La relación comenzó a gestarse dos meses después del nacimiento de GENTE, y dio sus frutos en enero del siguiente año.
De un lado, Ramón Bautista Ortega, tucumano, 24 años e indiscutido e impactante suceso nacional de la música, al comienzo de su apogeo. Del otro, Evangelina Yolanda Salazar, bonaerense, 19, prominente actriz de su generación (incluso -pocos meses luego- ganadora del Festival de San Sebastián). En medio de ambos: el amor. Tanto amor que nuestro flamante revista -tan joven como el romance en cuestión- resolvió que la primera de las tapas relacionadas a ellos no fuera él, sino ella declarando: ”Yo soy la novia de Palito”.
Una inolvidable doble historia atesorada en el archivo de Editorial Atlántida y relacionada al compromiso mutuo que ahora, cuando Palito cumple el 85º aniversario de vida, nos invita a celebrarlo de una manera distinta: contando la maravillosa circunstancia que terminó con aquel anuncio -que ahora detallaremos- de la mujer que lo acompañaría el resto de su existencia.

Las páginas color sepia , en este caso de le edición 25 de GENTE, del 13/1/1966, anunciaba con bombos, guitarras y platillos una primicia nacional: "Se conocieron en el mes de septiembre pasado. Ella casi no sabía nada de él, no le interesaba. En la misma filmación de Mi primera novia comenzaron a jugar al marido y mujer. Ahora son novios, pero no están comprometidos, y en 1967 se casarán. Evangelina casi no quiere hablar del noviazgo ('la promoción y publicidad le quita la autenticidad que tiene'), pero cuando comienza a hablar de Palito Ortega -admite- 'estaría días enteros'".
Acto seguido, desde Mar del Plata, primero con el Hotel Provincial de fondo, y luego desde una carpa que cobijaba a Evangelina, el periodista y el fotógrafo de GENTE (no se consignan quiénes eran ellos), iniciaban una inolvidable nota que avanzaba de la siguiente manera:

"'Lo nuestro es demasiado auténtico, es verdadero. Es un amor tan hermoso y tan grande que cualquier intento de promoción lo perjudica... lo vulgariza'.
Evangelina Salazar reitera sus afirmaciones con un mohín como de fastidio: 'No quiero reportaje: las cosas del corazón no se promocionan'.
Pero el reportaje se hace. GENTE y la Actualidad está en Bolívar 1247, Mar del Plata, el domingo a las 11:30. Es la casa de Evangelina. Ella llega a nuestro encuentro manteniendo su prevención:
-Soy la novia de Palito, pero la gente puede creer que todo es publicidad. Es bueno que ustedes sepan que todo esto es profundo y verdadero. A mí me da miedo que se conozca. Recién acabo de hablar con él a Buenos Aires. Y me autorizó a anunciarlo.
Evangelina puso en marcha su Renault. La acompañamos. Cuadras y cuadras a escasa velocidad; siempre en segunda. Al llegar a la Bristol bajamos. La gente la reconoce. No tanto por la novia de Palito Ortega ni por Evangelina Salazar sino por Betina. Sí, Betina, la de la famosa telenovela El amor tiene cara de mujer. Niñas y mujeres dialogan con ella. 'Usted sale igual por la televisión'. 'Mirá, mamá, personalmente es más joven todavÍa'. Evangelina pregunta amablemente a unas y a otras ('¿así que son de Mendoza?; ¿les gusta Mar del Plata?'). Mientras tanto nuestro fotógrafo trabaja. Ella aclara: 'Saque todas las fotos que quiera; esta vez Palito me autorizó'.

Una imprevista lluvia nos obliga a continuar el diálogo bajo una сагра -avanzaba la cobertura.
-Yo nunca le había prestado atención a la nueva ola ni me interesaba Palito Ortega. Si lo escuchaba era por pura casualidad. Lo conocí en la filmación de Mi primera novia. Al principio ni hablamos. Sólo trabajábamos. Yo ya había tenido un novio: fue cuando trabajé en Las amorosas. Las revistas decían que era Norberto Suárez: pero estaban equivocadas. Norberto sólo era un compañero de trabajo. Ni novio era otro. Después llegó Palito. Casi no hablaba: era muy reservado y costaba llegar hasta él.
Evangelina quiere seguir hablando sin tener en cuenta nuestras interrupciones y preguntas. El tema le entusiasma. Máxime ahora que Palito le dio permiso para hablar. Ella lo hace, pero como liberándose de una vieja carga opresiva.
-¿Le molesta cuando creen que se está promocionando?
-Es lo que decía antes, pero ignoro a los que me hacen chistes. No me importa nada cuando estoy hablando de Palito o estoy con él.
-¿Qué diría en este momento?
-¡Que venga urgente!

-¿Cómo cree ser?
-Una chica común. Me gusta la vida organizada, la vida familiar, mis padres, mi hermano. Ellos me controlan todo. Tengo muchos amigos fuera del ambiente. Soy tímida, pero me estoy liberando. Y soy sensible al máximo y también triste, porque me tomo todo muy a pecho. No tengo problemas, me los creo.
-¿Y Palito?
-Es un chico simple, sin ninguna clase de mareos. Es el chico que siempre me gustó tener a mi lado… ¡Tiene tantas cosas lindas! Es observador, mira todo, se da cuenta de todo, pero habla poco y con exactitud. Tiene un valor extraordinariamente humano, condiciones innatas, tantas cosas lindas… y ahora no sé qué decir, pero me pasaría días enteros hablando de él.
-Antes dijo que lo desconocía casi, ¿y ahora?
-Lo admiro en todo, hasta como artista. Me paso las horas escuchando sus discos, leyendo sus poemas, que son auténticos, que son él, que son sus verdades, porque en el fondo Palo es un chico, pese a sus veinticuatro años.
-¿Es celosa con Palito?
-Usted sabe que no; es raro, ¿no? Pero es tanta la confianza que le tengo que le creo todo, y él me cuenta todo. Así que cómo le voy a desconfiar o celar.

-¿La conoce a Marta González? -comenzaba la cuenta regresiva de aquel inolvidable reportaje.
-Con Martita empezamos juntas. Ella me lleva un año, pero yo parezco mucho menor a su lado, ¿verdad? Siempre la quise mucho; de todas mis compañeras era mi gran amiga.
-¿Y ahora?
-Más que antes. Ella me dijo hace muy poco que se alegraba por Palito, y yo sé que es sincera, porque me conoce, porque fue y sigue siendo mi gran amiga.
-¿Se comprometieron?
-Se dijo que fue en Nochebuena, pero no, no me comprometí. Aunque el último 24 sí fue el más feliz de mi vida. Palo estuvo conmigo, estuvo con mi familia. La noche de los 24 de diciembre, pese a compartirla con mis padres, siempre me sentía solitaria. Pero esta noche no: fue completa.
-Y el casamiento, ¿para cuándo? -preguntaba GENTE para coronar la primicia.
-Hasta fines del '66 nada, porque yo tengo contratos firmados que no puedo dejar. Pero no me costaría dejar lo artístico. Me gusta la vida de casa, de hogar, con muchos chicos, con Palito, porque a él tampoco le gusta que yo trabaje una vez que nos casemos. Quiere trabajar él solo y yo, que haga una película o algo muy importante cuando realmente lo sea… Se da cuenta cómo nos comprendemos. Si así fue toda mi vida junto a mis padres, si Dios quiere a partir de 1967 será junto a Palo.
Fotos: Archivo Atlántida
Búsqueda de imágenes, escaneo y arte: Gustavo Ramírez
Portada: Roshi Solano






