Si hay alguien que hoy tiene la atención del planeta entero, es Benito Antonio Martínez Ocasio (31), mil veces más conocido como Bad Bunny. El puertorriqueño viene de protagonizar, hace apenas 96 horas, el espectáculo más visto de la televisión mundial: un Halftime Show del Super Bowl que reivindicó sus raíces latinas ante millones de espectadores. Y ahora, mientras se prepara para brindar tres fechas históricas en el estadio River Plate (el 13, 14 y 15 de febrero), el cantante y compositor decidió bajar los decibeles de la manera más porteña posible: con vino y buena comida.
Anoche, a las 22:50, la calle Grecia del barrio de Núñez fue testigo de un operativo de seguridad atípico. Es que Benito decidió ir a cenar a NESS, el restaurante de cocina de fuegos comandado por el chef Leo Lanussol que fue reconocido recientemente con el puesto 64 de los Latin America’s 50 Best Restaurants.

Así fue la llegada del "Conejo Malo"
Lejos de los colores estridentes y de los brillos del escenario, Benito llegó en "modo incógnito".
Atravesó la puerta camuflando su identidad con una gorra, una capucha, lentes oscuros y un pañuelo que cubría gran parte de su rostro. Un "disfraz" que pensó lo ayudaría a pasar desapercibido, aunque la atípica seguridad en la puerta delataba que adentro no estaba cenando un vecino más.

Eso sí, una vez acomodado en el salón, se relajó. Se mostró amable, charlatán y de buen humor, e incluso hizo chistes con el equipo de servicio.
"Sacame esto que es un vicio"
En NESS, la cocina a leña y el producto estacional son ley, y la experiencia de Bad Bunny comenzó con una batalla perdida contra la panera.
Leo Lanussol, chef y dueño del lugar, le cuenta a GENTE entre risas que el pan a las brasas, un clásico del lugar, doblegó la voluntad del artista apenas se sentó. "Le dimos uno, le trajimos el otro, comió la mitad... Y ahí dijo: '¡Sacame esto que esto es vicio!'". Él nunca había probado el pan quemado a las brasas.

Ya con el apetito abierto, llegó el turno de las entradas, donde se produjo una confesión inesperada con los chipirones con calahorra y huancaína negra. "Comió el chipirón y nos dijo: 'Mirá, toda la vida me dieron morrón y nunca me gustó. No sé qué le hicieron a este, pero cuando lo vi dije ‘uy, no me va a gustar’… ¡Y me encantó!'", relata el chef, todavía sorprendido por haber logrado que la estrella se reconciliara con un ingrediente que detestaba.

El banquete de fuegos continuó con principales contundentes como el cerdo con chili crisp y un arroz cremoso con queso Lincoln y brócoli, platos que terminaron de preparar el paladar para el gran final.
El postre que se fue al hotel
El momento culmine llegó con el cierre dulce: el famoso flan de halva (una pasta de sésamo dulce típica de Medio Oriente). Eso sí, al principio, Benito dudó. "Cuando apareció el flan, le llevamos dos, nos dijo: 'Uy, es un montón, y yo no como mucho dulce'", memora Lanussol.


Sin embargo, bastó la primera cucharada para cambiar de opinión radicalmente. "Cuando empezó a comerlo, comentó: 'Ah, no, ¡quiero comer otro!'. Y le ofrecimos: '¿Querés llevarte?'. Y nos contestó: 'Sí, ¿puedo llevarme dos al hotel?'". Y así fue: el postre de Núñez terminó viajando en la camioneta blindada rumbo a la suite del ídolo.
Pasada la medianoche, con dos botellas de vino (una botella de Mainqué y una de Finca Las Carreras) y dos flanes empaquetados, Bad Bunny se retiró dejando una estela de anécdotas en el equipo de NESS.
Una pausa gourmet necesaria antes de volver a ponerse el traje de ídolo y hacer vibrar al Monumental.
Fotos: Gentileza NESS
Agradecemos a Luli Servidio
Mirá También

