La noticia de que Alejandro Ruffo fue encontrado muerto en su celda volvió a sacudir un caso que ya había estremecido al país. Pero, sobre todo, volvió a poner el foco en Natalia Ciak, la mamá de Joaquín, el nene de ocho años asesinado por su propio padre.
Según trascendió, Ciak se enteró de que su expareja se había quitado la vida en el penal de Melchor Romero a través de su abogado. Se dijo que la mujer recibió la información en privado y decidió no hacer mayores declaraciones públicas.
Consultada por TN, fue contundente y breve. “Nada que decir. Nada me devuelve a Joaqui”, expresó. Una frase seca, directa, que condensó el dolor que arrastra desde agosto del año pasado.
Su reacción mantuvo la misma línea que adoptó desde el crimen de su hijo: el foco puesto en Joaquín y en el daño irreparable. Tras el asesinato de su hijo, ella había dicho: “Éramos luz y (Alejandro Ruffo) no se bancó saber que podíamos vivir sin él. No aguanté más su manipulación y mirá lo que hizo”.

En aquel entonces, la mujer también había remarcado que el crimen de su hijo había sido cometido de forma “consciente y premeditada” y lanzó una definición que quedó grabada en la memoria colectiva: “La peor traición no fue hacia mí. Fue hacia Joaquín”.
Hoy, frente al suicidio del hombre que mató a su hijo, Natalia eligió una frase contundente que no implicó indiferencia, sino la certeza de que ninguna noticia —ni siquiera su muerte— podrá reparar lo perdido.
El caso que conmocionó al país
El asesinato de Joaquín ocurrió en agosto de 2025 y sacudió a Lomas de Zamora y a toda la Argentina. Ruffo, de 52 años, fue detenido tras ser hallado gravemente herido en su casa de la calle Díaz Vélez al 100.
En la habitación principal yacía el cuerpo del niño, con una herida cortante y signos de asfixia. Ese día, Natalia había llamado al 911 al no poder comunicarse con su hijo. La pareja atravesaba una separación conflictiva.
Según la investigación, Ruffo quiso “mandarle un mensaje” a la mujer tras el pedido de divorcio y atacó al chico para causarle sufrimiento. Después intentó quitarse la vida con heridas de arma blanca en el abdomen, las muñecas y el cuello. Fue operado en el Hospital Gandulfo y sobrevivió. Más tarde, confesó el crimen.
La fiscalía caratuló la causa como homicidio triplemente agravado —por el vínculo, por alevosía y por el fin de causar sufrimiento a su cónyuge—, una de las figuras más graves del Código Penal. Desde entonces, permanecía detenido con prisión preventiva.

Según informaron fuentes penitenciarias, Ruffo fue hallado colgado con una sábana atada a la ventana de la celda 85 del Pabellón 4. Otros internos intentaron asistirlo, pero los médicos constataron la muerte en el lugar. La UFI N°3 de La Plata abrió actuaciones por “suicidio” y ordenó la autopsia.
Mientras la causa judicial avanza, Natalia Ciak eligió no agregar más palabras. Porque, como dejó en claro, ninguna muerte, ninguna resolución judicial, ninguna explicación, puede devolverle a su hijo.
Y en esa frase —“Nada me devuelve a Joaqui”— volvió a quedar expuesto el centro de todo: el vacío imposible de llenar.
