El espacio habitacional de su mini casa andante mide 3 metros de largo por 2 de ancho y 1,80 de altura y custodia kilómetro a kilómetros el devenir de los Rimondino-Vivanco, quienes descubrieron en una escena de la película El libro de la selva el mejor protexto para patear el tablero y despertar de cierto sueño monumental que venían compartiendo -y tantas almas del globo terráneo nos planteamos en lo íntimo sin consumarlo-, hasta convertirlo en acción, en realidad.
Pero, ¿quiénes son ellos, los valientes mosqueteros que le dieron batalla a la procrastinación -ese mal que nos inmobiliza los sentidos-, se subieron a una casita rodante y salieron a consumar el gran anhelo de sus vidas: “Era ahora o nunca”, admiten los integrantes de Familia Viajera @DejateLlevar.ok, un proyecto de años que encontró esa mencionada excusa en la frase que el oso Baloo le menciona a Mowgli promediando aquel filme dirigido por Jon Favreau, basado en la legendaria historia de Rudyard Kipling: “Compadre ¡Esto si que es vida! Así, déjate llevar, así, en el rio tranquilo, deja el cuerpo descansar, relájate”.
-"Lo esencial es invisible a los ojos", completaría poéticamente El principito.
-¡Tal cual! -admiten ahora a dúo los cordobeses Clara Rimondino (38) y Matías Vivanco (42), mientras los pequeños Vera Azul (2 años y medio) y Silvestre (5) mueven sus cabecitas hacia arriba y abajo en señal de aceptación-. Es que esa escena no sólo nos divierte mucho, sino que refleja cómo queremos transitar esta aventura: con menos preocupaciones, con más simplicidad y aprendiendo a disfrutar de lo vital.
-¿Por eso lo de “Dejate llevar”?
-Exacto. Para nosotros viajar en familia también es una invitación a soltar y dejarnos llevar.
“CON CUATRO MIL DÓLARES DE INVERSIÓN Y MIL QUINIENTOS PARA MEJORAS Y EQUIPAMIENTO, SALIMOS A LA RUTA”

"Dejarse llevar", dicen, y miran de reojo a La Boyita 350, una casita rodante fabricada en 1974 y a la vez un clásico argentino en la materia: se produjo entre 1972 y 1982 con prestaciones que fueron revolucionarias para la época y que aún sorprenden. Su construcción íntegra en fibra de vidrio no sólo la hacía -y hace- liviana y resistente, sino que también le daba -y da- la particularidad de poder flotar.
“La compramos en Mendoza, donde encontramos una bastante original y en muy buen estado -relata el matrimonio a Revista GENTE-, la llevamos a nuestra provincia y con paciencia empezamos a restaurando. La pagamos cuatro mil dólares y luego invertimos unos mil quinientos para mejoras y equipamiento. Comparada con el costo de un motorhome usado, resultó una opción bastante accesible”, señalan con su tonadita natal antes de sumar nuevos halagos para su “vivienda” andante.
“Porque además tiene otra gran ventaja -continúan-: al pesar sólo 350 kilos, es muy liviana y fácil de remolcar con casi cualquier vehículo. En nuestro caso, el mismo que usamos a diario. A diferencia del motorhome, que requiere una inversión mucho mayor -cotejan-, La Boyita nos dio la posibilidad de combinar economía, practicidad, nostalgia y aventura en un solo proyecto”.
“NUNCA EXISTE EL ‘MOMENTO PERFECTO’, ASÍ QUE NOS GUIAMOS POR IMPULSOS Y CORAZONADAS”

Matías es profesor de Educación física y guía de montaña, “aparte de emprendedor, desde hace una década y media”, añade. Fundó una empresa dedicada a la producción de contenidos audiovisuales y a la venta de actividades de turismo aventura, con una agencia de viajes propia. Clara, por su parte, docente y doctora en biología especializada en biología marina antártica, durante varios años recibió una beca del CONICET para sus investigaciones, al tiempo que se volcó al emprendedurismo con su propio proyecto: “Una consultora ambiental que trabajaba tanto en el ámbito público como en el privado”, desliza ella, haciendo una pausa que permite darle lugar a algunas de las preguntas que todos -lectores, aventureros, familias completas, periodistas, todos- nos hacemos:
-Con sus carreras en pleno desarrollo y dos chicos de tan corta edad, ¿por qué decidieron salir tan pronto a la ruta y no esperar un poco?
-Si bien nos consideramos personas organizadas, también solemos guiarnos por impulsos y corazonadas. Creemos firmemente que los sueños existen para cumplirse y no para quedar guardados en un cajón. Por eso cuando surgió la idea no quisimos demorarnos demasiado. Procuramos esquivar las dudas y los temores, y confiamos en nosotros mismos para dar el salto. Sabíamos, por nuestra experiencia en viajes de aventuras, que nunca existe el “momento perfecto” para empezar un proyecto así. Así que…
-¿No planificaron nada?
-Lo único que planificamos fue, por un lado, esperar a que Vera tuviera su calendario de vacunas completo, y por el otro, que no hubiera empezado el jardín. Justo antes de salir dejó los pañales de manera natural, lo que simplificó bastante la logística.
-¿Y en cuanto a Silvestre, el mayor?
-Aunque ya estaba escolarizado, sentimos que comenzar con homeschooling en salita de 5 era un desafío más manejable que hacerlo después, ya en la primaria… Si querés llamalo planificar, pero lo más importante para nosotros era poner el foco en intentar aprovechar al máximo la niñez de nuestros hijos, compartiendo tiempo de calidad. Sabemos que esta etapa es corta, intensa y pasa muy veloz. Incluso antes del viaje, cuando los dos trabajábamos vía virtual en Villa Allende, la rutina de la ciudad y los compromisos nos alejaban de esa presencia plena que deseábamos. Muchas personas mayores nos lo advirtieron.
-¿Qué les advirtieron?
-“Yo me perdí la infancia de mis hijos”, “¡Que no se les escape!!", “¡¡Exprímanla lo máximo que puedan!!”. Ese consejo fue uno de los grandes motores que nos impulsó a cambiar de vida y salir a la ruta. A nosotros y a La Boyita claro: la silenciosa socia que nos acompaña en esta inolvidable aventura.
39 FOTOS COMENTADAS POR LOS PADRES DE LA FAMILIA VIAJERA (SIN QUE EN NINGUNA FALTE LA BOYITA, OBVIO)







































Video y fotos: Cortesía de los Rimondino-Vivanco (Familia viajera @DejateLlevar.ok)

