Durante más de una década, Cintia Lepere trabajó en el corazón de los medios argentinos. Redacciones digitales, cierres contrarreloj, estudios de televisión, camarines, exigencias y escenas que nunca llegan a verse en pantalla formaron parte de su día a día. Hoy, varios años después de haber tomado distancia de ese mundo, todo ese material dio forma a Lady U., su segunda novela, publicada por Caburé.

En este libro, Lepere presenta el mundo de Lady U., una diva de televisión en decadencia, monumental y frágil a la vez, creada a partir de retazos reconocibles del imaginario popular. No es Mirtha Legrand, no es Susana Giménez, no es Moria Casán, pero tiene algo de todas. “Lady U. es un Frankenstein”, repite la autora, consciente de que su personaje dialoga de manera inevitable con las grandes figuras de la cultura argentina.
Pero la novela va mucho más allá del guiño celebrity. Lady U. es una historia sobre la fama como ilusión, sobre el culto a la juventud, sobre el deseo convertido en mercancía y sobre lo que sucede cuando las luces se apagan. En esta entrevista con Revista GENTE, Lepere habla del origen del libro, de su relación con los medios, de vivir de la escritura y de por qué decidió dejar de romantizar la fama.
Del periodismo a la literatura: “Siempre fue mi pasión”
Cintia Lepere nació en Necochea en 1982 y, como tantos jóvenes del interior, se mudó a Buenos Aires a los 18 años para estudiar y trabajar. Se formó como redactora especializada en textos literarios en el Instituto Superior de Letras Eduardo Mallea y comenzó a trabajar en medios cuando el periodismo digital todavía estaba en su etapa más rudimentaria.

“Empecé en una época en la que los redactores online escribíamos en HTML. Era la prehistoria”, recuerda entre risas. Pasó por redacciones, áreas de prensa y edición de contenidos digitales, siempre atravesada por una dinámica frenética: “Todo era para ayer. Eso no cambió nunca”.
Sin embargo, mientras construía una carrera en los medios, la literatura ocupaba otro lugar, más silencioso pero constante. “Siempre escribí en paralelo. Siempre fue mi verdadera pasión”, dice. En 2016 publicó su primera novela, El perro fiel, editada en Barcelona tras quedar finalista en un concurso internacional. Luego vinieron antologías, talleres, seminarios y una formación literaria sostenida en el tiempo.
Ese doble recorrido —medios por un lado, literatura por el otro— es clave para entender el origen de Lady U.. La novela empezó a tomar forma mucho antes de convertirse en un proyecto consciente. “Trabajaba en medios y veía escenas todo el tiempo. Entrar y salir de gente de los estudios, los peinadores, los asistentes, los camarines, las exigencias… Todo eso se me iba quedando en la cabeza”, cuenta.
Al principio, esos apuntes eran casi un divertimento personal. “No tenían ninguna pretensión de ser una novela. Era como reprocesar situaciones que veía y escribirlas para mí”, explica. Entrevistas a famosos, notas de color, presentaciones televisivas: detrás de cada contenido publicado había un entramado mucho más complejo y, muchas veces, absurdo.
El punto de inflexión llegó cuando Lady U. dejó de ser una caricatura. “Empezó a cobrar volumen. Ya no era solo la diva diciendo ‘más luz, más luz’, sino que empezó a tener aristas, preguntas, contradicciones”. Y con ese crecimiento apareció la pregunta central que sostiene toda la novela: “¿Qué pasa cuando la luz se apaga? ¿Quién es esa persona cuando no están el peinador, la cámara, el público?”.
Una diva hecha de mezcla entre ficción y realidad
Al presentar su libro en Buenos Aires, Lepere fue clara en un punto: Lady U. no es una biografía encubierta ni un libro de chismes. “No es gossip. No hay chismes de pasillo. Es ficción”, insiste. Sin embargo, la conexión con la realidad es innegable.

“Sería hipócrita no asumir que hay algo de todas las divas de nuestra tele en esta novela. Son la inspiración y la materia prima, pero no hay intención biográfica”, aclara. Por eso define a su protagonista como un Frankenstein: una criatura armada con fragmentos reconocibles, pero que existe por sí misma.
—¿Cuál es el vínculo de Lady U con lo real y hasta dónde con lo ficticio?
—Lo real tiene que ver con lo que pienso de la fama, esa fantasía, es ilusión, es magia. Y que cuando se acaba, si alguien se comió el cuento de la fama, ¿con qué se queda? Y un poco es eso lo que transita Lady. Es una persona que a la que le pasó el tiempo como a todos y un poco la tele, los medios, hoy más que nunca también las redes sociales, no perdonan el paso del tiempo. Que es mucho más cruel con estas personas que están en el foco todo el tiempo, frente a la cámara. Y por supuesto, que hay escenas que yo las saqué de la realidad y las reinterpreté, porque de eso se trata también la literatura. Uno escribe de lo que ve o sabe y después con eso hace ciencia ficción, distopía, realismo mágico, lo que sea.
“El divismo va más allá de la fama. Podés dejar de ser famoso, pero ¿podés dejar de ser diva?”, se pregunta. Esa tensión atraviesa todo el libro y se vuelve una metáfora poderosa sobre la identidad, el ego y la construcción del yo en el espacio público.

En ese sentido, en la novela se materializan espacios simbólicos de la fama y el ser diva: la mansión, los sets de televisión, los camarines. Lugares que la autora utiliza para mostrar la dualidad que atraviesa a sus personajes, donde todo parece resplandecer mientras se desmorona por dentro. Aunque Lady U. está ambientada en el esplendor de la televisión, su lectura resulta inquietantemente contemporánea, con posibles comparaciones con fenómenos actuales: ídolos pop que alcanzan picos de exposición enormes o figuras que emergen de realities y luego enfrentan el vacío. “La burbuja se infla y se pincha cada vez más rápido. Hoy la fama puede durar meses”, observa.
Lady U. es, ante todo, una historia incómoda. No busca señalar con el dedo ni ofrecer moralejas, pero sí invitar a mirar de frente un sistema que produce y descarta cuerpos, ídolos y fantasías. “Los escritores escribimos para sacarnos los fantasmas de la cabeza”, dice Lepere. En ese gesto íntimo, su novela logra algo más: interpelar al lector, desnudar el espectáculo y recordarnos que, detrás de cada diva, hay una persona intentando sobrevivir cuando se apagan las luces.


