La escena fue cinematográfica y perturbadora a la vez. El lunes 9 de febrero de 2026, los pasajeros de un vuelo de LATAM que se preparaba para despegar desde el Aeropuerto de Congonhas (San Pablo) con destino a Río de Janeiro, presenciaron cómo agentes de la Policía Civil ingresaban a la aeronave. El objetivo no era una amenaza externa, sino el hombre a cargo de la seguridad de todos: el piloto Sergio Antonio Lopes, de 60 años.
Lopes fue retirado de la cabina esposado bajo cargos de abuso sexual infantil y liderazgo de una red de pornografía y explotación.
Su detención no fue casual; las autoridades sabían que capturarlo en su domicilio en Guararema era casi imposible debido a su errática rutina de vuelo, y el aeropuerto era el único lugar donde el "capitán" no podía escapar.
Un perfil insospechado: de la luna de miel a la cárcel
Sergio Antonio Lopes no encajaba en el prejuicio del criminal marginal. Piloto experimentado, padre de dos hijos y recientemente casado, acababa de regresar de su luna de miel con su nueva esposa, una psicóloga que, según declararon los investigadores del Departamento Estatal de Homicidios y Protección a la Persona (DHPP), quedó en estado de shock al conocer las acusaciones.
Sin embargo, detrás de la imagen de profesional respetable, Lopes ocultaba una estructura que, según la justicia brasileña, funcionaba desde hacía al menos ocho años. La investigación, iniciada en octubre de 2025, reveló que el piloto utilizaba documentos de identidad falsos para trasladar a menores de edad a moteles de San Pablo, donde se producían los abusos.

El "Modus Operandi": captación por necesidad
Lo más aberrante de la causa no solo recae en los actos del piloto, sino en la red de complicidad familiar que había tejido. Lopes no solo consumía material, sino que "compraba" el acceso a las víctimas. Los pagos, que oscilaban entre los 30 y 100 reales (montos ínfimos destinados a personas en situación de vulnerabilidad), eran entregados a madres y abuelas a cambio de fotos, videos y encuentros físicos con los niños.
En el mismo operativo fueron detenidas dos mujeres:
- Denise Moreno (55): una abuela acusada de "vender" a sus tres nietas de 10, 12 y 14 años.
- Una madre: detenida en flagrancia por almacenar y compartir material de abuso sexual de su propia hija pequeña.
Lopes ganaba la confianza de estas familias no solo con dinero directo, sino proveyendo alimentos, medicamentos, electrodomésticos y hasta pagando el alquiler de sus viviendas. Un sistema de "asistencia" que funcionaba como la puerta de entrada para la explotación.

Las pruebas en el iPhone
Durante la conferencia de prensa, la jefa de policía Ivalda Aleixo confirmó que en el teléfono celular de Lopes se encontró material que sugiere la existencia de víctimas en otros estados de Brasil y posiblemente fuera de sus fronteras. Hasta el momento, se han identificado formalmente a diez víctimas directas en el estado de San Pablo.
El operativo, bautizado irónicamente como "Fasten Your Seatbelts" (Abróchense los cinturones), ejecutó ocho órdenes de registro e incautación. Lopes ahora enfrenta cargos por violación de personas vulnerables, explotación sexual de menores, favorecimiento de la prostitución y producción de material de abuso infantil.
La reacción de la aerolínea
Por su parte, LATAM Airlines Brasil emitió un comunicado oficial manifestando su total repudio a cualquier conducta criminal. La empresa informó que inició una investigación interna y que está colaborando activamente con la justicia.
El vuelo que Lopes debía pilotar fue operado por otro comandante y cumplió su itinerario sin mayores incidentes, aunque el estigma del "piloto de la red" ya había quedado marcado en la pista de Congonhas.
Fotos: Polícia Civil de San Pablo
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