Mientras Julián Weich construyó durante décadas una carrera sólida en la televisión argentina, su hijo Jerónimo, más conocido como “Momo” o cariñosamente como “su hijo hippie”, decidió escribir una historia completamente distinta. Lejos de los estudios, las cámaras y la exposición mediática, el joven eligió una vida en contacto directo con la naturaleza, en las sierras de Córdoba.
Instalado en un entorno serrano, rodeado de monte, ríos y aire puro en Córdoba, Momo construyó un estilo de vida simple y consciente. Su día a día transcurre entre actividades al aire libre, proyectos personales vinculados a la tierra y una filosofía que prioriza el bienestar, la comunidad y el respeto por el entorno. Su rutina es austera pero plena: madrugadas tranquilas, trabajo manual y una conexión constante con el paisaje.
Hace tiempo que el joven decidió alejarse del ruido de la ciudad para instalarse en Los Hornillos, Córdoba. Allí, junto a su pareja, levantó una casa de barro bajo los principios de la permacultura y la bioconstrucción.

A diferencia de otros hijos de figuras públicas, Jerónimo optó por mantener un perfil completamente alejado del mundo de los medios. No frecuenta eventos, no busca protagonismo ni capitaliza el apellido. Su presencia en redes sociales, cuando la hay, refleja más paisajes que selfies y más reflexiones que exposición.
El nuevo oficio de Momo que emocionó a Julián Weich
Sin embargo, en los últimos días su nombre volvió a aparecer en agenda por un motivo que despertó admiración. Fue el propio Julián Weich quien, con orgullo, contó que su hijo se sumó como brigadista para colaborar en los incendios que afectaron a la Patagonia. Lejos de quedarse en la comodidad de su entorno, Momo decidió viajar para brindar apoyo en una situación crítica, sumándose a las tareas de asistencia y combate del fuego.

El gesto no sorprendió a quienes conocen su sensibilidad ambiental. Comprometido con el cuidado de la naturaleza y con una fuerte conciencia ecológica, Jerónimo entiende su vínculo con el entorno como algo activo, no contemplativo. Ser brigadista implica entrenamiento, riesgo y trabajo en equipo: una entrega silenciosa que habla más fuerte que cualquier discurso.
Julián, siempre reservado en lo que respecta a la vida privada de sus hijos, no ocultó la emoción al compartir la noticia. Para él, el camino elegido por Momo es motivo de orgullo: una decisión coherente con sus valores y su forma de estar en el mundo.

