La asombrosa travesía de la familia cordobesa que viaja, trabaja y recorre todo Sudamérica en una casita rodante La Boyita, de 4 metros por 2: “Era ahora a nunca” – GENTE Online
 

La asombrosa travesía de la familia cordobesa que viaja, trabaja y recorre todo Sudamérica en una casita rodante La Boyita, de 3 por 2 metros: “Era ahora a nunca”

Hace siete meses, motivados por un viejo sueño que hicieron coincidir con la escena de una famosa película, Matías (42), Clara (38), Silvestre (5) y Vera (2) iniciaron una inspiradora aventura abordando un legendario vehículo terrestre-acuático de hace medio siglo, del cual sólo se fabricaron 1.500 unidades. Así lo cuentan, lo muestran y lo relatan en exclusiva para Revista GENTE.
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El espacio habitacional de su mini casa andante mide 3 metros de largo por 2 de ancho y 1,80 de altura y custodia kilómetro a kilómetros el devenir de los Rimondino-Vivanco, quienes descubrieron en una escena de la película El libro de la selva el mejor protexto para patear el tablero y despertar de cierto sueño monumental que venían compartiendo -y tantas almas del globo terráneo nos planteamos en lo íntimo sin consumarlo-, hasta convertirlo en acción, en realidad.

Pero, ¿quiénes son ellos, los valientes mosqueteros que le dieron batalla a la procrastinación -ese mal que nos inmobiliza los sentidos-, se subieron a una casita rodante y salieron a consumar el gran anhelo de sus vidas: “Era ahora o nunca”, admiten los integrantes de Familia Viajera @DejateLlevar.ok, un proyecto de años que encontró esa mencionada excusa en la frase que el oso Baloo le menciona a Mowgli promediando aquel filme dirigido por Jon Favreau, basado en la legendaria historia de Rudyard Kipling: “Compadre ¡Esto si que es vida! Así, déjate llevar, así, en el rio tranquilo, deja el cuerpo descansar, relájate”.

-"Lo esencial es invisible a los ojos", completaría poéticamente El principito.

-¡Tal cual! -admiten ahora a dúo los cordobeses Clara Rimondino (38) y Matías Vivanco (42), mientras los pequeños Vera Azul (2 años y medio) y Silvestre (5) mueven sus cabecitas hacia arriba y abajo en señal de aceptación-. Es que esa escena no sólo nos divierte mucho, sino que refleja cómo queremos transitar esta aventura: con menos preocupaciones, con más simplicidad y aprendiendo a disfrutar de lo vital.

-¿Por eso lo de “Dejate llevar”?

-Exacto. Para nosotros viajar en familia también es una invitación a soltar y dejarnos llevar.

Clara, Vera, Silvestre y Matías. Ellos, los vehículos y su entusiasmo. "No necesitamos más", afirman.

"Dejarse llevar", dicen, y miran de reojo a La Boyita 350, una casita rodante fabricada en 1974 y a la vez un clásico argentino en la materia: se produjo entre 1972 y 1982 con prestaciones que fueron revolucionarias para la época y que aún sorprenden. Su construcción íntegra en fibra de vidrio no sólo la hacía -y hace- liviana y resistente, sino que también le daba -y da- la particularidad de poder flotar.

“La compramos en Mendoza, donde encontramos una bastante original y en muy buen estado -relata el matrimonio a Revista GENTE-, la llevamos a nuestra provincia y con paciencia empezamos a restaurando. La pagamos cuatro mil dólares y luego invertimos unos mil quinientos para mejoras y equipamiento. Comparada con el costo de un motorhome usado, resultó una opción bastante accesible”, señalan con su tonadita natal antes de sumar nuevos halagos para su “vivienda” andante.

“Porque además tiene otra gran ventaja -continúan-: al pesar sólo 350 kilos, es muy liviana y fácil de remolcar con casi cualquier vehículo. En nuestro caso, el mismo que usamos a diario. A diferencia del motorhome, que requiere una inversión mucho mayor -cotejan-, La Boyita nos dio la posibilidad de combinar economía, practicidad, nostalgia y aventura en un solo proyecto”.

Familia Viajera/Dejate Llevar
La Boyita camino a la aventura, en búsqueda de nuevos paisajes e historias de América del Sur.

Matías es profesor de Educación física y guía de montaña, “aparte de emprendedor, desde hace una década y media”, añade. Fundó una empresa dedicada a la producción de contenidos audiovisuales y a la venta de actividades de turismo aventura, con una agencia de viajes propia. Clara, por su parte, docente y doctora en biología especializada en biología marina antártica, durante varios años recibió una beca del CONICET para sus investigaciones, al tiempo que se volcó al emprendedurismo con su propio proyecto: “Una consultora ambiental que trabajaba tanto en el ámbito público como en el privado”, desliza ella, haciendo una pausa que permite darle lugar a algunas de las preguntas que todos -lectores, aventureros, familias completas, periodistas, todos- nos hacemos:

-Con sus carreras en pleno desarrollo y dos chicos de tan corta edad, ¿por qué decidieron salir tan pronto a la ruta y no esperar un poco?

-Si bien nos consideramos personas organizadas, también solemos guiarnos por impulsos y corazonadas. Creemos firmemente que los sueños existen para cumplirse y no para quedar guardados en un cajón. Por eso cuando surgió la idea no quisimos demorarnos demasiado. Procuramos esquivar las dudas y los temores, y confiamos en nosotros mismos para dar el salto. Sabíamos, por nuestra experiencia en viajes de aventuras, que nunca existe el “momento perfecto” para empezar un proyecto así. Así que…

-¿No planificaron nada?

-Lo único que planificamos fue, por un lado, esperar a que Vera tuviera su calendario de vacunas completo, y por el otro, que no hubiera empezado el jardín. Justo antes de salir dejó los pañales de manera natural, lo que simplificó bastante la logística.

-¿Y en cuanto a Silvestre, el mayor?

-Aunque ya estaba escolarizado, sentimos que comenzar con homeschooling en salita de 5 era un desafío más manejable que hacerlo después, ya en la primaria… Si querés llamalo planificar, pero lo más importante para nosotros era poner el foco en intentar aprovechar al máximo la niñez de nuestros hijos, compartiendo tiempo de calidad. Sabemos que esta etapa es corta, intensa y pasa muy veloz. Incluso antes del viaje, cuando los dos trabajábamos vía virtual en Villa Allende, la rutina de la ciudad y los compromisos nos alejaban de esa presencia plena que deseábamos. Muchas personas mayores nos lo advirtieron.

-¿Qué les advirtieron?

-“Yo me perdí la infancia de mis hijos”, “¡Que no se les escape!!", “¡¡Exprímanla lo máximo que puedan!!”. Ese consejo fue uno de los grandes motores que nos impulsó a cambiar de vida y salir a la ruta. A nosotros y a La Boyita claro: la silenciosa socia que nos acompaña en esta inolvidable aventura.

"En febrero del 2024 (con Vera de tan solo un añito y Silvestre por comenzar salita de 4), empezamos a organizarnos. Cambiamos la vieja casa rodante con la que entramos a este hermoso mundo (la utilizamos durante dos años) por otra más vieja, pero más picante: La Boyita modelo 1974, un clásico del campamentismo argentino, más vigente que nunca por sus características especiales. Le hicimos modificaciones, la restauramos y la fuimos dejando lista para salir a recorrer Sudamérica".
"Tomar la decisión de salir a la aventura no fue fácil. Ya no éramos sólo dos locos jóvenes y viajeros, sino una familia de cuatro, ¡y con dos peques muy peques!"
"Atravesamos muchísimos momentos de cuestionamientos y temores que hicieron que los planes tambalearan fuerte. No es fácil salir de la matrix. Sin embargo, somos fieles creyentes de que los sueños están para ser cumplidos. Así que compartir esta experiencia y poder transmitirles nuestras pasión a los niños, entre otras cosas, inclino la balanza para el lado del soltar y viajar".
"Siempre decimos que ¡el que no arriesga, no gana!, y hoy estamos felices de cumplir este increíble sueño".
"En cuanto al aspecto económico, planificamos nuestro cambio de vida con bastante anticipación, lo que nos permitió generar ahorros: un porcentaje para invertirlo en la preparación de la travesía y otro para tenerlo de backup y así salvar cualquier inconveniente que surgiera en el camino".
"Una de las decisiones clave fue poner en alquiler nuestra casa de Villa Allende, Córdoba, comprada gracias a un crédito obtenido una década atrás en el Banco Nación. Con ello afrontamos el cincuenta por ciento de nuestros gastos. Es nuestro principal ingreso".
Familia Viajera/Dejate Llevar
"Inicialmente seguimos con las actividades laborales de siempre, pero reducidas en cantidad de horas, adaptándolas al modo remoto" (Clara con sus consultorías ambientales y Matías, principalmente, con la dirección de su empresa de turismo). "Obviamente que trabajar menos fue proporcional a ganar menos dinero".
"A los tres meses de travesía nos dimos cuenta de que esto no era tan viable como lo habíamos imaginado. Adaptarnos al nuevo estilo de vida, a la rutina del viaje, a la crianza 24/7, no estaban alineados. Debimos ir reduciendo aún más esos trabajos, sólo cubriendo urgencias. Pronto surgió la gran pregunta: '¿Y ahora de qué vivimos?'".
"La respuesta fue inmediata: del ingenio y el espíritu emprendedor. Empezamos a trabajar con nuestras redes sociales y en la creación de productos digitales". Entre la experiencia de Matías en contenidos y marketing digital, y la de Clara en el mundo de las familias con niños pequeños, "arrancamos con los Libritos viajeros: algunos para colorear, otros para leer y colorear, y una guía de 60 páginas con actividades y historias inspiradoras para familias en nuestra condición".
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"Había que probar si funcionaba. Entonces imprimimos algunos ejemplares, los empaquetamos y salimos a vender a la playa. Ahí nos encontramos con un clásico del ambiente viajero: los artesanos de macramé. Rápidamente aprendimos a hacer pulseras y collares, y sumamos esa fuente de ingreso. Sí, pasamos de las consultorías y dirigir empresas, a vender libritos y pulseras frente al mar. Y la verdad, ¡nos encanta!".
"Otra faceta que venimos incorporando es el auspicio de empresas y marcas que, interesadas en nuestra forma de mostrar el viaje y por la audiencia que nos sigue, nos contratan para mostrar y difundir sus productos o servicios en nuestras cuentas de redes sociales. Nunca nos imaginábamos que esta forma de generar ingresos podía hacerse realidad".
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"Porque, claro, salimos con un plan inicial de un año, pero a los tres meses nos dimos cuenta de que este estilo de vida había llegado a nosotros para quedarse más tiempo. Viajar sin prisa es algo alucinante".
"Así que pronto entendimos que íbamos a tener que apagar más de una vela de torta de cumpleaños arriba de nuestra Boyita, y lo mejor fue entender que esa idea también nos empezaba a gustar".
"Los nuevos objetivos, entonces, nos llevaron a replantearnos el viaje y extenderlo. Así que decidimos que en total serán dos años recorriendo el sur del continente americano".
"E iremos alimentando aquel objetivo inicial, cuando partimos hacia la costa uruguaya -que recorrimos casi completa-, y avanzamos rumbo a Brasil por el sur, centro y norte, donde nos encontramos actualmente".
"La idea es seguir avanzando al corazón del Amazonas y luego subir a Venezuela o Colombia, según cómo se encuentre la situación política y social en ese momento. Para continuar hacia Ecuador, Perú, Chile y finalmente regresar a Argentina".
"En cuanto a los kilómetros, es difícil precisar, ya que nuestro estilo de recorrido es lento y flexible. A veces recorremos apenas 30 ó 40 en en un día, y en otros hacemos entre 300 y 500 kilómetros".
"Hay sitios en los que pasamos sólo una noche y otros en los que nos quedamos un mes. Depende de variables como la belleza del lugar, el clima, la comunidad viajera que encontremos, o simplemente la necesidad familiar de frenar y descansar".
"El plan original, y por ahora lo venimos respetando, siempre fue apuntar a evitar el invierno argentino e ir empapándonos de la cultura costera".
"En nuestro mapa además marcamos destinos soñados como Jericoacoara, los Lençóis Maranhenses -ambos en Brasil, donde nos encontramos- y el Salto Ángel en Venezuela, la cascada más alta del mundo".
"A diferencia del motorhome, que es más caro y requiere una camioneta especial para viajar, La Boyita nos viene dando la posibilidad de combinar practicidad, nostalgia y aventura en un solo proyecto: al pesar sólo 350 kilos, se puede remolcar con casi cualquier vehículo".
"Reconocible por sus formas redondeadas, se produjeron mil quinientas unidades entre 1972 y 1982, exportándose a países latinoamericanos y a Alemania. Y ni hablemos de la genialidad de su creador, el ingeniero Jorge Luis Beritich, que la diseñó a la vez para que pudiera navegarse sobre ella... Después de varios miles de kilómetros recorridos, podemos afirmar que adquirir una y ponerla a punto fue la mejor decisión que pudimos tomar".
"Bueno, casi tan buena como habernos subido a una para intentar aprovechar al máximo la niñez de nuestros hijos, compartiendo tiempo de calidad con ellos. Todo surgió ahí, en realidad".
"Como padres de familia nos dimos cuenta de que esta etapa de los chicos es corta, intensa y pasa muy veloz. Incluso antes de emprender esta aventuras, cuando los dos trabajábamos en nuestra provincia vía virtual, la rutina de la ciudad y los compromisos nos alejaban de esa presencia plena que deseábamos".
"Muchas personas mayores nos lo advirtieron: 'Yo me perdí la infancia de mis hijos', '¡Que no se les escape!!', '¡¡Exprímanla lo máximo que puedan!!'".
”Ese consejo fue uno de los grandes motores que nos impulsó a cambiar de vida y salir a la ruta".
"Creemos firmemente que los sueños existen para cumplirse y no para quedar guardados en un cajón. Por eso, cuando nos abordó la idea, no quisimos demorarnos demasiado".
"Procuramos esquivar las dudas y los temores, y confiamos en nosotros mismos para dar el salto. Sabíamos, por nuestra experiencia en viajes de aventuras, que nunca existe el 'momento perfecto' para empezar un proyecto así. Así que directamente le dimos para adelante".
"Sólo esperamos que Vera tuviera su calendario de vacunas completo y que no hubiera empezado el jardín. Justo antes de partir dejó los pañales de manera natural, lo que simplificó bastante la logística".
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"El caso de Silvestre era distinto: aunque ya estaba escolarizado, sentimos que comenzar con homeschooling en salita de 5 era un desafío más manejable que hacerlo después, ya en la primaria. Así que resuelta la situación de los chicos, abordamos el desafío. O varios desafíos, porque no sólo se trataba de emprender una travesía, sino de convivir en una casita rodante de dos metros por cuatro".
"... Y volvemos a la importancia de La Boyita, ya que nuestra economía resultaba limitada... Por suerte se trata de un vehículo al que entrás parado. Es muy espacioso. En su interior hay un baño seco (más amigable con el ambiente, porque separa la orina y la materia fecal) y una ducha que debemos usar sentados. También contamos con dos cuchetas -para los chicos- y una mesa de madera plegable que durante el día sirve para comer y trabajar y de noche se transforma en cama matrimonial".
"Adentro además hay una hornalla, un botiquín, un grifo para 50 litros de agua pura, una heladera de 32 litros que funciona con 12 watts y se mantiene a -6 grados de temperatura; distintos compartimentos que se usan como alacenas, un ventilador, ventanas con mosquiteros, luces led y una batería con su inversor para transformar la energía a 220 watts. Se completa con bauleras para equipaje y alimentos y, en nuestro caso, un panel que toma la energía solar para abastecer a La Boyita”.
"Nuestras rutinas se sostienen mejor cuando estamos al menos cinco días en el mismo destino -algo que intentamos lograr seguido-. En general de lunes a viernes nos levantamos entre las 6 y las 7, y para las 8:30/9 estamos desayunados y empezando con actividades. Lo primero son las tareas: para Silvestre, asociadas a la escuela, y para Vera, más lúdicas, aunque la intención principal es que su hermano pueda estudiar sin que lo desconcentre (con resultados variables, claro, jajajá)".
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"Los fines de semana son tiempos de playa en familia y también de ventas, porque salimos a ofrecer nuestros productos".
"La hoja de ruta, mientras tanto, se va armando sobre la marcha. Siempre tratamos de equilibrar lo que le gusta a cada integrante de la familia. Y créannos: no es fácil".
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"Lo que nos resulta unánime e incondicional a los cuatro son la arena y las playas. ¡Los adoramos!".
"Obvio que sin dejar de lado otras búsquedas que nos interesan: conocer parques nacionales, como los canyones del sur brasileño y las cascadas y cavernas de la Chapada Diamantina, además de algunas ciudades icónicas tipo Salvador de Bahía... No le huímos a nada que pueda sorprendernos".
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"Entretanto, en la búsqueda de esos destinos que nos hacen tan felices, seguirán guiándonos tres ejes ideales: turismo aventura, cultura y naturaleza".
"¿Hoja de ruta? Difícil... Por ahora sólo avanzamos hacia arriba de Sudamérica, no más. Porque para nosotros viajar en familia es una invitación a soltar y dejarnos llevar".

Video y fotos: Cortesía de los Rimondino-Vivanco (Familia viajera @DejateLlevar.ok)



 
 

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