Franco Giordano (también conocido mediáticamente como Franco Yan) dijo presente junto a su abuela Cris Morena en la noche del 8 de abril al imponente show de Soda Stereo ECOS, que volvió a desplegar su fenómeno en Buenos Aires con su tercera presentación en la ciudad, en un Arena colmado, y con la potencia de un tour que no para de sumar funciones por la altísima demanda del público.

En las imágenes de la salida se los ve posando con naturalidad y cercanía, en un clima de salida “de verdad”, sin rigideces de alfombra roja. El grupo -del que también fue parte la pareja de Franco, Ernestina Ambiela y un amigo- eligió un registro casual urbano que dialoga perfecto con una noche de show: Ernestina eligió un vestido azul de caída fluida combinado con abrigo oscuro, en clave más romántica pero práctica; Franco fue por una combinación con camisa clara a rayas finas y una chaqueta tipo gamuza en tono camel, que aporta textura y un guiño retro; y completa la escena Cris con un mix de jean, top blanco con flecos y tapado a cuadros, con accesorios delicados que terminan de redondear una estética joven y contemporánea. Todo, en un entorno de luces cálidas propio de un gran evento nocturno.
La salida funciona, además, como una foto que condensa presente: Franco viene transitando un tiempo de mayor exposición, pero siempre con un tono medido, más cercano a la sensibilidad artística. También se encuentra atravesado por el hecho de hacerse público su vínculo con Ernestina Ambiela —cantante e influencer, conocida también como “Erne”— que tuvieron hace no mucho tiempo la primera aparición pública como pareja en un evento teatral de alto perfil. Ese dato no es menor para entender por qué la presencia de ella en una noche familiar y musical se leyó como un gesto de consolidación: acompañar también es formar parte del mundo íntimo, incluso cuando alrededor hay flashes.
Cris Morena, por su parte, atraviesa un período de actividad intensa, en el que conviven proyectos gigantes con una narrativa emocional que siempre estuvo en el corazón de su obra. En lo profesional, Margarita se convirtió en un eje de expansión: tras el éxito de la primera temporada y su salto al escenario, la productora habló de nuevas funciones en Tecnópolis y del inicio de rodajes para una segunda temporada, con más música y nuevas canciones en camino. A la par, impulsó experiencias ligadas a su universo formativo, como el campamento musical y creativo en Uruguay, que también generó conversación pública por su modalidad y precio. En ese contexto, verla compartiendo un plan simple con su nieto —un recital multitudinario, un abrazo, una foto grupal— refuerza otra idea: el refugio familiar como base, incluso cuando el calendario no da respiro.

Y si hay un punto donde se tocan el Franco artista y la Cris creadora, es en el modo en que ambos narran el afecto: con gestos. Por eso, esta salida no se lee solo como “una noche de show”, sino como una escena donde la música cumple su función más antigua: unir. Y, en una Buenos Aires que esa noche vibró con un regreso histórico, la familia también tuvo su propio pequeño concierto íntimo: el de estar juntos, en medio del ruido, con la calma de lo esencial.
Mirá También


