La aparición de Marcos Imhoff, un joven de 20 años, en estado crítico y con signos de extrema violencia mantiene en vilo a la ciudad de Santa Fe. El muchacho permanece internado en la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital José María Cullen luego de haber sido encontrado inconsciente durante la madrugada del domingo, en una zona cercana a un galpón de la localidad de San Jerónimo Norte, en el departamento Las Colonias.
El caso salió a la luz cuando personal de Bomberos Voluntarios asistió al joven en la vía pública y lo trasladó de urgencia al centro de salud local. Debido a la gravedad del cuadro, los médicos resolvieron derivarlo en código rojo al Hospital Cullen, donde ingresó con un traumatismo craneoencefálico grave y un hematoma extradural bilateral. El último parte médico indicó que Marcos permanece con asistencia respiratoria mecánica, hemodinámicamente inestable y con pronóstico reservado.

Según pudo reconstruirse hasta el momento, el joven había salido con amigos durante la tarde del sábado y habría participado de una reunión o fiesta en la zona. Sin embargo, las horas posteriores siguen envueltas en un profundo misterio. Su familia aseguró no contar con información certera sobre con quién estaba ni qué ocurrió entre ese encuentro y el momento en que fue hallado inconsciente. “Fue una golpiza, supuestamente, pero no sabemos nada de nada”, expresó Omar Imhoff, padre del joven, al referirse a las primeras hipótesis que maneja la investigación.
El cuadro clínico y las lesiones detectadas refuerzan la sospecha de una agresión feroz. Fuentes cercanas al caso señalaron que los médicos observaron múltiples golpes en la cabeza, quemaduras compatibles con cigarrillos y lesiones en dedos de manos y pies. Debido a la complejidad del estado neurológico, Marcos debió ser sometido a una craniectomía descompresiva, una intervención quirúrgica de urgencia destinada a aliviar la presión intracraneal y evitar un daño cerebral irreversible.

Mientras el joven lucha por su vida, la investigación judicial avanza para intentar esclarecer lo sucedido. La familia entregó el teléfono celular de Marcos y material de cámaras de seguridad a la Policía de Investigaciones (PDI), con la esperanza de reconstruir sus últimos movimientos. Sin embargo, la falta de testimonios directos se convirtió en uno de los principales obstáculos. “Había mucha gente y nadie quiere hablar”, lamentó su padre, quien pidió públicamente que cualquier persona con información relevante se acerque a declarar.
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