Carla Conte llega al estudio de GENTE relajada, con la piel tostada por el sol y con una vibra que delata que está pasando por un gran momento. Acaba de regresar de unas vacaciones atípicas -de esas que, por la inestabilidad de la profesión, no solía permitirse-, y ya tiene la mente y el cuerpo puestos en su próximo gran desafío: el estreno de El chat de mamis, la comedia que protagonizará desde el 19 de marzo en el Multiteatro junto a Eugenia Tobal, Manuela Pal y Micaela Riera.
Y si bien sus tardes están colmadas de ensayos, frente al lente, ella se divierte y recuerda aquella vez en la que el mismo fotógrafo la había retratado con el pelo por la cintura saliendo toda mojada de una pileta. Otra vida, literal y metafóricamente. Es que la ariana se encuentra atravesando una etapa de renacimiento que se nota a la legua. No sólo tuvo una transformación física por elección, sino que su presente emocional acompaña esta etapa de luminosa madurez.

Frente a frente y sin matices, Carla relata cómo nació su historia de amor con su ex representante, confiesa cómo vive ella y su familia el hate en las redes sociales, comparte la lección que aprendió trabajando junto a Ángel de Brito, y lanza frases disruptivas que sorprenden como "El streaming es lo que yo hacía en Call TV". Sin más, vamos a la charla:
–Carla, se te ve radiante. ¿Es el verano o es tu interior que se refleja en el exterior?
–¿Hay más opciones? (risas). Es el verano, sí, porque tuve vacaciones muy largas y me dije: "Me voy a relajar, empiezo a hacer teatro y va a ser un año intenso así que lo disfruto...". Lo comento porque me cuesta un poco el tema de las vacaciones, porque o estoy trabajando o no me puedo ir. Pasa que en este laburo inestable es raro decir "me voy de vacaciones total ya sé que tengo un año de trabajo por delante". Eso hace rato que no me pasaba. Pero esta vez sabía que a la vuelta empezaba a ensayar para el teatro, así que tomé la decisión de no estresarme.
–¿Fuiste en pareja, con tus hijos? ¿Cómo fueron esas vacaciones?
–Hice una mezcla de todo. Primero fui con mis hijos (Mora, de 16, y Facu, de 11), con mi mamá y con mi hermano. Nos fuimos a Uruguay, a la zona de Rocha, en Punta del Diablo. Y después se sumó Ezequiel (Corbo), mi novio. Estuvimos unos días todos juntos y luego mi papá se trajo a mis hijos para acá, que se iban con su papá de vacaciones, y yo me quedé con mi novio, por lo cual me quedé como 20 días ahí, ¡rarísimo!, porque realmente no soy de vacacionar tanto. Así que estuvo bueno.

De representante a novio: una historia de amor con 20 años de "previa"
–A Ezequiel le decís "mi novio". ¿Hace cuánto estás con él? Sé que hubo idas y vueltas...
–Hace un año que estamos juntos, pero nos conocemos hace veinte. En realidad él fue mi representante durante una década.
–O sea, te conoce demasiado.
–Mucho, sí. "Demasiado" es la palabra perfecta. Los dos nos conocemos mucho y desde otra perspectiva. Es la primera vez que me pasa algo con alguien que conozco hace tanto tiempo (piensa un instante)... Igual, sí, hace unos años nos pasó que tuvimos como una "primera temporada", pero era rarísimo porque nunca me había pasado enamorarme de alguien que para mí era tan importante, porque él me guio, me acompañó y me ayudó en todos mis años de más laburo. Era la persona con la que yo hablaba de todo y en la que confiaba ciegamente. ¡Y de repente descubrimos que nos pasaba algo!

–¿Quién dio el primer paso?
–Se fue dando, pero un poquito él (sonríe divertida). Me pareció loquísimo porque ya teníamos un vínculo de muchos años. Trabajamos mucho, viajamos juntos, cenamos, merendamos... miles de cosas que te hacen pensar: "¿Y dónde estaba todo esto?".
–Cuando se descubrieron, ¿el amor fluyó de una?
–Digamos que esa primera temporada fue medio fallida, hasta que nos reencontramos hace un año y pico. Igual, nunca habíamos perdido el contacto.
–Pero ya había pasado a ser un ex...
–Claro, ya era ex. Me re costó eso, eh, porque con un ex te separás y hacés el laburo que hay que hacer para olvidarte. Pero él de pronto me faltaba en el universo del laburo, ¡que es mi vida la verdad! Lo re extrañé en ese sentido. Me faltaba esa persona en la que yo siempre confié. Así que retomamos el vínculo justamente por los años que hacía que nos conocíamos, y así terminamos juntos otra vez, pero ya reencontrados en otra instancia de la vida... y eso estuvo bueno.
–¿Eran mucho más chicos antes?
–Y, mirá, yo voy a cumplir 49 años, y la primera temporada fue hace como siete años, ¡un montón!, y en el medio pasó de todo.

–Qué tema ese lapso, porque por tu profesión quizás tus amores intermedios fueron más públicos que los de él.
–Él es bastante reservado, pero de algunas cosas que se le hicieron muy famosas me terminé enterando. Siempre 'pispeaba' en qué andaba. Y lo mío era más público, pero no todo, eh.
–Imagino que tuviste cosas escondidas que nadie se enteró.
–¡Como todos!
–¿Algún romance muy interesante?
–Algunos, algunos... Pero no es necesario que se sepan (mira pícara).

La edad como estado de ánimo y el fin de los prejuicios
–Recién resaltabas que estás por cumplir 49 años... ¿Cómo te pega acercarte a los 50?
–Es raro. ¡Hay algo que está mal! (risas). Obviamente lo siento, sobre todo en el cuerpo y en la imagen que me devuelve el espejo, pero no me siento vieja. O sea, emocionalmente no siento que sea una señora grande. No me pasa eso. ¿Viste que de chiquitos todos decíamos "ay, yo pensaba que mi mamá a los 40 ó a los 50 era re vieja"?, es como que llegás a la edad y decís: "Ah, no soy vieja". Mi viejo tenía una frase que decía siempre: "La edad es un estado de ánimo". Yo a los treinta y pico llegué a sentir que era una vieja decrépita. En los puerperios, básicamente, cuando te arrastrás por el piso. Y me parece que no tiene que ver con la edad, sino con cómo estás adentro, qué te está pasando en la vida y las decisiones que vas tomando.
–¿Y ahora cómo te sentís?
–Ahora me siento muy bien. Estoy contenta con este año y con la posibilidad de volver al escenario porque hacer teatro me parece hermoso.

Entre las tablas y la vida real: "Soy la mami que nunca sabe lo que hay que llevar"
–¿Hace cuánto no actuabas?
–No hace tanto. En realidad me resucitaron con El divorcio: fue hermoso, pero hacía como 10 años que no me subía a un escenario. ¡Ni yo me acordaba de que era actriz! Me costó un montón y me dio mucho pánico decir que sí, pero fue genial. Y pasé dos años haciendo dos años teatro, algo alucinante porque el escenario es vida.
–¿Te gusta la conexión en vivo con el público?
–Sí. Me vuelve loca. Es como energía intravenosa, una adrenalina única. A mí me gusta el vivo, el ahora, que es algo que también me pasa en la tele, y el escenario tiene eso todo el tiempo. Y lo que va a pasar con El chat de mamis va a ser buenísimo porque el grupo que armó Ezequiel es fabuloso. Somos una ensalada de ingredientes increíbles.
–¿Tenés alguna íntima dentro del grupo?
–Con Mica Riera ya laburé. Con Berenice Gandullo hicimos una miniserie que nunca vio la luz en ningún lado... ¡y encima yo era protagonista!, una tremenda pena. Y también están Lionel Arostegui, Euge Tobal, Manuela Pal –no la conocía y es un personaje maravilloso– y Karina Hernández. Marcelo Caballero en la dirección es un genio que se está volviendo loco con todas nosotras gritando.

–Es una mezcla de edades y de personalidades total.
–Re. De hecho, no todas son mamis, pero hay muchas ganas y mucha energía. Además está pasando algo en las redes y en la vida porque el chat de mamis es jugosísimo, siempre da contenido, y eso llevado al escenario creo que va a estar buenísimo.
–¿Qué rol tenés vos dentro de los chats de mamis de verdad que tenés de tus hijos, de Mora y de Facu?
–Yo soy muy parecida a mi personaje, a Nuria, aunque ella es más responsable la verdad. Nunca sabe lo que hay que llevar, no se acuerda cuándo son los actos. Tengo madres estratégicas amigas a las que les pido ayuda por privado. O sea, trato de no exponerme en el chat, pero medio que ya me conocen. Igualmente, creo que armar red es la única forma de ser madre y sobrevivir a los laburos.
La culpa, la terapia y el colapso: "Volví a laburar a 15 días de parir"
–¿"Sobrevivir a los laburos"?, explayemos esto.
–Sí. Yo desde que soy mamá laburé en todos los horarios habidos y por haber, y siempre me pasa que a la salida de uno o a la entrada del otro la red colabora siempre. Yo voy a dejar uno de pijama y vuelvo vestida toda montada, es como si fuera dos madres distintas.

–¿Cómo se llevan tus hijos con la fama, con esto de que mamá aparece con un look y vuelve con otro?
–Y... nacieron así. Mientras yo estaba embarazada de Morita hacía La cena de los tontos en teatro y conducía Este es el show y El casting de la tele. Nació prácticamente en un estudio de televisión. Nació ella y a los diez días yo ya estaba saliendo al aire.
–Un montón.
–Sí. Si lo pienso ahora lo fue. ¡Y así quedé!, llegó un día en que terminé mandando a todos bien lejos. Pero también yo misma me exigí con una cantidad de trabajo que fue imposible de sostener.
–Te llevaste al límite sola, de alguna manera.
–La verdad es que sí. Y a las pocas personas que me dijeron "che, tomate un tiempo", no las escuché. La partera me sugirió un mes y le dije: "No, yo a los 15 días ya estoy". Volví a laburar a los 15 días y era imposible... Claramente no respeté nada de lo que me estaba pasando. Igual, aclaremos que yo era la que sostenía la casa y no tenía licencia por maternidad. Laburaba porque si no laburaba, no comíamos. Cuando colapsé y dejé de trabajar no me importó nada: si nos endeudábamos o no comíamos más, ¡no me importaba! O sea, yo me lleve a esa situación, pero el entorno no me sostenía. Eso es algo que yo me digo mucho: que hice lo que pude. Es que con el tiempo también hay que perdonarse, si no todo es castigo. O sea, yo no quería tirar mi carrera a la basura.

–¿Sentiste esto, que tirabas tu carrera a la basura?
–En ese momento no. Pero todas esas situaciones tuvieron consecuencias en mi carrera... (Hace un silencio) Fue difícil volver a laburar. Pero tomé las decisiones que pude como pude. Y muy sola.
–¿Solés reveer el pasado?
–¡Ay sí!, tuve mucha terapia. Pasa que mi laburo es mi vida, es quién soy, porque hago lo que me gusta... y eso lo entendí después de mucho tiempo. Entonces entender que las decisiones que tomé que quizás no fueron beneficiosas me llevaron mucho tiempo de terapia, de estar angustiada y de sentir que había hecho las cosas mal. Y todo eso hay que repasarlo para poder sanarlo y sacarse las culpas, porque si no, no se puede vivir.
–Imagino que también pusiste en la balanza las cosas que hiciste bien.
–Desde ya. Siento que no cambiaría nada, porque cada cosa fue cómo sentí en el momento que tenía que ser. Pero cada situación tuvo sus consecuencias y hubo que bancarlas.

Entre el streaming, la televisión y "los trolls"
–¿Y el presente cómo te encuentra?
–Me encuentra muy bien. Tengo muchas ganas de volver a la tele, a conducir, porque los últimos dos años fueron medio extraños en ese sentido. Hice Noche de mente, un programa precioso en la TV Pública. Me gustaría volver porque me encanta la conducción y la comunicación. El año pasado también me animé al streaming, y me pareció genial.
–Sos de las pocas de tu generación que se atrevieron al cambio de formato.
–¡Y me encantó! El streaming es lo que yo hacía en Call TV: hablar sin parar frente a una cámara en comunicación con la gente que está del otro lado. Me parece espectacular porque combina todo lo que me gusta: el vivo, lo que sucede espontáneamente, y el ida y vuelta relajado con la gente.

–Y el año pasado también estuviste con Ángel de Brito.
–¡Eso fue una carrera universitaria! Pasé por un día y me quedé cinco meses al lado de él. Alucinante. Además, algo que hablo mucho ahora con mis compañeras es que hasta que vos no te metés en un programa de espectáculos no entendés cómo funciona. Te da miedo o te enojás. O sea, a mí me pasó de pasarla muy mal con lo que dije o no dije, y con que todo el mundo hable de vos y sea un bajón. Pero cuando te vas metiendo ahí adentro decís: "Ah, nada es grave". Entendés que si alguien dice algo de vos es porque le toca hacer de mala ese día. Si vos te tomás a pecho lo que dice de vos cada panelista no podes sostenerlo.
–Es que ser un personaje público es muy difícil.
–¡Muy! Si están hablando de vos todo el tiempo, cuando vos no querés que hablen, y lo sufrís, es un bajón.
–Pasa que es muy complicado no tomárselo personal.
–Sí. Bueno, lo mismo pasa con las redes sociales. Si entrás a leer todo el hate, te pegás un corchazo.
–¿Con qué cosas de las redes sufrís vos?
–Mmm... hace mucho que no la paso mal con eso. Lo que más me pueden llegar a decir últimamente es "teñite, vieja", esas cosas. Pero no me estresan en lo más mínimo. Igual es cierto que si recibís 50 mensajes lindos y uno feo, te quedás en el feo. Eso es así.
–¿Borrás comentarios?
–No. Bah. Alguna vez puede ser. Capaz me pasa que mi mamá se pone a contestarles... "vos porque no escuchaste lo que ella dijo". ¡Amo a mi vieja!, es espectacular.

–¿Y tu hija adolescente también te defiende en redes?
–¡Sí! Me pasaba que en Bondi subían reels con millones de visualizaciones y yo ni me metía a ver los comentarios hasta que alguien me dijo: "Te están matando en los comentarios". Entré a ver y estaban mi hija y todas sus amigas respondiendo. ¡Tengo mis propios trolls que me defienden! Entiendo que debe ser difícil para ella sentir que atacan a su mamá, o para mi vieja sentir que atacan a su hija.
"Me saqué un peso de encima": la decisión de reducirse las lolas
–Si bien se te ve bárbara, sé que tuviste una operación hace muy poquito.
–¡Sí! Hace dos meses y pico. A fines del año pasado me achiqué las lolas. Es algo que pensé que no iba a hacer nunca en mi vida, pero la primera vez que fui a averiguar a un cirujano tenía 22 años.
–Lo deseaste un montón. ¿Por qué ahora?
–En su momento no me animé. Me daba mucho miedo no poder amamantar... ¡porque toda la vida quise ser madre! Así que lo pospuse. Y después bailé, entré en la tele y las hice facturar porque no tenía un problema con mi cuerpo. Lo que sí tenía eran problemas físicos porque me dolían el cuello y la espalda de bancar todo lo que tenía. Era difícil vestirme, el vestido de fiesta, la bikini...

–Con tantas fotos que hiciste, pocos imaginaban que vos en el fondo pensabas en eliminar esa imagen, ¿por qué decidiste operarte ahora?
–Porque el año pasado estuve con unos problemas de salud: anemia, problemas hormonales... y en un momento me puse un DIU y el cuerpo me explotó. Me creció todo y colapsé. Decidí que esto (se señala las lolas) tenía que volar de mi cuerpo. Así que fui a ver un cirujano y me operé. Tomé en un día una decisión con la que había fantaseado miles de veces.
–¿Y cómo es hoy verte frente al espejo?
–¡Espectacular! Estoy muy feliz. Me daba mucho miedo el tema de la cicatriz, pero es mucho mayor la satisfacción de verme y sentirme cómoda y pudiendo empezar a pensar en hacer deportes que antes no podía.
–¿Como cuáles?
–Correr. Yo nunca en mi vida corrí. De hecho, el año pasado, cuando quise empezar a mover un poco más el cuerpo, tuve unos problemas de cervicales tremendos que me frenaron. Ahora me siento libre para moverme, incluso para bailar. Si bien bailé mucho con el cuerpo que tenía antes, hoy sucede algo distinto porque hay otra comodidad, otra relajación y otro peso. Así que estoy re contenta.

–¿Tenés alguna otra operación postergada desde los 20?
–No, no. De hecho yo nunca fui fan de las cirugías. No soy de hacerme cosas tampoco en la cara; no siento que las necesite. Lo único que me molesta es mi ceño fruncido, pero más que nada porque sé que se me genera por tensiones o preocupaciones. ¡No es de reírme! Me molesta lo que significa. Así que trato de cuidarme la carita, porque con el resto del cuerpo soy bastante vaga.
–Igual estás muy bien.
–Sí, pero ahora que estoy "nueva" le voy a entrar al gimnasio. Aparte dicen que a esta edad hay que hacer ejercicio por los músculos y todo eso, así que tengo ganas de eso y de volver a bailar.
–Sin ir más lejos, en tu perfil de Instagram escribiste "conductora, actriz y siempre bailarina".
–Siempre. Aunque no ejerza. Pasa que bailar es lo que más me gusta hacer en la vida.
–¿Qué bailás?
–Ahora bailo Bad Bunny, ¡cualquier cosa!, y lo haga sola en casa. Pero siempre estoy buscando un espacio de expresión que me represente.
–¿Pensaste en dar clases en algún momento?
–(Se sorprende) No, no me veo, pero sí tendría un espacio artístico donde sucedan otras cosas. Eso es algo que empecé a proyectar el año pasado.

–¿Qué características tendría ese espacio?
–De todo un poco. Seguramente algo relacionado con el movimiento libre y no tanto con la coreografía.
–¿Un espacio con tu nombre?
–No, no. Pero mecharía algo más espiritual también porque tengo unas socias para eso. Igual siento que es un proyecto para cuando sea "vieja de verdad". Dentro de unos veinte años.
–Tu plan para los 70.
–Sí. Y lo imagino vinculado a la espiritualidad y al yoga.
–¿No va a tener actuación?
–No imagino eso la verdad. Le tengo que dar forma igual.
–¿A los 80 te imaginás trabajando frente a las cámaras?
–En principio pienso que no, pero quién sabe. La ves a Moria Casán, que está espléndida, y ojalá uno llegue a esa edad con ese nivel de plenitud y con esas ganas. Lo mismo Mirtha Legrand; yo no me imagino trabajando al ritmo de ella, pero sí sintiéndome plena. Mi deseo fundamental es llegar a los 80 haciendo lo que tenga ganas; no laburando porque no me queda otra. ¡Eso no quiero ni pensarlo! Que lo que sea, sea lo que tengo ganas.

Fotos: Diego García
Video: Ramiro Palais
Edición de video: Martina Cretella
Retoque digital: Roshi Solano
Producción y estilismo: Lucila Subiza (@lucilasubiza)
Make up y pelo: Sole Vergara (@solevergaraok)
Carla está vestida por @prussia_moda con accesorios de @divinosabalorios
Agradecemos a Anto Santecchia y Soy Prensa

