratas en el Capitolio están exigiendo que ella testifique ante el comité", explicó el analista político de CNN Stephen Collinson. Muchos se preguntan, si el tema ya se había apagado, ¿qué se veía venir su equipo de asesores?


