El caso de María Unger Reimer, la mujer que en 2019 escapó de una colonia repleta de sometimientos, sumó en las últimas horas un capítulo clave. Después del ataque que denunció haber sufrido el domingo pasado, cuando regresó a la comunidad menonita Nueva Esperanza, su abogada presentó ante la Justicia un pedido urgente: que sus dos hijas, quienes fueron secuestradas por su padre, regresen con ella.
Según trascendió, la letrada Karina Álvarez Mendiara solicitó este miércoles ante un juzgado de familia local la restitución de las niñas y medidas de protección que contemplen el contexto de violencia de género y vulnerabilidad social. También pidió acompañamiento interdisciplinario para garantizar sus derechos.

Hoy las adolescentes, de 12 y 15 años, se encuentran en la colonia menonita de la zona de Guatraché donde María vivió hasta sus 27 años, sufriendo todo tipo de maltratos. Y la decisión está en manos de la jueza Daniela de la Iglesia, titular del Juzgado de Familia y el Menor de la Tercera Circunscripción Judicial, con sede en General Acha.
El expediente es sensible. La magistrada deberá definir si restituye o no a las chicas a su madre, quien desde que escapó en 2019 de la comunidad vive en Tucumán y denunció haber sido víctima de violencia sistemática por parte de su exmarido.
María ya había logrado, tiempo atrás, llevar a sus hijas al norte argentino. La mayor incluso cursó allí parte de su escolaridad. Sin embargo, el regreso a La Pampa volvió a tensar una historia marcada por conflictos familiares y diferencias profundas sobre el modo de vida dentro de la comunidad.

Tras el último episodio de violencia ocurrido en la vía pública, la pelea dejó de ser solo personal para convertirse en judicial. “Salir de la comunidad cuesta la vida, pero quedarse también”, había dicho María días atrás, una frase que hoy resuena en tribunales.
Mientras Guatraché sigue de cerca el caso, la resolución que adopte la jueza no solo impactará en la vida de dos adolescentes, sino que también pondrá bajo la lupa el abordaje institucional frente a situaciones atravesadas por violencia de género y contextos comunitarios cerrados.
Para María, la batalla ahora es clara: quiere que sus hijas crezcan lejos del miedo. Y espera que la Justicia le dé esa oportunidad.
Cómo fue el secuestro de las hijas de María
Las dos menores, de 12 y 15 años, fueron subidas por la fuerza a una camioneta en la ciudad de Santa Rosa y trasladadas de regreso a la colonia menonita Nueva Esperanza, en un episodio que se produjo apenas un día después de que María denunciara haber sido brutalmente golpeada y amenazada de muerte por su ex pareja.

El conflicto se desencadenó el domingo 8, cuando María fue agredida por su ex esposo en la colonia. Según su relato, el hombre también amenazó con matar a las chicas. Tras la golpiza, intervino la Policía de Guatraché y la mujer fue hospitalizada. Luego realizó dos denuncias formales y regresó a Santa Rosa con sus hijas, donde se alojaba mientras visitaba a su madre enferma.
Sin embargo, el lunes 9, el ex apareció frente al departamento en el que estaba María, acompañado por otros integrantes de la colonia, y se llevó a las adolescentes.
Aunque fueron demorados en la ruta 1 y existía una denuncia por supuesto secuestro, finalmente se les permitió continuar viaje hacia la colonia. La situación generó cuestionamientos sobre la actuación judicial, ya que no se había dictado una restricción de acercamiento que podría haber evitado el traslado.
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