"Disculpe señor", dijo, y le dio un papelito doblado en cuatro. Braian Nahuel Paiz tenía 24 años, trabajaba doble turno en Cabaña Las Lilas –el restaurante de Puerto Madero donde las mesas se reservan con semanas de anticipación– y después de reiteradas preguntas de Liam James Payne (1993-2024) acerca de "dónde quedaba el baño" y de que le pidiera su contacto, al verlo salir junto a una mujer –su novia, Kate Cassidy, que iba a unos pasos adelante–, el primer día de octubre de 2024 le dio su Instagram al ex One Direction.
Ese momento –un martes cualquiera, en un pasillo de un restaurante de lujo, entre el salón y la calle– fue el principio de una historia que terminaría con Paiz procesado por entrega onerosa de estupefacientes, con 14 meses de prisión preventiva encima y con su nombre instalado en una de las causas judiciales locales más resonantes.

Excarcelado desde el 27 de marzo pasado, a la espera de un juicio oral cuya fecha todavía no fue fijada por el Tribunal en lo Criminal y Correccional número 30, volvió a hablar con GENTE en exclusiva. Más relajado y luego de su primera nota fuera de la cárcel con este medio, reconstruye con el detalle que sólo puede brindar quien vivió la cadena de hechos que lo llevó de mozo a imputado. Y en esa reconstrucción aparecen cosas que la causa judicial todavía no terminó de resolver.
El primer contacto: el papelito y un whisky red label antes de partir
"Le pasé mi Instagram cuando salía junto a ella, sólo que ella estaba más adelante -precisa Paiz-. Yo estaba frente a ellos y dirigiéndome al salón. Entonces le dije 'disculpe señor' y le di mi Instagram escrito en un papelito. Él me agarró las manos y me dijo gracias". Un gesto pequeño que Braian pensó que no iba a tener resultado: "No imaginé que fuera a hablarme". Pero Liam Payne guardó ese papel. Y lo cierto es que el contacto siguió: días después, el músico le escribió por Instagram desde una cuenta paralela que luego borró. El perfil llamativamente comenzaba como el nombre de su novia.

El mensaje fue encontrado recientemente por Braian en un viejo celular. Apenas recuperó la libertad, se puso a revisar evidencia. "Tal vez podemos compartir una línea juntos?" se leía en un fragmento de su primer chat en Instagram. Con esa invitación se concretaría su primer encuentro de 2 de octubre. "En la causa yo siempre hablé del primer contacto, pero todo está enfocado al día 14 –el que se produjo en Casa Sur (ubicado en Costa Rica 6032)", resalta en charla con este medio.
Ese primer contacto, que luego devino en intercambios vía iMessage, fue durante meses uno de los ejes centrales del caso en el que lo imputarían por entrega onerosa de estupefacientes. Paiz siempre sostuvo lo mismo: en ningún chat "hay evidencia de negociación de venta, ningún precio acordado, ninguna transacción de por medio".

Durante las charlas que tuvieron en persona en dos oportunidades (el 2 de octubre en el Palacio Duhau –de donde luego el músico sería expulsado– y la última, el 14 de ese mes en la suite 310 del hotel Casa Sur, dos días antes de la muerte de Payne), fueron "dos personas que mientras compartían menos de 2 gramos de cocaína, hablaron de música, canciones" y hasta de un eventual encuentro con unas scorts, del que Braian decidió pasar. Ambos se comunicaban “con un traductor” porque el músico “hablaba muy rápido”, y así era más fácil.
Sobre la partida de Liam de Las Lilas en la noche del 1º de octubre, Paiz agrega un detalle que no había trascendido: "Por lo que sé por un compañero de trabajo, antes de irse del lugar compró un whisky red label. Eso yo no lo vi, pero me contaron". Un detalle menor que, puesto junto a otros, dibuja el estado del músico en esas semanas: el consumo era constante y visible para quienes lo rodeaban.
La suite del Park Hyatt y una situación misteriosa en el primer encuentro
De su encuentro en la suite del Park Hyatt habla con precisión, como si estuviera volviendo a vivir cada detalle. Cuando le preguntamos si Liam Payne le escribió recién cuando su novia ya se había ido de Buenos Aires, a la hora de la reconstrucción se detiene en nuevos "zooms": "Solo lo vi a él... Pero sé que había alguien más allí porque al momento de estar en la suite me dijo 'shhh' y me señaló una puerta que daba a otra habitación que tenía la puerta cerrada".
"Nosotros estábamos en una esquina, en un escritorio, con la laptop y auriculares, de los grandes, tipo gamers pero sin micrófono", reconstruye Braian. Las escenas se dieron de ese escritorio a la cama. Si bien la mayor parte de aquel primer encuentro fue en el escritorio frente a la laptop, donde el ex One Direction le mostraba música inédita y experimentaba con él mientras probaba distintos beats, también hubo momentos de relax en los que Braian fue retratado sentado en pose de indio con el Rolex que Liam insistió en dejarle pero él no aceptó.

"En un momento en que estaba escuchando música nueva me dice que ya debía irme", recuerda. "Ahí estábamos tomando dos vasitos de whisky", asegura quien en su momento afirmó ante GENTE que “en la fiscalía me borraron todas las localizaciones, pero tengo las capturas”. Esa primera vez la estadía fue corta. Hubo alcohol, hubo música, se dio de compartir sustancias y también, un gesto inesperado que cuenta por primera vez.
Cómo fue la escena del comentado Rolex
Lo que pasó con el reloj es, todavía hoy, uno de los episodios más enigmáticos del caso. No porque sea determinante para la causa judicial, sino porque captura algo de la personalidad de Liam Payne en esos días: la generosidad compulsiva, el vínculo extraño con sus propias cosas, la calidez que le despertaban los extraños y la necesidad de establecer lazos.

"En sí, no me lo ofreció al reloj. Se lo quitó, me lo dio en la mano sin decirme nada", relata Paiz. "Mi reacción sólo fue dejárselo en la cama. No necesitaba que me diera nada. Él lo volvió a buscar, me lo puso en mi muñeca derecha y me dijo 'trust me' o algo así, no recuerdo bien", agrega. Un gesto que parece ser de alguien que tiene demasiado o de alguien que necesita demasiado. Probablemente las dos cosas.
Paiz se dejó el reloj puesto un rato. Siguieron tomando las botellitas miniatura de whisky que había en el minibar. Y entonces Liam sacó el teléfono. "Él me tomó una foto con su teléfono y empezó a dibujar", retoma Braian. "Me quedé viendo cómo dibujaba y al momento en el que él pidió el taxi para irme dejé de nuevo el reloj en la cama", prosigue.

Lo que es notable no es que lo haya devuelto –la versión de Paiz siempre fue que no quería nada de Liam, que la relación no era transaccional–, sino la foto que quedó en el teléfono del músico: Braian sentado en la cama con el Rolex en la muñeca. Una imagen que los investigadores tenían y que ubica a Paiz en la suite con una precisión mayor que cualquier testimonio. "¿Se veía el reloj en la foto?" le preguntamos. "Sí, estaba yo en la foto con el reloj y sentado en la cama en pose de indio", confirma.
Vale la pena recordar que según trascendió durante el proceso judicial, Liam Payne también ofreció el mismo reloj valuado entre 30 mil y 60 mil dólares a las escorts que convocó a la suite del Casa Sur la noche de su muerte. El artículo en cuestión no fue encontrado ni en la habitación 301 tras su caída ni junto al cuerpo cuando fue repatriado.

"Liam quería darme algo. Yo le decía que no"
Paiz es enfático en este punto y lo fue desde el primer día que habló con GENTE, cuando aún estaba preso y se comunicó con quien escribe desde una pequeña celda de la alcaidía porteña tras un único permiso para realizar una videollamada.
"Liam quería darme de alguna forma algo por haber estado allí. Y yo le decía que no, que tranquilo, que no necesitaba nada. Que si quería lo visitaba otro día", repite hoy al ampliar momentos que vivió casi 48 horas antes de la fatal caída de Payne. La lógica que Paiz sostiene desde el primer momento es la misma: que no hubo transacción porque no hubo precio, que solo se trataba de compañía. "Mi única responsabilidad era haberle compartido para consumir", aclara.

"Deberán investigar si hubo o no un plan para acabar con Liam Payne", dijo Paiz a GENTE en la primera entrevista tras su liberación, abriendo una línea distinta. Hay partes del expediente que él señala como inconsistentes. "Cámaras que no registraron lo que tenían que registrar", dijo en referencia a los circuitos de seguridad del hotel que habrían presentado irregularidades.
14 meses preso y ahora libre: qué viene
Braian Paiz pasó más de un año en prisión preventiva. Tiempo suficiente para que cualquiera se haga preguntas sobre su propia memoria, sobre si lo que recuerda es lo que pasó o lo que fue construyendo encima de lo que sucedió. Él mismo lo reconoció en la primera entrevista post-liberación: "Durante el encierro llegué a preguntarme si mi cabeza estaba recordando bien lo que había vivido".
Ahora está en casa. Quiere volver a la universidad y habla de un futuro en el cine. Y sostiene la misma versión que sostuvo desde el primer día: no vendió drogas, compartió consumo, y lo que pasó en la suite de Casa Sur la noche en que Liam Payne murió tiene que ver con otras personas, otras decisiones, otros eslabones de una cadena que todavía no fue reconstruida del todo. Por momentos ata cabos,revisita la evidencia que logró recuperar y pregunta lo que supimos todo este tiempo. Por otro lado, solo se recuerda a sí mismo que es mejor no sobrepensar y autodirige su objetivo: "Lo que tengo que hacer es centrarme en mi caso".

