Freelander vuelve al ruedo, pero no como muchos lo recordaban. El nombre que durante años formó parte del universo Land Rover ahora reaparece convertido en una marca propia, nacida de la alianza entre Jaguar Land Rover y Chery. El primer paso de esta nueva etapa es el Concept 97, un SUV conceptual presentado en China que anticipa una familia de modelos electrificados y marca el arranque formal de un proyecto con ambición internacional.

La referencia del nombre es directa. El “97” remite a 1997, el año en que se lanzó el primer Land Rover Freelander, un modelo que en su momento abrió una puerta importante para la marca británica dentro del segmento de los SUVs compactos.
Ese vínculo con el pasado no es casual. La nueva Freelander busca apoyarse en el valor simbólico de aquel nombre, pero lo hace desde una estructura completamente distinta: ya no será un Land Rover, ni llevará logos de JLR, ni funcionará como una simple variante dentro de otra gama. Será una marca separada, producida en China, con red comercial propia y una oferta enfocada en vehículos electrificados.
El Concept 97 deja claro ese punto desde su planteo general. Tiene proporciones robustas, un formato SUV muy marcado y varios rasgos que remiten al Freelander original, aunque reinterpretados con un lenguaje actual.

En el frente aparecen ópticas y superficies limpias que recuerdan de manera indirecta al diseño Land Rover de fines de los 90 y comienzos de los 2000. En el perfil se destaca el recurso del pilar trasero diagonal, uno de los guiños más evidentes al viejo Freelander, sobre todo a las versiones de tres puertas. También aparece una zona posterior del techo en negro que refuerza esa asociación visual.
Atrás, el modelo suma hombros bien marcados y una silueta que mezcla referencias del Freelander original con algunos códigos más recientes de Land Rover. No es una copia retro ni un ejercicio nostálgico. Más bien parece un intento de tomar ciertos rasgos reconocibles y usarlos para construir una identidad nueva. Esa es, en definitiva, la lógica de todo el proyecto: recuperar un nombre conocido, pero sin quedar atado a lo que fue.

Puertas adentro, el concept se corre bastante del mundo Land Rover tradicional y se acerca más a la estética de algunos productos recientes del grupo Chery. El interior muestra una gran superficie panorámica para instrumentación y multimedia, una pantalla central importante y un diseño general más minimalista, aunque con comandos físicos y diales. También aparecen soluciones típicas de show car, como asientos de configuración flexible, pantallas traseras, doble techo panorámico y puertas traseras de apertura inversa, recursos que difícilmente lleguen intactos a producción.
Para dejarlo claro, Freelander no aparece como un “Land Rover barato” ni como una submarca de acceso. La idea es posicionarla en un espacio Premium propio, separado tanto de la oferta generalista de Chery como del esquema principal de JLR. La producción arrancará en China y el primer modelo derivado de este concept debería debutar allí en la segunda mitad de 2026, con una gama que más adelante irá sumando nuevas propuestas.

Este regreso muestra hasta qué punto las marcas están dispuestas a reutilizar nombres con historia cuando todavía conservan valor en la memoria del público. Freelander era un nombre fuerte, reconocible y asociado a una etapa muy concreta de Land Rover. JLR y Chery decidieron rescatarlo, pero no para repetir una fórmula vieja, sino para construir algo nuevo sobre esa base. El riesgo está ahí: usar un nombre conocido ayuda a llamar la atención, pero también obliga a estar a la altura de lo que ese nombre significa.


