Cómo es el Apollo Evo, el deportivo de sólo 10 unidades que vale 3.5 millones de dólares – GENTE Online
 

Cómo es el Apollo Evo, el deportivo de sólo 10 unidades que vale 3.5 millones de dólares

Diseñado exclusivamente para pista, combina un chasis ultraliviano, aerodinámica extrema y un V12 atmosférico de origen Ferrari.
Autos y Motos
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Durante años fue apenas una silueta extrema, un ejercicio conceptual pensado para demostrar hasta dónde podía llegar una marca joven cuando no había compromisos comerciales de por medio. Hoy, finalmente, el Apollo Evo dejó atrás la etapa de prototipo y pasó a producción. Eso sí: con una condición clara y excluyente. Apenas se fabricarán diez unidades, todas destinadas exclusivamente al uso en pista.

El Apollo Evo fue concebido exclusivamente para uso en circuito.

La decisión no sorprende. Apollo Automobil nunca tuvo la intención de construir un auto complaciente ni adaptable a regulaciones de calle. El Evo es, desde su concepción, una máquina de circuito, diseñada sin concesiones y con una lógica más cercana a la de un prototipo de competición que a la de un superdeportivo tradicional.

La base de todo es su monocasco de fibra de carbono, que pesa apenas 165 kilos. La cifra impresiona por sí sola, pero cobra aún más relevancia cuando se la compara con su antecesor, el Apollo Intensa Emozione. En el Evo, el chasis es un 10% más liviano y, al mismo tiempo, un 15% más rígido desde el punto de vista estructural. Menos masa, más precisión, mayor feedback: la ecuación es directa y brutal.

El diseño acompaña esa filosofía sin disimulo. La iluminación LED de trazo filoso, la enorme toma de aire en el techo y el capó flotante tipo concha construyen una identidad visual agresiva, casi intimidante. Sin embargo, todo queda parcialmente eclipsado por el conjunto trasero: un difusor sobredimensionado y un alerón activo capaz de generar hasta 1.300 kilos de carga aerodinámica a 320 km/h. Números que hablan el lenguaje de la competición, no del marketing.

Aerodinámica capaz de generar 1.300 kilos de carga a alta velocidad.

Cada detalle parece pensado para impactar. Desde los faros delanteros en forma de estrella hasta las luces traseras radiales de seis puntas, el Evo no busca agradar: busca imponer presencia. Apoya su figura sobre neumáticos Michelin Pilot Sport Cup 2 R, con llantas de 20 pulgadas en el eje delantero y 21 en el trasero, un combo elegido para maximizar el agarre y soportar cargas aerodinámicas extremas.

Puertas adentro, la radicalidad se vuelve casi ascética. Los diseñadores eliminaron todo lo superfluo, al punto de que el tablero -según la propia marca- cumple funciones estructurales, actuando como una viga más dentro del conjunto. La disposición de los comandos responde a una lógica funcional, pensada para el piloto y no para la estética. No hay pantallas innecesarias ni artificios de lujo: acá manda la eficiencia.

Interior minimalista, pensado solo para el piloto.

El corazón mecánico mantiene viva una especie en extinción. El Apollo Evo utiliza un motor atmosférico V12 de 6.3 litros, de origen Ferrari, capaz de entregar 800 caballos de potencia y 765 Nm de par. Asociado a una transmisión secuencial de seis relaciones, este conjunto empuja a un auto que pesa apenas 1.300 kilos.

Las cifras acompañan la narrativa extrema: 0 a 100 km/h en 2,7 segundos y una velocidad máxima de 335 km/h. Pero más allá de los números, lo relevante es la experiencia. Un V12 sin turbo, sin electrificación y sin filtros artificiales, en un contexto donde cada vez quedan menos exponentes de este tipo.

La exclusividad también se mide en términos económicos. Cada unidad del Apollo Evo tendrá un valor estimado de 3,5 millones de dólares. Un precio que lo ubica directamente en el segmento más alto del mercado, aunque en este caso no se paga solo la performance, sino la pertenencia a un club diminuto: diez autos, diez propietarios, una sola interpretación posible.

Las primeras entregas están previstas para el primer semestre de 2026. A partir de ese momento, el Evo dejará de ser una promesa para convertirse en lo que siempre fue pensado: un objeto de culto, destinado a girar en circuitos privados y a recordar que todavía existen autos creados sin pedir permiso.



 
 

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