Veinte años no son nada… salvo cuando lo que se recuerda cambió para siempre las reglas del juego. El Bugatti Veyron vuelve a escena justo dos décadas después de que la primera unidad saliera de fábrica, y lo hace como solo la marca francesa sabe hacerlo: con un homenaje tan exclusivo como cargado de significado. Se llama FKP Hommage y existe una sola unidad en todo el mundo. Nada más. Nada menos.

El nombre no es casual. El FKP Hommage rinde tributo a Ferdinand Karl Piëch, el ingeniero austríaco que impulsó una de las obsesiones más grandes en la historia del automóvil moderno. Porque el Veyron no fue solo un coche extraordinario: fue una demostración de poder técnico, una declaración de principios y, sobre todo, una forma de decirle al mundo que lo imposible era apenas un punto de partida.
Cuando el Veyron apareció en 2006, el impacto fue inmediato. Su motor W16 de 8.0 litros entregaba 1.000 caballos de potencia y empujaba al auto hasta los 407 km/h. Más tarde, esa misma arquitectura llegaría a los 1.200 caballos y a los 431 km/h, cifras que durante años parecieron irrepetibles. No era solo velocidad: era una forma distinta de entender el lujo, el exceso y la ingeniería llevada al extremo.
El 22 de enero de 2006 quedó marcado como el día en que Bugatti rompió el molde. Veinte años después, la marca conmemora ese momento con el segundo proyecto de Solitaire, su división dedicada a los vehículos más especiales y personales. Tras el debut del Bugatti Brouillard en el verano europeo de 2025, el FKP Hommage llega como un regreso deliberado a los orígenes, con un mensaje claro: el espíritu del Veyron sigue vivo.

A primera vista, el FKP Hommage puede parecer un ejercicio de nostalgia visual. Pero basta observarlo con atención para descubrir que no se trata de una simple reinterpretación. En el frente, la emblemática parrilla en forma de herradura es más ancha, pensada para mejorar la refrigeración, mientras que las ópticas adoptan un diseño completamente nuevo. En la parte trasera, la posición de los escapes también cambia, marcando diferencias sutiles pero decisivas.
La pintura es otro de los puntos donde el homenaje cobra identidad propia. El negro ya no es un bloque uniforme como en el Veyron original: aquí dialoga con la fibra de carbono expuesta, teñida para ganar profundidad y sofisticación. El resultado es más moderno, más refinado, pero fiel a la esencia de aquel auto que supo desafiar todos los límites conocidos.
El final de la producción del Bugatti Chiron marcó también la despedida oficial del legendario motor W16 en la gama regular de la marca. A partir de ahí, Bugatti inició una nueva etapa con el Bugatti Tourbillon, su nuevo buque insignia y el primer gran proyecto bajo la conducción de Mate Rimac.

Sin embargo, en Bugatti saben que el W16 sigue siendo un imán emocional. Por eso, el departamento Solitaire decidió devolverlo a escena para sus creaciones más exclusivas. Lo hizo con el Brouillard y lo repite ahora con el FKP Hommage, en una suerte de despedida extendida para uno de los motores más icónicos jamás creados.
El dato no es menor: este homenaje se convierte en el Veyron más potente de la historia. El W16 de 8.0 litros entrega aquí 1.600 caballos de potencia, la cifra máxima que alcanzó en las versiones más extremas del Chiron. Para ponerlo en contexto, ese mismo bloque llegó a rozar los 490 km/h en el pasado, una cifra que todavía hoy parece salida de una fantasía.
También cambia, y mucho, la noción de exclusividad. El Veyron original costaba alrededor de 1,1 millones de euros y tuvo una producción total de 450 unidades. Era un objeto reservado para una élite, pero no inalcanzable. El FKP Hommage, en cambio, juega en otra dimensión: una sola unidad, sin precio oficial, pero con estimaciones que lo ubican muy por encima de los 25 millones de euros que habría costado el Brouillard. El peso simbólico del Veyron y el factor nostalgia hacen el resto.
Más que un auto, el FKP Hommage es un recordatorio de una época en la que Bugatti decidió no negociar con los límites. Y una forma elegante -y brutal- de decir que hay leyendas que no envejecen: simplemente se vuelven más valiosas.


