Camila “Cami” Lattanzio volvió a encender las alertas entre sus seguidores al publicar una seguidilla de historias de Instagram donde amplía la denuncia por violencia física y psicológica contra su ex pareja, Juan Pablo Scalese, un asesor político con quien había mantenido una relación de unos pocos meses.

Su nuevo relato llega como continuación del pedido de ayuda que compartió a comienzos de semana en la que la ex GH sostenía que había hecho dos denuncias, que esperó tres meses por una audiencia y que se enteró de que su caso “habría sido dado de baja”; además, aseguraba recibir amenazas y advertía que “tiene pruebas, videos y audios”.
En su nueva comunicación —que ella misma anticipa como un prólogo de lo que contará “cuando sea el momento”—, Cami puso el foco en las posibles consecuencias de haberse animado a hablar. “Hola, gente. ¿Cómo andan? Hago este video porque después de la historia que subí ayer sobre mi ex pareja sé lo que puede llegar a suceder. Bueno, parte de las amenazas que yo recibí de él era justamente esto”, comenzó, dando contexto sobre el miedo que atraviesa su día a día.
La ex participante de Gran Hermano 2022 reiteró que, cada vez que intentó exponer la situación, se activó una maquinaria de descrédito en su contra. “Si yo salía a hablar o contaba algo, me iban a empezar a hacer la vida imposible como ya me viene pasando… Ahora que lo difundí, sé que puede ser peor”, advirtió, con la voz entrecortada. “Seguramente van a empezar a difamarme, a inventar cosas mías, a difundir cosas falsas, como pasó hace unos meses”.
En su posteo previo, Lattanzio había denunciado que incluso su ámbito laboral se veía afectado: sostuvo que recibía llamados intimidantes “todos los días” y que “su abogado” la contactaba por privado para bajarla de compromisos de trabajo. Ese fue uno de los motivos por los que decidió hacer público su reclamo, tras intentar “resolverlo por la vía judicial”.

Ahora, volvió sobre esa vía: “La realidad es que yo intenté terminar de la mejor manera con este tipo y quería que lo arregle de una manera privada y quería que lo arregle la justicia. Yo vengo esperando tres meses hasta que se solucionara… y bueno, me enteré que me dieron de baja la denuncia”, afirmó en cámara. En sintonía con lo que había publicado días atrás, Cami insistió en que conserva evidencia: “Estoy muy tranquila, sinceramente, porque tengo todas las pruebas. Tengo todo lo que pasó… por suerte lo tengo guardado con candado, por más de que intentaron borrármelo varias veces”.
En su descargo, la artista también habló del miedo que le genera el poder de manipulación que atribuye a su ex. “No les voy a mentir: tengo un poco de miedo, porque alguien cuando es tan manipulador, y al estar en el poder, se creyó inmune y me subestimó un montón… te puede llegar a hacer creer un par de cosas”, dijo, al tiempo que anticipó que “van a hablar mal, van a inventar cosas”, pero sostuvo que serán “totalmente falsas”. “Cuando sea el momento, voy a hablar todo”, prometió.
Más allá del impacto mediático, su publicación vuelve a poner sobre la mesa una conversación urgente: el acceso a la protección y al acompañamiento de quienes denuncian violencia. En su pedido de ayuda, Cami interpela tanto a su comunidad digital como a las instituciones. Y entre líneas, deja un mensaje que atraviesa a miles de personas: cuando los mecanismos formales parecen no responder, las redes sociales se convierten en altavoz, pero también en un espacio riesgoso donde la revictimización y la difamación acechan.
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