A los 33 años, Lola Indigo ya es toda una amiga de Buenos Aires, ya que la cantante no viene de visita sólo por sus shows. Sin ir más lejos, este enero 2026 estuvo disfrutando "un verano argentino infinito" en Pinamar como una argentina más y escuchando cumbia.
Y en tal ir y venir, la estrella española logra ver magia en rincones que para los porteños son parte del paisaje cotidiano. Lo mismo ocurrió este fin de semana, cuando Lola puso el foco en un sector de la Ciudad de Buenos Aires que refleja una faceta intensa y particular de la identidad local.

La cantante compartió en su cuenta de Instagram -donde la siguen más de dos millones y medio de personas- tres fotos que muestran el santuario del Gauchito Gil lleno de color y ofrendas. Y las imágenes, cargadas de rojo furioso, velas y simbolismo, despertaron la curiosidad de sus seguidores: ¿dónde queda ese rincón de CABA que cautivó a la española?

Coordenadas: dónde encontrarlo
El lugar no está en una ruta alejada, sino en el corazón de la Chacarita. Se encuentra específicamente en el perímetro del Parque Los Andes, uno de los pulmones verdes más tradicionales de la ciudad.
Para encontrar el punto exacto donde estuvo Lola, hay que caminar por la vereda de la calle Guzmán, casi llegando a Concepción Arenal, y alzar la vista: es inconfundible. Construido al pie de un árbol añoso que le sirve de columna vertebral, el altar funciona como una pequeña "casita" sagrada a la intemperie.

Un suelo cargado de historia (y fantasmas)
Lo que quizás Lola Indigo no sabía al sacar las fotos es que ese suelo tiene una carga energética única y un pasado oscuro porque el Parque Los Andes no fue siempre un lugar de esparcimiento.
En 1871, durante la epidemia de fiebre amarilla que azotó a Buenos Aires y diezmó a la población, ese predio funcionó como el Cementerio de la Chacarita Vieja. Allí se enterró de urgencia a miles de víctimas de la peste. Años más tarde, aquel cementerio fue clausurado y los cuerpos trasladados a la actual necrópolis (ubicada enfrente), pero el mito urbano sostiene que la energía del lugar quedó grabada para siempre en la tierra.
Sangre, devoción y estética pop
El altar de Chacarita, que siempre está rodeado de cintas rojas, banderas, velas encendidas, cigarrillos y botellas de vino, venera a Antonio Mamerto Gil Núñez, el gaucho correntino del siglo XIX al que le dejan esas ofrendas.

La leyenda popular lo describe como un "Robin Hood criollo": un desertor del ejército que les robaba a los ricos para ayudar a los pobres y que, antes de ser ejecutado injustamente, prometió volver en forma de milagros. Se dice que su color, el rojo punzó, simboliza la sangre derramada y la pasión de sus seguidores.
Para el ojo extranjero, desacostumbrado a ver altares en la vía pública en los que se le ofrece tabaco y alcohol a un santo, la escena resulta magnética. Es que el santuario del Gauchito es un estallido de color y un caos de pedidos desesperados y agradecimientos escritos a mano.
Esa estética cruda y visceral fue la que capturó Lola Indigo, demostrando que, a veces, los tesoros más fotogénicos de Buenos Aires están escondidos a la vista de todos, en la base de un árbol cualquiera.
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